El director Juan Carlos Rulfo enfrenta con su cámara este momento de pandemia en Cartas a distancia, y la enfoca desde un hospital para registrar cómo se comunican familiares y sus enfermos internados por covid-19 mediante recados, fotos, videos y audios en celular. Su punto de partida es la crisis de las instituciones de salud en el mundo, que debieron crear un sistema de comunicación para sobrellevar el aislamiento y la enfermedad. En el proceso de filmación participó la gente, y el cine se volvió un factor de salud.
En el Hospital General de Zona 27 del Instituto Mexicano del Seguro Social (IMSS) en Tlatelolco, el personal de enfermería escribe en papel mensajes que dictan los enfermos de coronavirus y los colocan en los cristales; de personal del área de Trabajo Social les toma fotografías para compartirlos a los familiares, quienes a su vez responden de igual manera o con audios y videos.
Destacado documentalista, Juan Carlos Rulfo (nacido el 24 de enero de 1964 en la Ciudad de México e hijo del escritor Juan Rulfo) aclara en entrevista por Zoom que su largometraje Cartas a distancia no se regodea con el dolor:
“No va por ahí. Se trata de darle más dignidad a la relación humana. Tampoco es reconfirmar la parte heroica de los trabajadores de la salud, que ya la hemos escuchado por todas partes. La película se basa en la importancia de la comunicación en momentos de crisis.
“Igual no me importa lo que pasa en el IMSS para demandar. Quedarse sólo en la denuncia no vale la pena. Todas las instituciones de salud en el mundo están en crisis, pero todas creo que debieron crear un sistema de comunicación entre el enfermo aislado, el cual se halla totalmente desconcertado, sin claridad sobre qué va a pasar en su vida, y la familia, que se encuentra desconsolada. Es muy interesante y fuerte.”
El además productor, fotógrafo y promotor del cine documental explica:
“La película va hacia una especie de reconciliación con la muerte, que es una compañera de la vida. A pesar de todo, al final se debe decir: ¡Viva la vida!”
Cartas a distancia, una idea de la periodista Melissa del Pozo, es producida por La Media Luna y Península Films. La fotografía es de César Parra, Jorge Gómez y Rulfo. La edición está a cargo de Valentina Leduc. De Martín Hernández es el diseño sonoro, y de Leonardo Heiblum la música.
Rulfo, egresado de comunicación de la Universidad Autónoma Metropolitana-Xochimilco y del Centro de Capacitación Cinematográfica, tiene una ya larga trayectoria en la realización documentalista: Del olvido al no me acuerdo (1999), En el hoyo (2006) –Gran Premio del Jurado en Sundance–, Los que se quedan (codirección con Carlos Hagerman, 2007) –Premio Humanitas y el Haskell Wexler Award–, ¡De panzazo! (2011), Carriére, 250 metros (2011), Érase una vez (2018) y Lorena, la de pies ligeros (2019), que se exhibe en Netflix y está nominado para el Ariel como Mejor Cortometraje Documental, a celebrarse virtualmente este 20 de septiembre.
Energía positiva
y carga emocional
La mayoría del personal médico coincide en que lo más cruel de este virus es que los pacientes pierden todo contacto, imposibilitados de abrazar, hablar y escuchar a la gente que aman. En Cartas a distancia, Jorge, enfermero del Hospital Zona 27, es el guía dentro del sanatorio. Él muestra videos con mensajes a los familiares de internados en el mismo lugar, quienes yacen en diferente salas y no pueden recibir visitas. También enseña a los pacientes los videos de sus parientes que los esperan afuera del dispensario.
Es conocido como Calavera y porta en el pecho su sobrenombre junto a la frase: “Sin miedo a la muerte”. En la cinta se enfoca su hora de entrada a trabajar, y platica:
“Vamos a empezar la atención a los pacientes. Son las siete de la mañana y ya estamos listos para seguir luchando en contra de esta situación, de esta pandemia. Los pacientes se están complicando. El estrés, la carga emocional, cada vez es más fuerte. No poder hacer nada por nuestros enfermos cada día recae más sobre nosotros, y siento que también nos está afectando como trabajadores; sin embargo eso no se lo podemos transmitir a nuestros internados. Ellos lo que necesitan es energía positiva para salir adelante.”
Ya con los enfermos, los saluda y les informa:
“¡Buenos días! ¡Tienen correspondencia!”
Y les entrega a cada uno su carta.
