Con al menos 55 mil casos confirmados de covid-19 y 7 mil 450 decesos, la Ciudad de México da tumbos en su intento por regresar a la “nueva normalidad”. Criticada por el manejo de la emergencia sanitaria, la jefa de Gobierno, Claudia Sheinbaum, ha tenido que limitar de nuevo el acceso al Centro Histórico y ha aplazado las aperturas de centros comerciales, entre otras actividades económicas. También la ciudadanía lleva responsabilidad en el tema, abarrotando calles y establecimientos, pasando por alto medidas como el correcto uso del cubrebocas y la sana distancia.
En la calle Alhóndiga esquina con Corregidora, a seis cuadras de donde despacha la jefa de Gobierno de la Ciudad México, Claudia Sheinbaum Pardo, la actividad comercial se parece a la de un hormiguero, cientos de personas caminan rápido con bultos de mercancía que compran en negocios que no deben abrir o que no cumplen con las medidas sanitarias.
“¡Pásele, pásele! ¿Qué va a llevar?”, gritan los vendedores del Centro Histórico.
En este lugar nadie mantiene la sana distancia; por el contrario, el riesgo de contagio de covid-19 es latente en todos lados. Si bien es cierto que la mayoría porta cubrebocas, algunos lo traen mal puesto, se protegen la boca, pero no la nariz o simplemente lo traen en el cuello, como un diablero que dice que le estorba porque suda mientras estiba pesadas cajas.
Otros, como aquella joven que vende pestañas postizas, portan una careta transparente… pero volteada hacia atrás, como si protegiera su nuca. A su lado está una mujer con el tapabocas en el mentón; ella prepara plátanos fritos en su carrito ambulante. Eso sí, usa guantes de látex.
A unos metros de la señora se encuentran dos policías. “¡Aváncele, aváncele!”, ordenan a los automovilistas para que no haya más tráfico ni aglomeración.
La calle Corregidora también es el ejemplo de un sinfín de complicaciones que ha traído la reapertura de actividades económicas y de movilidad ordenada por la jefa de Gobierno el 15 de junio último, como parte de la llamada “nueva normalidad”.
Tres días antes, en pleno semáforo epidemiológico rojo, Sheinbaum anunció el comienzo de un “periodo de transición ordenada y gradual” hacia el naranja. Justificó: “No estamos relajando las medidas. Estamos construyendo un proceso donde seguimos controlando la pandemia y al mismo tiempo permitimos que algunas actividades comiencen a desarrollarse. El control de la pandemia tiene que ver con el bienestar y la salud de los capitalinos”.
A la semana siguiente terminó el programa Hoy no Circula Temporal y se inició la apertura gradual de las estaciones del Metro y Metrobús; unos 340 mil empleados de la industria manufacturera regresaron con horarios reducidos, reabrió el comercio de barrios, colonias y pueblos, excepto el Centro Histórico, y se reiniciaron los servicios profesionales científicos y técnicos.
Para la semana siguiente estaba programada la reapertura de más actividades económicas, como restaurantes, hoteles y plazas comerciales. Sin embargo, el 19 de junio –un día después de que Sheinbaum reanudó sus giras de trabajo en la calle– la morenista frenó el plan, pues continuaba el semáforo en rojo y había que esperar a que siguieran disminuyendo los contagios.
Plan desbordado
A la semana siguiente del 19 de junio el porcentaje de ocupación hospitalaria se mantuvo por debajo de 65%, una indicación positiva que permitió que el 26 de junio la jefa de Gobierno anunciara que el lunes siguiente la ciudad pasaría a semáforo naranja.
Entonces reprogramó el reinicio de actividades, aunque de manera parcial y con estrictas medidas sanitarias. Así, el 29 de junio reabrieron el comercio al menudeo –aunque sólo a 30% de capacidad y con horario reducido–, el trabajo del hogar y los clubes deportivos con actividades al aire libre e individuales.
Para el 30 de junio deberían reabrir cerca de 27 mil comercios del Centro Histórico con un programa especial acordado entre comerciantes, autoridades y vecinos. El plan incluía calles “flexibles” (para autos y peatones) y otras vías peatonales para mantener la sana distancia.
