El atentado en el corazón de México

Inédito por la manera en que fue realizado en la Ciudad de México, así como por su objetivo, este viernes 26 un grupo de al menos 28 personas, movilizadas en siete vehículos y armadas con rifles de asalto y fusiles Barrett calibre .50, atacó al secretario de Seguridad Ciudadana, Omar García Harfuch. El funcionario, quien resultó herido y ya se encuentra fuera de peligro, acusó en redes sociales que los agresores son miembros del Cártel Jalisco Nueva Generación… 

Son las 06:38 horas del viernes 26 y en un hecho inédito una lluvia de plomo sacudió a la Ciudad de México… “¡Rápido, rápido… en K5 están tiroteando base!”, gritó un mando policial en la frecuencia radiofónica de la Secretaría de Seguridad Ciudadana (SSC) capitalina. “¡Afirmo, afirmo…! ¡Un puesto de mando se aproxima…!”, respondió otro uniformado. “¡Ya están solicitando el apoyo!”, informó un tercer agente.

Se trataba de una balacera como pocas ocurridas en la capital del país, los disparos con armas de fuego de grueso calibre, entre ellos rifles de asalto –Cuernos de Chivo– y un fusil de francotirador Barrett calibre.50 –capaces de perforar blindaje–, despertaron a los residentes de Lomas de Chapultepec, una de las colonias más exclusivas y vigiladas de la ciudad, que se encuentra en la alcaldía Miguel Hidalgo.

En medio de la emboscada estaba atrapado el titular de la SSC de la Ciudad de México, Omar Hamid García Harfuch, quien fue interceptado con sus escoltas, cuando transitaban por la zona a bordo de una camioneta blindada.

Como todos los días desde el 5 de octubre de 2019, cuando asumió el mando de los más de 80 mil policías capitalinos, García Harfuch se dirigía hacia el Antiguo Palacio del Ayuntamiento, para asistir a la reunión del Gabinete de Seguridad y Justicia que encabeza la jefa de Gobierno, Claudia Sheinbaum Pardo. La cita era a las siete de la mañana. Pero no llegó.

En el cruce de Paseo de la Reforma y Monte Blanco, una cámara del el Centro de Comando, Control, Cómputo, Comunicaciones y Contacto Ciudadano de la Ciudad de México (C5) grabó el momento en que una camioneta blanca de 3.5 toneladas, con rótulos falsos de la constructora Carso, le cerró el paso al vehículo del jefe policial. 

A manera de pinza, detrás de la camioneta de la víctima se puso otra camioneta de menor tamaño… Los agresores sabían que por ahí pasaría el funcionario.

De acuerdo con las primeras investigaciones, el grupo de civiles armados, integrado por al menos 28 personas en siete vehículos, se apostó en la zona del atentado desde las cuatro de la mañana.

Las indagatorias también han arrojado que los sicarios habían sido contratados desde hace tres semanas para concretar la ejecución y que el jueves 25, cerca de las diez de la noche, fueron llevados encapuchados a diferentes lugares de la ciudad para recoger el armamento pesado. Después, durante la madrugada del viernes 26, fueron llevados en una camioneta Suburban blanca a la zona donde realizarían la ejecución del funcionario.

El cruce de Paseo de la Reforma y Monte Blanco era uno de los tres puntos donde se podría realizar el ataque; los otros dos eran Monte Blanco y Explanada, muy cerca de donde ocurrió la emboscada, y Hamburgo y Florencia, en la colonia Juárez, alcaldía Cuauhtémoc, a unos pasos de la sede de la Secretaría de Seguridad Ciudadana capitalina. 

Emboscada

De acuerdo con las imágenes registradas por el C5, al momento del ataque siete civiles armados, encapuchados y vestidos con trajes blancos –parecidos a los que usan los trabajadores de limpia– levantaron sus armas largas y dispararon contra el vehículo del jefe de la policía de la Ciudad de México; los sicarios eran dirigidos por una persona que traía puesta una gorra deportiva y que se encontraba entre ellos. 

Tras las ráfagas, uno a uno los agresores bajaron del vehículo de 3,5 toneladas; algunos de ellos seguían disparando a nivel de calle y otros más abordaron la Suburban blanca que en segundos salió disparada del lugar con los agresores a bordo.

En la caja del vehículo con rótulos falsos los victimarios dejaron varios rifles de asalto y un fusil Barrett, similar al que miembros del Cártel del Pacífico utilizó contra el Ejército en Culiacán, Sinaloa, en octubre último, para liberar a Ovidio Guzmán López, hijo de Joaquín El Chapo Guzmán, actualmente preso en Estados Unidos.

Tras el ataque contra García Harfuch, otro grupo de civiles armados huyó dejando sobre una de las banquetas varias armas de grueso calibre, chalecos antibalas y parte de los uniformes que portaban.

A consecuencia de la refriega, muros y ventanas de las residencias aledañas, mobiliario urbano y negocios locales, como un restaurante, un puesto de flores y uno de periódicos, recibieron impactos de bala.

En el suelo de la zona del crimen, agentes periciales contabilizaron al menos 80 casquillos percutidos de diferentes calibres. Además, cerca del lugar fue hallada otra camioneta usada por los atacantes, en cuyo interior había granadas de fragmentación y de humo, armas de diversos calibres, equipos de comunicación y aparatos utilizados para bloquear frecuencia policiaca y señal celular.

Omar García Harfuch, de 38 años –12 de ellos de carrera policial–, salvó la vida pese a que no traía chaleco antibalas, confió una fuente a Proceso sobre el mando policial. Sin embargo, sí sufrió tres heridas de bala: en la clavícula, el brazo y la rodilla de su lado izquierdo. 