Con el celular graba en video a una paciente para llevárselo a su esposo, que igual padece covid-19 y se encuentra en otra sala. Claudia, en su cama, le dice:
“Primero Dios, ya mañana o pasado mañana salgo. ¡Échale muchas ganas! No puedo estar contigo aunque quisiera. Te extraño mucho. Pero sí quisiera que le eches muchas ganas, mi amor. Yo me siento mucho mejor, pero vas a ver que vamos a salir juntos porque tenemos una familia hermosa. Te amo mucho.”
Jorge va con Gonzalo, el esposo, quien tras ver el mensaje le manda un video:
“Me quedo tranquilo porque sé que ya va a ver alguien en casa que se haga cargo de los niños. Eso es importante, pero tampoco vas a poder estar junto a ellos. Las indicaciones que te dé el médico para salir llévalas al cien por ciento. ¡Esto no es fácil! Dale gracias a Dios que tú ya estarás en casa. Por mí no te preocupes. Yo estoy luchando también con esto y para estar con ustedes. ¿Por qué?, porque necesitamos vivir. Es largo, pero lo vamos a lograr. Mi amor, vete tranquila. Y gracias por el amor que siempre me has dado y por toda esa familia tan hermosa que tenemos. Te amo. Te amo, Claudia.”
Jorge, el enfermero, es aficionado a las luchas, tiene tatuajes y perforaciones en el cuerpo para insertar aretes (piercings). Alguna vez formó una banda de rock y gusta de la fotografía. En el documental muestra a los internos los videos de familiares que se hallan fuera del hospital, todos con mensajes de aliento.
En otro día de filmación, el panorama es sombrío: Jorge lleva videos a los pacientes, pero se entera de que murieron. Se escucha la voz en off de una enfermera:
“Me entero de compañeros médicos que salieron positivos y que ya se fueron de incapacidad, y de un personal de enfermería, y cada día vamos siendo menos los soldados de la batalla y más los enfermos de salud.
“No se me hace justo que el personal de salud tenga que estar sufriendo las consecuencias de una población que cree que nos están comprando, que nos estamos vendiendo…”
No será un filme muy largo
Cartas a distancia ya cuenta con el apoyo de la Fundación Ford. Rulfo informa que buscan la ayuda de fondos extranjeros.
“Ingresamos a Sundance. De los fondos y fideicomisos de la cinematografía en México, por ahora, no entramos, por su situación. Vamos a probar suerte con Impulso Morelia, del Festival Internacional de Cine de Morelia, en fin. Nos estamos moviendo. Faltan todavía dos meses en los que tendremos un corte más avanzado o final. Y según los apoyos que logremos, veremos cuándo y dónde lo lanzamos. No será una película larga, quizá durará 65 o 70 minutos cuando mucho”
Sobre la idea original de Melissa Del Pozo, narra:
“Estaba preparando otro documental sobre la Ciudad de México y empezó la emergencia sanitaria. Pensando en el proyecto, salimos a la calle a efectuar algunas tomas. ¡La ciudad estaba vacía! ¡Fue impresionante! Y comentamos: ¿Por qué no intentamos hacer algo sobre la pandemia? Pero no le hallaba mucho la forma, no veía cómo, sin caer en ese sensacionalismo del que hablaba. Melissa es amiga de Jorge, se comunicó con él y le contó que en las vitrinas del hospital pegaban las cartas de papel de los pacientes, y los familiares veían las cartas y dejaban la siguiente para que se las pusieran. Fue evolucionando, primero era por carta, luego tomaban fotos, y de repente llegamos y mencionamos que mejor se realizaran video-cartas.
“Finalmente nosotros no íbamos a poder entrar, aunque eso no era tanto el objetivo. Al ver a Jorge, su fisonomía, el asunto de su sobrenombre, Calavera, y la frase ‘Sin miedo a la muerte’, supimos que era nuestro personaje. Le propusimos que tratara de animar a los pacientes. Que grabaran a los enfermos con su mensaje para sus seres queridos, y las familias efectuaran más comentarios de la vida cotidiana”.
Expresa, reconfortado:
“Todos poseemos un celular, ¡y de repente estaba ahí un sistema de comunicación muy interesante! Además, la pandemia se ha manejado con base a estadísticas. Cuántos muertos y cuántos contagios al día. En qué semáforo estamos. Que si se usa o no el cubrebocas. Son puros datos que de alguna manera te alejan de la gente, y lo que estaba pasando acá era más bien que estábamos acercando a las personas.
