París.- Es un juicio fuera de las normas que se inició el miércoles 2 en la Corte Penal Especial de París por los atentados perpetrados en enero de 2015 contra el semanario satírico Charlie Hebdo y el supermercado de productos kósher de Vincennes, municipio contiguo a la capital, que costó la vida a 17 personas.
Un juicio fuera de las normas, porque los autores de los ataques no están sentados en el banquillo de los acusados. Fueron ultimados por fuerzas especiales de la policía y de la gendarmería después de dos días de fuga, en el caso de los hermanos Said y Cherif Kouachi, autores, en nombre de Al Qaeda, de la masacre de Charlie Hebdo; y en el mismo supermercado kósher en el caso de Amedy Coulibaly, que cometió sus asesinatos proclamando su lealtad al Estado Islámico.
Son 14 presuntos cómplices de los tres yihadistas –13 hombres y una mujer– que los cinco magistrados de esa Corte extraordinaria tienen la responsabilidad de juzgar. Cabe precisar que en caso de crímenes terroristas los tribunales penales no integran jurados populares, por razones de seguridad.
Tres acusados están juzgados en ausencia: Hayat Boumeddiene, “esposa religiosa” de Amedy Coulibaly, y los hermanos Mehdi y Mohamed Belhoucine. Hayat Boumeddiene y Mehdi Belhoucine huyeron juntos de Francia unos días antes de los atentados.
Los servicios de inteligencia galos creen que los Belhoucine murieron en Siria en 2016, pero reconocen que no tienen confirmación de su fallecimiento. En cambio todo parece indicar que Hayat Boumeddiene sigue viva. Fue vista en un campo de presos yihadistas controlado por fuerzas kurdas en Siria, pero habría logrado huir de ese lugar en la primavera de 2019. Desde entonces no se sabe nada de ella. Los fiscales que instruyeron los casos de los tres ausentes consideran que jugaron un papel importante en la preparación de los atentados.
Diez de los otros 11 incriminados llevan cinco años encarcelados por “asociación de malhechores con fines terroristas”. Se les acusa de haber pertenecido a la red logística de los autores de los ataques. Hay pruebas de que les ayudaron a conseguir armas, vehículos, chalecos antibalas, escondites… Dependiendo de su grado de involucramiento arriesgan entre 20 años de prisión y cadena perpetua. El undécimo comparece libre, pero portando una pulsera electrónica. Cometió delitos comunes y frecuentó a conocidos de Coulibaly.
Fuera de las normas este juicio se sale de las normas también por el número de personas llamadas a declarar: 200 partes civiles, 144 testigos, 14 expertos, sin hablar de varias decenas de abogados; y además por su duración (49 días): empezó el miércoles 2 y acabará el 10 de noviembre; y por su amplia cobertura mediática: más de 100 medios nacionales e internacionales se acreditaron para seguirlo.
Hay tanta gente y son tan drásticas las medidas de sana distancia impuestas por la pandemia de covid-19 que además de la amplia sala del tribunal que preside Regis de Jorna, magistrado de 65 años y gran experiencia, se tuvieron que habilitar tres salas de audiencia suplementarias, dotadas de inmensas pantallas en las que numerosas partes civiles, sus abogados y los periodistas asisten a la transmisión en vivo del juicio. Los abogados disponen de medios técnicos para intervenir en los debates. Una cuarta sala acoge al público.
Es poco decir que las medidas de seguridad que rodean la gigantesca sede del flamante Tribunal Judicial de París, ubicado en Porte Clichy e inaugurado hace dos años, son excepcionales.
Drones sobrevuelan permanentemente ese barrio popular del norte de la capital; decenas de furgonetas policiacas están estacionadas día y noche en las calles que llevan al inmenso y elegante edificio de vidrio concebido por el afamado arquitecto Renzo Piano; patrullas de policías fuertemente armados recorren los alrededores del Palacio de Justicia así como su lobby, sus pasillos y todos sus pisos.
Es preciso pasar por cuatro puestos de control antes de llegar a las salas de audiencia. El penúltimo es idéntico al de acceso a las zonas de embarque de los aeropuertos. El último se encuentra a la entrada de las salas y a lo largo de las audiencias policías dan vueltas en las mismas salas, pendientes de todo.
El viernes 11 creció la tensión y se endurecieron los controles.
No era para menos: el grupo estadunidense Site, especializado en vigilancia de las comunicaciones electrónicas de las organizaciones yihadistas, acababa de anunciar que Al Qaeda y el Estado Islámico (EI) habían vuelto a amenazar a Charlie Hebdo.
