Desde tiempo atrás ha habido debate sobre la pertinencia de los exámenes de control de confianza. Los análisis en los medios sobre ellos suelen estar impregnados de impresiones superficiales –salvo honrosas excepciones– y de escaso conocimiento serio sobre el tema. De ahí que casos como el de Jesús Orta, exsecretario de Seguridad Pública capitalino, quien aprobó los exámenes de control de confianza que le fueron practicados, así como otros casos similares, constituyen una oportunidad propicia para tratar la problemática. Veamos.
Primero. Los exámenes de control de confianza han adquirido carta de naturalización tanto en países avanzados como en desarrollo. Cabe señalar de entrada que cuando se refiere a la expresión “polígrafo” no necesariamente se refiere al aparato denominado con tal nombre, sino a los sistemas de detección de mentiras que incluyen equipos más sofisticados y de nueva generación que el clásico “polígrafo” que viene a la mente cuando se refiere a ese vocablo. En Estados Unidos, por ejemplo, el polígrafo es permitido en el sector privado cuando hay sospechas razonables sobre algún empleado o directivo por la eventual comisión de un ilícito o delito, de acuerdo a The Employee Polygraph Protection Act (https://n9.cl/br0qa). Pero esa ley no se aplica al sector público (especialmente en los ámbitos de seguridad, farmacéutico, cobro de impuestos, entre otros) donde el uso del polígrafo se ha vuelto una práctica común.
Lo mismo pasa en el Reino Unido, en Corea del Sur, Japón, España y en un número creciente de países y de actividades como una herramienta que ha dado resultados, según una investigación de Don Grubin y Lars Madsen (“Lie detection and the polygraph: A historical review”. Journal of Forensic Psychiatry and Psychology. Junio. 2005 disponible en https://url2.cl/5wNrL). Hoy en día, el polígrafo (el equipo) es un punto de partida en la detección de mentiras, pero no el puerto de llegada. Tiene una confiabilidad de alrededor de 85%, dependiendo de la experiencia de quien aplique la prueba y su capacidad para identificar los falsos positivos o negativos que puedan existir con personas entrenadas para controlar los movimientos involuntarios de la frecuencia respiratoria, presión arterial, frecuencia cardiaca y la conductividad de la piel (el sudor cuando alguien se pone nervioso, por ejemplo).
Es importante que se verifique que el examinado no haya ingerido alguna benzodiazepina (usualmente un miligramo de clonazepam es suficiente) porque permite burlar esa prueba, de ahí que se debe acompañar de otros exámenes y practicar una prueba de sangre justo antes del examen del polígrafo para saber si hay en el cuerpo algún tipo de ansiolítico o droga similar que va a generar resultados no conclusivos.
Segundo. Además del polígrafo existen otras pruebas que tienen menores contramedidas forenses, entre ellas la más popular es la que comercializa la empresa Converus denominada EyeDetect que tiene la ventaja de que no existe interacción con otra persona, mide la dilatación y movimientos de la pupila y ofrece una confiabilidad de 88%. Otra prueba que han tenido sus detractores, pero es defendida por la policía española es la prueba P3000 (también conocida como Evocado Potencial Cognitivo), la cual, según integrantes de la Sociedad Científica Española de Criminología consideran que tiene un avance sobre el tradicional polígrafo (https://cutt.ly/hd2R6Ym), al igual que otros expertos de Estados Unidos que han dado a conocer sus resultados en publicaciones científicas (https://cutt.ly/Pd2TtnW).
Asimismo, puede señalarse la nueva técnica de imágenes cerebrales (new braing-imaging technique) o la denominada Imagen por resonancia magnética funcional fMRI, que mide los movimientos del sistema nervioso central con una resonancia (https://acortar.link/B8O7T). En suma, lo adecuado en los exámenes de control de confianza es iniciar con la prueba del tradicional polígrafo y seguir al menos con el EyeDetect o alguna otra de nueva generación que permitirán tener un grado mucho mayor de confiabilidad que con la aplicación de una sola prueba. Por supuesto, esto debe complementarse en el ámbito fisiológico con las pruebas farmacológicas, pero no las de orina (cuyo nivel de confiabilidad es reducido), sino las de cabello que permiten evaluar la existencia de distintas drogas en el cuerpo por un plazo largo de tiempo, una prueba que ha demostrado tener mayor efectividad para medir si hay, y en su caso, qué tipo de drogas en el cuerpo o las ha habido hasta varios meses atrás, lo que antes era poco menos que imposible.
Tercero. En el caso de México, los exámenes de control de confianza tienen varios puntos de mejora iniciando con su diseño institucional. El primer problema es que las fuerzas del orden en México se autorrealizan los exámenes de control de confianza, habida cuenta que los centros que aplican estos exámenes están subordinados jerárquicamente a la propia policía o al Ejército, lo que genera un conflicto de interés, que en este país es el mejor camino para que la simulación se traduzca en un hecho. El segundo problema es que los niveles de exigencia no son los mismos que los que se podrían aplicar a un directivo de una empresa multinacional radicada en México, sino niveles muy bajos para reducir el número de reprobados, y aun así son altísimos, razón por la cual se busca eliminar esas pruebas para que no haya mediciones de corrupción, en particular la relativa a la relación con grupos delictivos.
El tercer problema reside en que se usan los equipos menos confiables por razones de apariencia y para guardar las formas de cara a las instituciones internacionales que condicionan su apoyo, en asesoría, equipo o económica, a que se practiquen los exámenes de referencia, pero se hacen a la mexicana. Se debe, por la razón anterior, llevar a cabo una reforma profunda en este diseño, de suerte tal que los exámenes completos (no sólo el del equipo de polígrafo) con test de drogas inmediato previos se lleven a cabo por expertos independientes avalados por la asociación más reconocida en el mundo por su rigor metodológico, la American Polygraph Association (https://www.polygraph.org/). Ello permitiría el uso correcto de los exámenes de control de confianza como una herramienta contra la corrupción, que hasta ahora no se ha hecho en México, ni en el ámbito federal ni tampoco en los estados y municipios. Nunca es tarde para rehacer el camino mal andado en la materia.
@evillanuevamx
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