Señor director:
De acuerdo con las leyes vigentes en la Ciudad de México, cuando en un matrimonio sin hijos el cónyuge muere sin testamento, los bienes de la familia deben repartirse entre la viuda y los suegros, en tanto que si el matrimonio tiene hijos, los bienes quedan en la propia familia. ¿Cuál es la justificación para esta diferencia en la ley? ¿Las mujeres sin hijos son mujeres de segunda clase y entonces deben ser castigadas repartiendo sus bienes? ¿La sociedad debe castigar a estas mujeres por el solo hecho de no tener hijos? ¿Las mujeres sin hijos no poseen la capacidad intelectual suficiente para poder decidir sus destinos?
No basta con la pérdida del esposo, además deben sufrir la pérdida económica de su patrimonio. Numerosas mujeres durante el transcurso de esta pandemia estamos sufriendo las consecuencias de esta inhumana y discriminatoria ley, cuyas consecuencias no han sido evaluadas de manera integral por nuestros legisladores, por lo que solicito al presente Congreso de la Ciudad de México y a la Cámara de Diputados del H. Congreso de la Unión que revisen, evalúen y legislen al respecto para que nuestra ciudad y país posean leyes incluyentes, que no perjudiquen y agredan a las mujeres.
Para ello solicito a la secretaria de Gobernación, licenciada Olga Sánchez Cordero; a la doctora Nadine Gasman Zylbermann, directora del Instituto Nacional de las Mujeres, y a la maestra Rosario Piedra Ibarra, presidenta de la Comisión Nacional de los Derechos Humanos, supervisar, vigilar y observar estas deficiencias legales que tanto lastiman a las mujeres, a fin de impulsar y presionar a las autoridades competentes a resarcir los graves daños patrimoniales que estas leyes causan a las viudas que se encuentran en estas circunstancias en nuestro país. México requiere de leyes incluyentes, no discriminatorias, y democráticas. Así lo demandan estos tiempos de cambio.
Atentamente,
Fabiola Monroy Guzmán








