Trump, la gran amenaza contra la democracia

Faltan 38 días para los comicios presidenciales en Estados Unidos y las cosas se complican para los candidatos y para los electores por una serie de factores colaterales: la crisis económica, la creciente violencia contra los afroamericanos, la pandemia e incluso la muerte de la juez Ruth Bader Ginsburg. Si bien los sondeos favorecen a Joe Biden, eso no significa que los electores consideren al demócrata el mejor candidato, sino como la alternativa para acabar con Donald Trump, ampliamente repudiado, según las encuestas.

WASHINGTON.– El futuro de la democracia de Estados Unidos –país con una sociedad dividida racialmente, gravemente afectado actualmente por la pandemia y en crisis económica– se ve amenazado por la posición inamovible de Donald Trump de no aceptar un resultado electoral que le sea adverso.

A menos de 40 días de las elecciones del 3 de noviembre y en el preámbulo del primer debate entre Trump y el candidato demócrata Joe Biden, la zozobra por los comicios se magnifica por la posible suspensión de una transición democrática ordenada.

“Vamos a ver qué pasa, será una continuidad de mandato”, dijo Trump el miércoles 23 en la Casa Blanca al ser cuestionado sobre si concedería el poder al exvicepresidente Biden si éste resulta triunfador en los comicios.

La terquedad de Trump de mantenerse en la Casa Blanca por encima de la voluntad del electorado se deriva de la muerte de la juez Ruth Bader Ginsburg, integrante de la Suprema Corte de Justicia (SCJ), un hecho inesperado que trastoca el proceso electoral.

La magistrada de 87 años que sucumbió al cáncer el viernes 18 deja una vacante en la SCJ, que tiene nueve lugares. Constitucionalmente, le corresponde a Trump proponer a quien suplirá a Bader Ginsburg.

La definición ideológica de la Suprema Corte es ahora más que nunca fundamental para solucionar una crisis electoral generada por una eventual negativa de Trump a aceptar los resultados de los comicios si él no resulta vencedor.

La pandemia cambió el procedimiento del proceso electoral de noviembre. La recomendación sanitaria de las autoridades federales a los votantes es evitar asistir a los centros de votación para evitar el contagio y sufragar mediante el servicio postal.

Las leyes electorales de Estados Unidos permiten a sus ciudadanos utilizar el servicio postal para votar desde octubre sin tener que presentarse a las urnas. Se prevé que este mecanismo será el más utilizado.

Los estadunidenses tienen también la alternativa de sufragar vía internet mediante las llamadas “boletas de votación ausentes”, sistema que, según Trump, será objeto de manipulación en su contra junto con la votación postal.

La apuesta de Trump

Hasta ahora las encuestas, instituciones académicas, firmas especializadas en temas electorales y los medios de Estados Unidos favorecen a Biden.

Es factible que la mayoría de los electores sufrague por correo electrónico y servicio postal, aun cuando el conteo de votos sea más lento, por lo que se habla ya de que el resultado difícilmente se conocerá la noche del 3 de noviembre.

Los expertos en materia electoral calculan que el único escenario con el que se evitaría la crisis electoral, en caso de adversidad para Trump, sería una victoria de Biden con un amplio margen de ventaja en el Colegio Electoral.

Para ganar la presidencia de Estados Unidos un candidato necesita 270 de los 538 votos del Colegio Electoral, repartidos entre los 50 estados que integran al país y definidos por los 435 distritos representados ante el Congreso federal, más la capital del país (con tres votos).

Por ahora los sondeos vaticinan una elección cerrada, lo que ha hecho que Trump atice y promueva su teoría de que será víctima del “mayor fraude electoral en la historia de Estados Unidos”, como repite en casi todos sus actos de proselitismo.

El retraso del conteo de los votos por los efectos de la pandemia en la conducción de la elección y las denuncias de Trump –con o sin fundamento– crearían una insolvencia constitucional similar a la jornada de noviembre de 2000. En esos comicios altamente cerrados entre el republicano George W. Bush y el demócrata Al Gore, el Comité Federal Electoral ordenó el recuento de votos de Florida, entidad donde no se habían contado las boletas de votación en ausencia.

La lentitud del proceso de recuento de sufragios y las denuncias de ambos candidatos sobre la manipulación del proceso forzaron al Comité Federal Electoral a responsabilizar de la solución del proceso a la SCJ, una de las avenidas constitucionales para un caso como ese; un hecho inusual.

En una votación que terminó con cinco votos a favor de Bush y cuatro para Gore, el 12 de diciembre de 2000 –tres días después de haber ordenado parar el conteo de los votos en Florida–, la SCJ puso fin a la crisis en un acto que se consideró manipulado por intereses partidistas.

Los nueve magistrados de la SCJ intervinieron raudamente para solucionar el impasse al darse a conocer que el Comité Federal Electoral anunció que el 18 de diciembre de ese 2000 el Colegio Electoral se reuniría para emitir su fallo para determinar al vencedor.

El presidente Trump apuesta a una crisis similar a la de 2000 si las elecciones no le son favorables, de ahí su decisión de atender con premura al reemplazo de Ginsburg en la SCJ para que el Senado federal, dominado por los republicanos, ratifique a la nueva magistrada antes del 3 de noviembre.

