López Obrador y Trump en su mundo feliz

La visita del presidente Andrés Manuel López Obrador a Estados Unidos, donde cubrió de halagos a su par, Donald Trump, se convirtió en un torneo de declaraciones de amistad. Pero éstas no coinciden con la verdadera relación bilateral, en la que el gobierno estadunidense le impuso al mexicano, con graves amenazas, su política antimigrante y su silencio ante la construcción del muro.

Washington.- El encuentro en la Casa Blanca entre los presidentes Andrés Manuel López Obrador, de México, y Donald Trump, de Estados Unidos, fue cuidadosamente diseñado por los dos gobiernos como una sesión de declaraciones por encima de la realidad y los hechos.

La presencia del presidente mexicano en Washington ocurrió en tiempos electorales desfavorables para su anfitrión, quien no ocultó su regocijo cuando su invitado aseguró: “Como en los mejores tiempos de nuestras relaciones políticas, durante mi mandato como presidente de México, en vez de agravios hacia mi persona y, lo que estimo más importante, hacia mi país, hemos recibido de usted compresión y respeto”.

Entre el reducido auditorio de funcionarios y periodistas (entre éstos el corresponsal de Proceso) que atestiguaron los discursos en el Jardín de las Rosas de la mansión presidencial estadunidense, fue inevitable observar las reacciones de sorpresa. Pese al calor insoportable del miércoles 8, la mueca de satisfacción en el rostro de Trump y en el de su yerno, Jared Kushner, contrastó con la incredulidad de los reporteros.

“Usted no ha pretendido tratarnos como colonia… por eso estoy aquí, para expresar al pueblo de Estados Unidos que su presidente se ha comportado hacia nosotros con gentileza y respeto”, machacó López Obrador frente a Trump, quien minutos antes parecía desesperado por el calor y por lo largo del mensaje de su invitado.

Con esas declaraciones, López Obrador borró de la historia reciente de la relación bilateral las acciones ofensivas de Trump hacia México y sus ciudadanos.

“La ciudad de Nueva York y Chicago juegan la carta de Ciudad Santuario, donde se protege a los criminales. Tal vez deben empezar a cambiar sus formas (y manera de pensar)”, escribió Trump en su cuenta de Twitter dos días antes de recibir al mandatario mexicano. Horas más tarde tuiteó cuatro fotografías de la construcción de su muro de acero en la frontera.

Los halagos de López Obrador a Trump enfurecieron a legisladores estadunidenses de origen mexicano y latino.

“Tenía grandes esperanzas para el futuro de México cuando López Obrador ganó la presidencia mexicana, la cual fue bajo una plataforma progresista que buscaba abordar la corrupción, la desigualdad, y rechazar el temario antimexicano y antiinmigrante del presidente Trump. En cambio, se ha convertido en nada más que el colaborador de Trump y ha ejecutado voluntariamente el plan Trump al otro lado de la frontera”, denunció Raúl Grijalba, congresista federal demócrata por Texas de origen mexicano.

“Traición a los mexicanos y los latinos”, denunciaron por igual el senador demócrata de origen cubano, Bob Menendez, y el congresista por Illinois Jesús Chuy García tras escuchar al mandatario visitante.

Antes de llegar a la Casa Blanca para celebrar junto a Trump la entrada en vigor del TMEC, nombre que el mandatario estadunidense le impuso al acuerdo comercial que su país mantiene con Canadá y México, López Obrador había realizado dos ceremonias simbólicas en Washington. Primero acudió al monumento a Abraham Lincoln y luego al de Benito Juárez para depositar sendas ofrendas florales.

Ante el monumento del Benemérito de las Américas, López Obrador fue recibido por unos 150 mexicanos que viajaron desde distintas entidades de Estados Unidos pese a las restricciones por el coronavirus, para verlo de cerca y expresarle su admiración, cariño y respeto.