También reordenó reaperturas a 50% con un esquema de numeración par e impar, tres días a la semana alternados y con horarios reducidos, de 11 a 17 horas, dosificación de asistentes, múltiples medidas sanitarias y el cierre total los domingos, también impuso reglas para los miles de vendedores ambulantes.
La secretaria de Gobierno, Rosa Icela Rodríguez, explicó en su oportunidad que las medidas planteadas pretenden “un equilibrio entre la salud de las personas y la economía de las familias que dependen de la actividad laboral en el Centro Histórico”.
El miércoles 1 reabrieron holetes a 30% de su capacidad y restaurantes a 40%; se les prohibió poner música para evitar que las personas tengan que hablar fuerte y expulsen gotículas de saliva. De igual manera, se impidieron las áreas de fumar y los menús físicos. Además, los establecimientos tienen que cerrar a las 22 horas.
El jueves 2 abrieron tianguis y bazares, aunque en varias alcaldías estas actividades ya se habían adelantado. El viernes 3 reaudarían estéticas y peluquerías a 30% de su capacidad, sólo con cita previa y la atención no debe durar más de una hora por cliente. También se prohibió la interacción cara a cara.
De acuerdo con la estrategia de la autoridad local, el lunes 6 abrirían las 338 plazas comerciales y las 263 tiendas departamentales que hay en la ciudad. No obstante, la jefa de Gobierno aplazó la medida.
En una videoconferencia, el viernes 3, Claudia Sheinbaum anunció que la reapertura se retrasaría dos días con la finalidad de que la iniciativa privada reforzara las medidas sanitarias de los comercios para evitar aglomeraciones y proteger a clientes y empleados.
A su vez, Rosa Icela Rodríguez anunció que ese fin de semana los comercios del Centro Histórico volverían a cerrar, pues muchos incumplieron las medidas establecidas y debían generar un nuevo esquema de operación para evitar otro desbordamiento de gente, como el registrado el día anterior, sobre todo en la calle Corregidora, conocida como la central de abasto de las ferreterías.
“El Centro Histórico puede llegar a recibir en un día hasta 1 millón de personas. La asistencia se desbordó ayer y muchos negocios no cumplieron con las medidas sanitarias”, explicó Sheinbaum Pardo. La mandataria aceptó que falló el plan de reapertura y mencionó que eso ha ocurrido en otras ciudades del mundo.
Agregó que la decisión de cerrar otra vez los comercios “no es un castigo para nadie. Sencillamente, es decir: ‘A ver, así no funcionó. De nuevo tenemos que sentarnos todos a revisar lo que diseñamos y entre todos generar las condiciones para un regreso mucho más seguro’”.
Ese mismo día por la tarde, en un video difundido en sus redes sociales, advirtió: “Les recuerdo que el semáforo naranja está más cerca del rojo que del verde, lo que quiere decir que seguimos en alerta, y si bajamos la guardia, podríamos tener que regresar muy pronto al semáforo rojo”.
“No hay bolita mágica”
Desde el inicio de la pandemia en la Ciudad de México, y pese a las múltiples críticas en su contra en redes sociales, la jefa de Gobierno ha externado su confianza en una ciudadanía responsable para no imponer medidas más estrictas o “toques de queda”, como sí ha ocurrido en otras ciudades de México y el mundo.
Tras el ensayo-error de las más recientes medidas, el viernes 3 la funcionaria insistió: “Este no es sólo un tema de gobierno, es un tema de la ciudadanía, de los negocios, de los comercios. Entre todos tenemos que cuidarnos y protegernos”.
Ante las preguntas de la prensa sobre los yerros de su gobierno y el hecho de que mucha gente ignora las recomendaciones, aseguró en un tono más serio de lo habitual: “Nadie tiene una bolita mágica ni un… de cómo se está trabajando en la reincorporación de distintas actividades del semáforo naranja.
“También son pruebas que hacemos entre todos, la ciudadanía, los comerciantes, los negocios. Hay quien no actúa adecuadamente y tiene que haber sanciones.”