Al cierre de esta edición, Trump estaba por determinar entre las jueces federales Amy Coney Berret y Barbara Lagoa a la sustituta de Ginsburg. La segunda se perfila como la favorita.

Rumbo al primer debate

El inesperado fallecimiento de Ginsburg y el hecho de que los republicanos dominan el Senado facilitaron a Trump la composición de la SCJ con seis magistrados conservadores; es decir, afines a su partido, y tres liberales proclives a los demócratas.

La descomposición social generada por los recientes incidentes de violencia extrema por parte de policías blancos contra las minorías étnicas, en especial la afroamericana, son otro componente que juega contra la aspiración electoral de Trump.

Esto, sumado a los efectos de la pandemia en materia de salud pública y economía, es el polvorín electoral que explotará en votos el 3 de noviembre para definir al próximo presidente de Estados Unidos.

La primera gran prueba de fuego sobre estos temas ocurrirá el martes 29 con la celebración del primer debate entre Trump y Biden, en el que el exvicepresidente llega con la ventaja que le marcan las encuestas.

De entre los 50 estados, seis son considerados definitorios en las elecciones presidenciales; en 2016 esas entidades entregaron sus votos del Colegio Electoral a Trump, quien se impuso a la demócrata Hillary Clinton.

Al cierre de esta edición, Political Polls, una agrupación cibernética dedicada a recolectar y divulgar los sondeos sobre la elección presidencial de noviembre, aseguraba que Biden iba al frente en los seis estados clave para los comicios.

Retomando el resultado de la encuesta realizada por la firma Survey Monkey, realizada del martes 1 al lunes 21, Political Polls destacó que en Minnesota 56% de la tendencia electoral estaba con Biden y 42% con Trump.

En Michigan los electores favorecen al candidato demócrata con 53% de apoyo frente al 43% para Trump; en este mismo orden el resultado de la encuesta en Carolina del Norte era de 53-44; en Pensilvania, 52-45; en Florida, 52-45, y en Wisconsin, 51-46.

Para el debate de este martes 29 el Comité Federal Electoral dio a conocer los temas sobre los que serán interrogados Biden y Trump: historial político de cada uno, la Corte Suprema, covid-19, economía, división racial, violencia policial y la integridad de la elección.

En papel, los temas ponen en desventaja a Trump por la posición que tiene el presidente en temas fundamentales, como la crisis de salud por covid-19, la crisis económica, la integración de la SCJ y, lo más delicado, su negativa a aceptar un resultado electoral adverso.

La molestia nacional por la división racial y los hechos irrefutables de exceso de violencia ante ciudadanos afroamericanos por parte de policías sajones abre la posibilidad de que en los comicios de noviembre aumente la participación ciudadana.

Hace cuatro años no votó 36% de los estadunidenses registrados en el padrón, de acuerdo con las estadísticas del Comité Federal Electoral.

Los votos de rechazo

De acuerdo con los expertos en temas electorales, es factible que la apatía de 2016 se transforme en votos de rechazo a la reelección de Trump por su negativa a condenar el exceso de violencia por parte de policías blancos.

De ser favorables para el Partido Demócrata, los comicios del 3 de noviembre pondrán fin al experimento de la elección de 2016 y no serán necesariamente un reconocimiento a Biden como alternativa.

Según los sondeos, los electores no consideran a Biden el mejor candidato ni la mejor opción, sino la alternativa para acabar con Donald Trump.

La difusión de las declaraciones de Trump a Bob Woodward, periodista y exeditor en jefe del diario The Washington Post, de que con toda intencionalidad minimizó la capacidad de mortandad de la pandemia, provocó descontento entre los electores.

Por las restricciones sanitarias impuestas por el gobierno federal para contener la propagación de la pandemia, la economía de Estados Unidos enfrenta una crisis de gran envergadura, lo que genera una explosión de descontento sin parangón en materia laboral.

La pandemia, que obliga al cierre de empresas y negocios de todo tamaño, se considera factor motriz de que la tasa anualizada de desempleo se ubique en este momento en 8.4%.

The Johns Hopkins University, la institución académica de Estados Unidos que lleva un conteo minucioso de los efectos de covid-19, al cierre de esta edición reportaba 6 millones 941 mil 248 estadunidenses contagiados del virus y 202 mil 170 fallecimientos por esa causa.

En promedio, las encuestas llevadas a cabo sobre la tendencia electoral a nivel nacional para los comicios de noviembre mantienen a Biden con una ventaja de ocho puntos porcentuales por encima de Trump.

El Partido Republicano que cerró filas en torno a la decisión y pedido de Trump de ratificar a su nominada a la SCJ antes de las elecciones presidenciales, expone también el nerviosismo en el Congreso federal por la perspectiva de lo que marcan las encuestas.

El Senado estadunidense compuesto por 100 legisladores está dividido entre 53 republicanos, 45 demócratas y dos independientes, quienes tienden a aliarse contra el partido del presidente Trump.

De esas 100 curules, 35 –23 republicanas y 12 demócratas– estarán en juego en los comicios del 3 de noviembre. Los demócratas necesitan seis puestos más y retener la docena que está sujeta a reelección para convertirse en mayoría.