Lo que motivó ese nuevo auge de hostilidad –que se dio a conocer el mismo día de la conmemoración de los atentados de 2001 contra el World Trade Center– fue la portada de la edición especial del semanario (titulada: Todo eso por esto), dedicada al juicio, que replica las caricaturas de Mahoma que provocaron el atentado en su contra. Son 13 dibujos: 12 realizados por caricaturistas daneses y publicados por primera vez el 30 de septiembre de 2005 en el diario Jyllands-Posten y reproducidos por Charlie Hebdo el 8 de febrero de 2006 y otro firmado por Cabu, caricaturista del semanario, que representa al profeta sentado, desesperado, diciendo: “Qué duro es ser amado por pendejos”… Otra frase: “Mahoma desbordado por los integristas”, que fue publicado también en 2006.
Tras subrayar que “Macron dio su luz verde a esa reedición”, Al Qaeda enfatizó en su comunicado: “Si su libertad de expresión no respeta límite alguno, prepárense a enfrentar la libertad de nuestras acciones”.
Site no especificó en qué términos el EI profirió sus amenazas contra la publicación satírica.
“No se nos hizo caso”
El proceso contra los presuntos cómplices de los Kouachi y de Coulibaly también es considerado “histórico” porque será íntegramente grabado. Es la primera vez que eso ocurre en Francia en caso de crímenes terroristas.
Fue Jean-Michel Hayat, primer presidente de la Corte de Apelación de París, quien tomó esa decisión a pedido de la Fiscalía Nacional Antiterrorista.
Explicó Hayat: “La resonancia y la emoción generadas por estos atentados rebasaron las fronteras nacionales debido a los símbolos atacados: la libertad de prensa, los representantes del Estado (en alusión a los dos policías que perdieron la vida a manos de los terroristas) y la comunidad judía. El 11 de enero millones de personas se manifestaron en todo el país para recordar el apego ciudadano a los valores de la república, profundamente sacudidos por estos actos. Es, por tanto, obvio que este juicio tiene que formar parte de los archivos históricos de la justicia”.
Al contrario de lo que pasa con los juicios del Tribunal Penal Internacional o con los celebrados en ciertos estados de Estados Unidos, el que se celebra actualmente en la Corte Penal Especial de París no puede ser transmitido por televisión. Las grabaciones seguirán clasificadas durante 50 años. Sin embargo, historiadores e investigadores podrán consultarlas en un futuro relativamente cercano siempre y cuando fundamenten su interés.
La otra razón por la que se habla de un “juicio histórico” es la atención que se dedica a las víctimas. El presidente de la Corte les ofrece todo el tiempo que necesiten para expresarse, para contar lo que vivieron, lo que siguen sufriendo, su coraje, sus temores, sus dudas, inclusive sus críticas políticas o a la justicia…
De Jorna se dirige personalmente a cada una de ellas con tacto y respeto, las anima cuando se notan ahogadas por la emoción y lo hace con gran humanidad pero manteniendo una distancia profesional.
El presidente de la Corte comete, sin embargo, errores asombrosos: se equivoca de nombres, confunde datos y a veces se pierde en los expedientes. El hecho es extraño de parte de ese experimentado magistrado.
“Tomar la palabra en el ámbito solemne de una Corte Penal ante centenares de personas y frente a cámaras que graban la escena para la historia es una catarsis capital para las víctimas que tienen la fuerza de hacerlo”, explica a la corresponsal Guillaume Denoix de Saint Marc, director general de la Asociación Francesa de Víctimas del Terrorismo, que se constituyó parte civil del juicio.
“Es la razón por la cual este juicio es importante, cualquiera que sea el veredicto final, y aun si resulta profundamente frustrante que los principales autores de los crímenes estén ausentes”, insiste. “Es una prueba dolorosa que permite reconstruirse. Pero es también un momento en el que se pone en la mesa todo lo que ocurrió, en el que se exponen las grandes deficiencias de la época en Francia.”
Y tras un breve silencio, precisa: “No se tomó la medida del fenómeno de radicalización en nuestro país. ¿Cómo fue posible que un grupo como ese haya podido constituirse y consolidarse en la cárcel? Se van a plantear problemas de fondo, en particular sobre la definición del islam político y la reacción del Estado frente a ese fenómeno. Muchas víctimas esperan que se arroje luz sobre incompetencias y negligencias en la prevención de la radicalización. Nuestra asociación prendió señales de alarma en 2010, pero no se nos hizo caso”.