Con pancartas y gritos de “AMLO te queremos” y “AMLO estamos contigo”, los mexicanos que apoyan al presidente opacaron a los 11 manifestantes que se pararon en medio de la calle ante el monumento de Juárez para gritarle todo lo contrario y acusarlo de comunista.

Una amistad de discurso

“La relación entre Estados Unidos y México jamás había sido tan estrecha como lo es hoy, así como el presidente (López Obrador) dijo hace unos momentos, la gente apostaba en contra de esta relación, pero jamás ha sido más estrecha, más cercana”, afirmó Trump tras la reunión en la Casa Blanca.

Todo era felicidad entre los presidentes y los integrantes de sus gabinetes: Marcelo Ebrard, Alfonso Romo y Martha Bárcena, de México; Mike Pompeo, Mike Pence, Kushner y Steve Miller, por Estados Unidos, entre otros.

“Fue bien vista, bien aceptada nuestra visita por empresarios estadunidenses, por el pueblo estadunidense en general. Por los medios de comunicación. Nos trataron con mucho respeto”, aseguró López Obrador el viernes 10 en su conferencia mañanera, ya de regreso al país.

“Todos los medios de comunicación destacaron la noticia, el encuentro: el New York Times, el Washington Post, el Wall Street Journal, todos los medios le dieron cobertura”, manifestó.

En páginas interiores, no en la primera, el jueves 9 The New York Times y The Washington Post dieron cuenta del encuentro presidencial en la Casa Blanca. Las tres principales cadenas de televisión de Estados Unidos (ABC, CBS y NBC), cuyos corresponsales ante la Casa Blanca cubrieron la reunión, en sus noticiarios estelares del miércoles ni siquiera mencionaron que el mandatario mexicano estaba en Washington.

“En presencia de López Obrador, Trump, quien espera por lo menos igualar el 28% del voto latino que consiguió en 2016, habló positivamente sobre los ciudadanos mexicanos, en un marco de contraste a su tono hostil hacia los inmigrantes indocumentados de México”, recordó The New York Times en su despacho de la página 13.

Por su parte, The Washington Post recordó que en meses recientes, por medio de amenazas, Trump obligó al gobierno de México a cambiar su tradicional política migratoria, renegociar el acuerdo comercial y callar sobre la construcción del muro en la frontera. “Los comentarios positivos de los dos líderes, el miércoles, sacuden cuando se comparan con las tensiones entre las dos naciones vecinas en años recientes”, indicó en la página 12 de su edición impresa.

Los reporteros no daban crédito a lo ocurrido en el Jardín de las Rosas: Trump agradecido con los mexicanos y López Obrador, que paradójicamente escribió el libro Oye, Trump, en el que comparó con Hitler a quien ahora alaba.

Las sorpresas no terminaron con la firma de la declaración conjunta. Una hora antes de que López Obrador regresara a la Casa Blanca después de un receso de unos 120 minutos, cayó la noticia: en un suburbio de Miami, alguaciles federales estadunidenses capturaron a César Duarte Jáquez, el exgobernador priista de Chihuahua acusado de robarse más de 3 mil 500 millones de pesos del erario.

La expectativa de la prensa mexicana era mayúscula. La captura de Duarte se anunciaba justo cuando Trump y López Obrador proclamaban que su amistad superaba a las de todos sus antecesores.

Sin cuestionamientos

Tras “echarse un baño” en la residencia de México en Washington –como lo dijo el jueves 9 la embajadora Bárcena–, López Obrador regresó a la Casa Blanca para asistir a la cena de honor con Trump y un grupo de empresarios.

En el pórtico Este de la mansión presidencial, adaptado como escenario para discursos, los reporteros vieron llegar a Carlos Slim, quien conversaba tranquilamente con sus pares y con funcionarios estadunidenses; entraba y salía con toda soltura de los salones de la Casa Blanca.

