Afirma la conseja popular que “no hay mal que por bien no venga”, lo que en materia musical y operística de alguna manera se está cumpliendo para los que, paradójicamente, tenemos el privilegio de poder quedarnos en casa en medio de esta pandemia que afecta a todos.
Es que esta reclusión forzada, aunque voluntaria, ha obligado a todo mundo a cambiar, así sea un poco, lo establecido y plantear nuevas formas de vida y conducta cotidiana. Esto sucede a nivel individual pero, en la materia que nos atañe, también ha hecho moverse a instituciones públicas y privadas que han coincidido en acciones aunque quizá con distintas motivaciones.
Es así como nos encontramos por internet con una rica oferta de posibilidades de entretenimiento, pero también de cultivo, que antes no teníamos, y que ahora, gratuitamente, están a nuestro alcance. A sólo un clik, como un anuncio dice por allí.
La oferta es por demás variada, de libros no digamos, baste señalar lo que el FCE y la brigada Para Leer en Libertad han subido a la red; la Compañía Nacional de Teatro ha puesto a disposición varias obras completas de su repertorio pero, además, ha hecho una serie de pequeñas muestras especialmente creadas para y por estas circunstancias; la Compañía Nacional de Danza ha realizado lo propio, y también compañías privadas de diferentes artes escénicas han “subido” sus creaciones. En música y ópera el depliegue es sensacional y va mucho más allá de nuestras fronteras. Así, sorprendentemente, resulta que de pronto podemos escuchar, desde su sede, conciertos de la Filarmónica de Berlín, algo totalmente inusitado, de no creerse; la catedral americana de la ópera, el MET de Nueva York, nos deja disfrutar algunas de sus grandes producciones.
Y en el sur, el prestigiadísimo Teatro Colón de Buenos Aires, Argentina, ahora bajo la dirección general y artística de nuestro Enrique Diemecke, se une a estas iniciativas y pone a nuestro alcance algunas de sus funciones. Una de ellas motiva estas notas, la presentación del Réquiem de Verdi con, justamente, el Coro y Orquesta estables del recinto bajo la dirección del propio Diemecke.
Los solistas de turno fueron la soprano uruguaya María José Siri, la mezzosoprano argentina María Luján Mirabelli, el tenor igualmente argentino –aunque su nombre no lo indique– Darío Schmunck, y el bajo de origen georgiano Goderdzi Janelidz. Los cuatro, principalmente la soprano y el tenor, gozan de prestigio internacional, y Siri y Schmunck han sido, y él lo sigue siendo, auténticas figuras en el mundo del canto; o sea, un elenco de real valía, lo que no siempre se consigue. El resultado, una buena audición en la cual se sintió que la soprano no está en su mejor momento, la mezzo no es lo que fue, el bajo –artista joven– va en ascenso y dado su tipo de voz tiene buen camino por recorrer, y el tenor destaca entre todos.
El maestro Diemecke mostró una vez más su prodigiosa memoria musical al dirigir esta obra inmensa –como hace la gran mayoría de las veces– sin partitura. Mantiene también la costumbre de no usar batuta. Fue grato verlo y constatar que nada de su calidad ha disminuido, sino al contrario, no por nada dirige el teatro de mayor prestigio en América Latina. Musicalmente, pues, pese a todo, podemos unirnos a eso de que “no hay mal que por bien no venga”.
Coincidentemente este domingo 9 la Ópera de Bellas Artes presenta este Réquiem llevando como solistas a Ramón Vargas y a la soprano chilena Adriana Villaroel.