El domingo 5 Rosa Icela Rodríguez ofreció una videoconferencia en la que propuso una medida “voluntaria” que despertó múltiples críticas de los capitalinos: acudir al Centro Histórico con base en la primera letra de su apellido. Así, de la A a la L podrían ir los lunes, miércoles y viernes y de la M a la Z, los martes, jueves y sábado.
“Esta medida es una invitación. Ojalá ayuden porque estamos en semáforo naranja y aún estamos sufriendo la pandemia”, expuso la secretaria de Gobierno.
En entrevista con un noticiario de televisión, sobre dicha medida, una visitante a la zona ironizó: “Ni modo que le diga a mis hijos: ‘hoy no comes porque te apellidas Sánchez y no te toca’. ¡Por favor…!”.
Para contener a la gente y evitar otro desbordamiento, la autoridad también anunció que cerraría las estaciones del Metro Zócalo, Allende y Merced –las más cercanas al Centro Histórico–, se pondrían filtros sanitarios en las calles de mayor afluencia para tomar la temperatura a los asistentes y verificar que llevaran cubrebocas; y sugirió que sólo fuera una persona por familia para realizar actividades esenciales.
También advirtió que, si 30% de los comercios de una calle incumplía las medidas, estos serían suspendidos 15 días y toda la calle sería cerrada.
Entre las acciones indicadas para los establecimientos está el que sus empleados usen cubrebocas y caretas, que tomen la temperatura a los clientes, que en la entrada haya tapete sanitizante y ofrezcan gel antibacterial, que formen filas de acceso y dosificación, señalización interna con el sentido de circulación y respeto a la sana distancia, además de respetar la hora de cierre, a las 17:00 horas.
Para el martes 7 la secretaria de Gobierno informó que, en coordinación con el Instituto de Verificación Administrativa (Invea), fueron suspendidos nueve establecimientos comerciales por no acatar las normas establecidas. Con poco énfasis, la funcionaria comentó que detectaron a muchas personas, incluso familias enteras, que acuden al Centro Histórico “para pasear” y no a comprar artículos esenciales. Pero sólo hizo un ligero llamado: “Seguimos en semáforo naranja, la pandemia no ha acabado, seguimos con las recomendaciones y el uso de cubrebocas”.
El miércoles 8, la ciudadanía nuevamente ignoró algunas medidas sanitarias: cientos de personas se formaron para ingresar a los centros comerciales que pudieron abrir ese día, como Parque Delta, en la colonia Narvarte. Si bien la mayoría usaba cubrebocas y mantenía la sana distancia, se ignoró la indicación de acudir sólo una persona por familia.
Hubo clientes que acudieron al centro comercial a aprovechar los descuentos de las tiendas, pero también por un helado o a comer a los restaurantes. Hubo quienes sólo se formaron para entrar y dar una vuelta por la zona, luego de más de 100 días de cuarentena.
Ante ello, la jefa de Gobierno soltó: “Es cierto que llegó mucha gente a las plazas, pero al mismo tiempo se guardaron prácticamente todas las medidas sanitarias que se exigieron; el Instituto de Verificación Administrativa estuvo haciendo distintas visitas y en la mayoría (de los centros comerciales) se cumplió”.
Al igual que ocurrió una vez con la reapertura de los centros comerciales, Claudia Sheinbaum aplazó otra vez (hasta nuevo aviso) la celebración oficial por el Día de la Madre, programada para el viernes 10. “Estamos entrando apenas el semáforo naranja y no es momento para la realización de fiestas familiares”, agregó.
Así, de tumbo en tumbo, el gobierno de Claudia Sheinbaum ha intentado contener en menos de 65% el nivel de ocupación hospitalaria para pacientes con covid-19 y, al mismo tiempo, reabrir las actividades económicas ante la presión social, la pérdida de más de 220 mil empleos formales y la caída de 8.9% de sus ingresos, equivalentes a unos 11 mil millones de pesos en el primer semestre del año.
Pero el virus no cede. El viernes 10 la jefa de Gobierno informó que la Ciudad de México permanecerá en naranja durante la próxima semana. Hasta el cierre de esta edición, la capital del país sumaba 55 mil 344 casos acumulados confirmados de covid-19 y 7 mil 450 decesos a consecuencia de la enfermedad.