“Desde que un ser humano se contagia, lo ingresan a la clínica y lo primero que hacen es aislarlo. Entendemos el protocolo, pero mucha gente entra de esa manera y no vuelve a salir. ¡Muchos mueren de tristeza! Se enferman realmente por esa falta de apapacho o de cercanía con los suyos.”
Cuenta que Del Pozo estuvo con la cámara un tiempo fuera de la clínica y él escuchaba los testimonios, y así encontraron a las familias para la cinta:
“Querían mucho a la cámara. Y empezamos a usar el celular para pasar testimonios al interior por medio de los enfermeros, quienes también nos estaban dando sus expresiones, un poco como espacio de fuga. No para que nos relataran con lujo de detalle cómo entubaban al enfermo, sino ¿cómo estás?, ¿qué pasa con tu familia?, ¿cómo te sientes?, ¿cómo ves la realidad? Eran nuestros ojos y nuestros oídos dentro del hospital, y afuera en su vida cotidiana. Lo mismo las familias, eran nuestros ojos en sus casas y en la relación familiar.
“Entonces se creó un sistema fantástico, donde lo único que hicimos fue tratar de estar ahí presentes durante la parte más crítica, en mayo, del pico alto, el Día del Niño, el Día de la Madre y el Día del Maestro. Duró lo que duró la estancia en la clínica de los personajes que habíamos seleccionado, seis o siete. Dos o tres de ellos murieron, los otros tres o cuatro salieron y los seguimos grabando, viendo cómo van digiriendo la postpandemia y este asunto de la resaca o de la mirada hacia el exterior de la ciudad. Incluso seguimos a los familiares del paciente que no salió. Al mismo Jorge igual lo continuamos filmando.”
Directores no-directores
Rulfo destaca que las imágenes están grabadas básicamente por el personal de enfermería y las familias:
“Nosotros estuvimos afuera de la clínica y ahora estamos filmando en sus casas, pero 80% del material es proveído por ellos, los de enfermería y las familias que grabaron sus videos en casa. Ingresamos al nosocomio después, porque hasta hace poco abrieron la puerta algunas clínicas con una requisitos bastante estrictos, y ya entra uno. Les dimos unas cámaras especiales, las Osmo, que poseen una estabilidad increíble, son chiquititas. Les dábamos indicaciones por celular: ‘Aguas con los contraluces’, ‘dame un poco más de esto’, ‘muéstrame un poco más allá’. ¡Fue increíble! A Jorge le encanta la fotografía, es fotógrafo. Sabe moverse. Es un buen narrador. La verdad, ni mandado a hacer”.
Filmaron desde finales de abril, todo mayo y un poco en junio:
“En todo ese tiempo conocimos a las familias, algunas se acercaban, otras no. La misma gente atrae a la gente. Se creaba un grupo y se efectuaba una tertulia. Buscaban hablar de lo que les pasaba. Jorge salía cuando terminaba su turno y se volvía parte de la tertulia. Les comentaba sobre el estado de salud de sus enfermos, y empezó a surgir la confianza. Para mí es una historia y una película totalmente sobre la comunicación.”
Manifiesta convencido:
“Te puedo asegurar que este contacto a través de un medio audiovisual, donde el paciente ve y escucha a su familiar, le transmite las hormonas de la felicidad o la salud, que se alivia. Sí podemos presumir que esto salvó vidas. Había como una manera de florecer de la gente cuando sabía que sus parientes estaban afuera esperándolos.”
Esclarece que cuenta con todos los permisos:
“El mismo enfermero Jorge les preguntaba: ‘¿Podemos grabar?, es para una película’. Después los vimos y les expresamos que éramos nosotros los del documental y les llevamos pastel. Platicamos de nuevo. Constatamos nuestra amistad.
“No quiero que a Jorge lo despidan. Que le pase algo por andar grabando cosas que no debe porque están prohibidas las cámaras al interior. Poseemos cartas donde hay permisos.”
Al final se le pregunta a Rulfo cómo lo ha transformado este proyecto.
“Desde que presenté Érase una vez no pasó mucho, ni con Lorena, la de pies ligeros. Fue un poco extraña la situación en el sentido de que en México ¿cuál era la demanda?, ¿qué tipo de mensajes queríamos o estábamos buscando? Más narco, más violencia, más crimen, de tal manera que otro tipo de trabajo no tenía cabida. Es decir, me vi más banal aparentemente, y ahora vuelvo a constatar que precisamente acercarte a la gente y escucharla es fundamental, más que clavarme en el asunto morboso.”








