Tres décadas de rock con “El Haragán”

Heredero de la corriente urbana rupestre de música popular que lideró Rockdrigo González a mediados de los ochenta, el trovador independiente Luis Álvarez, oriundo de Tlalnepantla, Estado de México, conmemora el 30 aniversario con la Compañía, su banda, en confinamiento; en febrero grabó la rola Él no lo mató, en colaboración con Álex Lora, quien representa, junto a Mick Jagger, de los Rolling Stones, su ejemplo a seguir. En entrevista expone su credo artístico: “El rock no es rosa, es rebeldía y libertad”. 

Apostarle al rocanrol para alcanzar el idilio de la inmortalidad es lo que ha fabulado Luis Antonio Martínez Álvarez, director del grupo El Haragán y Compañía durante tres décadas, con 11 producciones discográficas grabadas en estudio, tres álbumes en vivo y recopilaciones que suman más de 7 millones de copias vendidas.

“Lo importante es que tu música trascienda en el público, en la banda. Me aventuré a hacer canciones que duraran y ahora sobreviven después de tres décadas. Esa es la máxima, que tu obra trascienda y que mi familia en 100 años conserve el legado de El Haragán, porque uno le apuesta a ser inmortal”, expresa sin empacho el creador de las rolas Mi muñequita sintética, No estoy muerto, Se le hizo fácil y Él no lo mató.

Bienamado por la banda roquera nacional, debutó en 1987 en el hoy extinto Palacio Chino de las calles de Bucareli, durante un concurso organizado por la revista Tele-Guía. El sobrenombre de El Haragán le fue dado por un tema homónimo en 1987. Tras interpretarla en el Encuentro de Compositores del Estado de México, el locutor del evento, Ricardo Barrón, se confundió e invirtió los títulos de autor y canción:

“Les presento a El Haragán con la canción ‘Luis Álvarez’.”

Relata el músico:

“Cuando empezó el año nuevo 2020 pensé, como muchos, que sería ‘el bueno’ por los números alineados, hasta lo vi de la buena suerte. Pero por el coronavirus se pospuso nuestro festejo número 30 del 19 de abril, y también el de junio 28.”

Y además, el del 17 de septiembre.

Se declara consciente de que lo importante es preservar la salud de sus fans, músicos y staff, por lo que ya habrá tiempo de un festín.

En cuanto a los cambios que se vislumbran para los shows en vivo, reflexiona que “hay cosas que se proponen como los conciertos en automóviles, eso estaba chido cuando era ir al cine y que te llevaban el refresco”; pero cree que a la audiencia que quiere bailar y saltar se le limita:

“Pensar en reducir la capacidad de un auditorio con un asiento sí y otro no, una fila sí y una no, va a ser complicado… aunque sea una forma de poder continuar por las fuentes de trabajo de ingenieros, staff, mánager, etcétera.”

Propone:

“Podemos trabajar a la tercera parte con un esfuerzo múltiple y sacar eventos adelante.”

Tiene pensado participar en las emisiones virtuales del proyecto Reactivación del Entretenimiento y la Música en México (REMM), propuesta realizada por Pepsi Center WTC con las llamadas “agencias de talento”, promotoras y casas productoras para generar beneficios económicos. 

Habla entonces acerca de cómo defender los recursos para los trabajadores de la música y los alerta:

“En especial los rockeros tienen que echarle una ojeada dónde ha rolado nuestra música y cobrar regalías, hasta las digitales, porque hay dineros que les pertenecen. Aunque haya muchas asociaciones, tenemos que hacer un sindicato del rock y músicos independientes para saber de jubilaciones, pensiones, seguro social y gastos médicos.” (Ver https://haraganycia.com.)

El rock es de izquierda

La Compañía de Luis Álvarez El Haragán se ha ido transformando, hasta integrarse actualmente por Jorge Cox Gaitán (violín), Jerónimo García (trombón), Leonel Pérez (violonchelo), Christian Rodríguez (bajo), Gabriel Salazar (sax), Levith Vega (batería) y Francisco Yescas (guitarra). Exalta que el estilo de la banda posee bases sólidas: 

“Me considero un hijo del rock rupestre, aprendí de todos sus miembros, y grabé en 1990 la canción Rock en vivo, de Rockdrigo González, en el álbum acústico eléctrico Ofrenda a Rockdrigo. Tomé la sencillez de lo que brota de su voz e instrumento en una nueva forma de tocar que combiné. Y funcionó.”

El Haragán nació el 25 de diciembre de 1967 en Tlalnepantla, Estado de México. Curiosamente, el tampiqueño Rockdrigo es del mismo día, pero 17 años antes: 1950 (falleció en los sismos de septiembre de 1985). De los muertos de este año recordó al folklorista Óscar Chávez, al metalero Arturo Huizar del grupo Lvzbel, y “el golpe duro para el rock nacional”: La pérdida de Charlie Monttana, a quien le dedicó en junio un homenaje por redes sociales con una tocada virtual.

Como parte del cumpleaños de El Haragán y Compañía congregaron además a diversos rockeros para cantar a dueto sus exitosas rolas, destacando Él no lo mató en colaboración con Álex y Chela Lora. De acuerdo con El Haragán, el comandante gritón de El Tri es su ejemplo a seguir: 

“En febrero grabamos, y ves lo prendido que están Álex y Chela, llenos de energía, los ves platicando y ellos siguen adelante desde Avándaro 1971, para tener buena salud se ponen sus buenas inyecciones de rocanrol. Escucho también a Mick Jagger y los Rolling Stones, y me mantengo de buen humor.”     

Fiel a sus convicciones, El Haragán apunta que para él esos son los cimientos del rock mexicano, de quienes han abanderado una postura crítica de todo lo que pasa en el mundo:

“El rock no es rosa, desde que entras al rock es rebeldía y libertad; siempre quise estar de este lado, como una persona rebelde pero no destructiva, sino alguien que cuestiona y denuncia. Eso te hace ser de izquierda, porque el rock es de izquierda, si no ya es otra onda.”  

Algunas de sus crónicas musicales de crítica social ya son temas emblemáticos del género, como Él no lo mató, en la que narra un acto de brutalidad policiaca que se mantiene vigente, cita, “por casos como el de Minneapolis, Estados Unidos, con la muerte de George Floyd, o Giovanni López en Jalisco”.

Enfatiza:

“No hay que ir muy lejos, basta con los policías en el Estado de México, ahí siempre vemos el abuso del poder. Cierto, hay buenos elementos, en la palomilla del barrio el más gandalla quería ser policía. Pero tampoco estoy a favor en protestas donde violencia genera más violencia, la acción es con las leyes.”