En las sillas colocadas frente al pódium destinado para el presidente de México se sentaron Ricardo Salinas Pliego, Olegario Vázquez Aldir, Bernardo Gómez, Carlos Bremer, Carlos Hank Rohn, Francisco González, Patricia Armendáriz, Daniel Chávez, Marcos Shabot y Miguel Rincón.

Amenamente y ante la mirada de los reporteros, los empresarios mexicanos charlaron entre ellos, menos Slim y Armendáriz, que se fueron a sentar junto a sus contrapartes del vecino país.

Pese a estar sentado a la derecha de Salinas Pliego y justo atrás de Goméz, a Hank Rohn González nadie le hizo plática. Los representantes de TV Azteca, Televisa, a los que se unió Vázquez Aldir, ignoraron olímpicamente al hijo del famoso profesor y fundador del Grupo Atlacomulco.

Cuando llegaron los miembros de los gabinetes, Kushner y el vicepresidente Pence fueron a saludar y platicar brevemente con Slim. 

Al fin aparecieron los mandatarios. López Obrador volvió a sorprender a los presentes al declarar que los pronósticos fracasaron porque no hubo pleito con Trump: “Somos amigos y seguiremos siendo amigos”, dijo, entre aplausos de empresarios y funcionarios.

Cada vez que halagaba a Trump, Kush­ner y Miller (autor de todas las medidas antimigratorias de Trump, incluido el plan de infraestructura fronterizo del muro de acero) volteaban hacia el canciller Marcelo Ebrard. 

Al terminar los discursos, y otra vez sin responder a preguntas de los reporteros, los presidentes y los invitados se fueron a cenar al Salón Este de la Casa Blanca. Slim conversó con Pence, Kushner y Miller.

Se supone que lo ocurrido en la cena fue totalmente privado, pero Patricia Armendáriz balconeó a sus pares y a López Obrador con una reseña instantánea de lo que acontecía, a través de su cuenta de Twitter.

En esa visita oficial no se tocaron temas álgidos de la relación bilateral: inmigración, la construcción del muro y la labor de la Guardia Nacional mexicana para contener el flujo de migrantes centroamericanos hacia Estados Unidos. Fue una reunión orquestada así por los dos gobiernos, que determinaron no permitir que la prensa hiciera preguntas incómodas a los presidentes.

Un alto funcionario de la delegación de México que acompaño a López Obrador, quien habló con Proceso a condición de mantenerse en el anonimato, confió: “Logramos sacar de la agenda la propuesta de Miller de que hablaran sobre las cifras de las capturas de inmigrantes indocumentados en la frontera”.

El jueves 9, en la conferencia de prensa en el Instituto Cultural Mexicano, la embajadora Bárcena y Roberto Velasco, director general para América del Norte de la Secretaría de Relaciones Exteriores, admitieron la estrategia que usaron para callar a la prensa.

Velasco apuntó que se eliminó la participación de la prensa tomando en cuenta que López Obrador dijo que no quería que su viaje a Washington abordara otras cosas fuera del TMEC ni que se lo involucrara en el proceso electoral estadunidense. “Esto es como una relación de amistad o de pareja, si uno tiene una esposa a la que no le gusta el futbol y uno insiste todo el día en hablar de futbol, no va a acabar bien la cosa”, dijo.

Pese a todo, las declaraciones de López Obrador fueron usadas electoralmente. Joe Biden, virtual candidato presidencial del Partido Demócrata, señaló que el presidente de México olvidó intencionalmente quién es Trump, pues hace cuatro años, como candidato a la presidencia estadunidense, se refirió a los mexicanos como “criminales”, “violadores” y “narcotraficantes”.

La campaña de reelección de Trump le contestó a Biden que él y el entonces presidente Barack Obama emprendieron un plan migratorio que deportó más mexicanos de Estados Unidos que Trump.

Todavía falta ver qué hará Trump con todos los halagos que recibió de López Obrador para ganar más adeptos entre el electorado estadunidense en las elecciones del próximo 3 de noviembre.