Por el contrario, fueron asesinados su jefe de seguridad, Rafael “O”, cuyo cuerpo quedó en el asiento del conductor del vehículo con blindaje nivel 7 que quedó destrozado, y Edgar “O”, otro de sus escoltas, fallecido cuando era llevado al hospital. 

Las autoridades capitalinas también reportaron la muerte por disparo en la cabeza de Gabriela “G”, una comerciante que transitaba por el lugar en compañía de sus familiares a bordo de un auto compacto. Minutos antes había salido de su casa, en Xalatlaco, Estado de México, hacia los alrededores del Auditorio Nacional, donde tenía un puesto de comida.  

De acuerdo con los primeros reportes, García Harfuch logró salvar la vida porque su discreto equipo de seguridad logró rescatarlo de la balacera y llevarlo a la zona de Virreyes, donde ya lo esperaba un helicóptero Cóndor de la SSC para trasladarlo al Hospital Médica Sur, en la alcaldía Tlalpan, que ya estaba custodiado por unos 600 policías y elementos de la Guardia Nacional y del Ejército.

Mientras era puesto a salvo el mando policial, decenas de uniformados de distintos sectores persiguieron a sus agresores. Al final de la refriega fueron capturadas 12 personas que –horas después se dio a conocer– son originarias de la Ciudad de México, Guadalajara, Guerrero, Nayarit, Chihuahua y Michoacán, así como un ciudadano más de Colombia.

Según sus declaraciones, fueron contratados tres semanas atrás y se organizaron en cuatro células de ataque. Más tarde, las autoridades revelaron que en un operativo en la alcaldía Tláhuac fueron detenidas cuatro personas más, entre ellas, José Armando Briseño de los Santos, El Vaca, presunto autor intelectual del atentado. 

Cerca de las 09:30 horas, antes de entrar al quirófano, García Harfuch publicó en su cuenta de twitter @OHarfuch: “Esta mañana fuimos cobardemente atacados por el CJNG, dos compañeros y amigos míos perdieron la vida, tengo tres impactos de bala y varias esquirlas. Nuestra Nación tiene que continuar haciéndole frente a la cobarde delincuencia organizada. Continuaremos trabajando”.

Al momento del tuit del mando policial, la jefa de Gobierno realizaba una conferencia de prensa para dar a conocer el atentado, pero ni la propia Claudia Sheinbaum ni más tarde el secretario de Seguridad y Protección Ciudadana del gobierno federal, Alfonso Durazo Montaño, se atrevieron a confirmar que el grupo de civiles armados pertenece al Cártel Jalisco Nueva Generación, organización criminal que opera abiertamente en la Ciudad de México.   

Detenciones en su carrera

Omar Hamid García Harfuch es el primer secretario de Seguridad Pública de la Ciudad de México que, en los últimos 23 años, es policía de formación. Durante su carrera ha detenido a líderes del crimen organizado a nivel local como federal.

Nacido en 1982, es hijo de la actriz María Harfuch Hidalgo –conocida como María Sorté– y Javier García Paniagua, expresidente nacional del PRI que fue jefe de la Dirección Federal de Seguridad durante la Guerra Sucia y jefe de la Policía del entonces Departamento del Distrito Federal, en 1988. 

En una entrevista con Proceso (2243), García Harfuch recordó que desde que estaba en la secundaria quería ser militar, como su abuelo Marcelino García Barragán, secretario de la Defensa Nacional en 1968, el mismo que dirigió el operativo militar en la Plaza de las Tres Culturas en aquel negro 2 de octubre. 

El hoy jefe de la policía capitalina estudió derecho en la Universidad Continental y la licenciatura en Seguridad Pública en la Universidad del Valle de México. Alentado por un amigo que quería ser policía, en 2008 –cuando tenía 26 años– aplicó para entrar a la entonces Policía Federal Preventiva y obtuvo el grado homologado de suboficial PF-20. 

En su currículum figuran diplomados en seguridad internacional por la Universidad de Harvard, de Desarrollo de Agentes del Orden, impartido por el FBI, y obtuvo uno más en la Unidad de Narcóticos de la DEA. También ha sido condecorado dos veces con el Mérito Policial (2012 y 2014) y tiene cursos antipandillas en El Salvador y otro más en Israel. 

Agente de confianza del entonces comisionado general de la Policía Federal, Manelich Castilla, en diciembre de 2012 García Harfuch fue coordinador estatal de la División de Seguridad Regional de la dependencia en Guerrero, e integrante del Grupo de Coordinación Guerrero. 

Una investigación de este semanario (edición 2089) advirtió que su nombre fue hallado en una libreta de Sidronio Casarrubias, a quien la entonces Procuraduría General de la República presentó como uno de los principales líderes de la organización Guerreros Unidos, grupo criminal al que la oficialista “verdad histórica” imputó la desaparición de los 43 normalistas de Ayotzinapa, en septiembre de 2014. 

Sobre su nombre en los apuntes del capo, García Harfuch dijo a este semanario: “Yo no he visto nunca la libreta y mi número era muy público. No podría explicar por qué esta persona tenía mi número”. 

Tras su breve paso por la División de Gendarmería, en 2015 fue jefe de la División de Investigación de la Policía Federal. El 9 de noviembre de 2016, el procurador Raúl Cervantes lo designó al frente de la Agencia de Investigación Criminal (AIC). Ahí coordinó la captura en la Ciudad de México de Dámaso López Núñez, El Licenciado, presunto cabeza local del Cártel de Sinaloa, así como las aprehensiones de Javier Duarte, exgobernador de Veracruz detenido en Guatemala, y Roberto Borge, exgobernador de Quintana Roo capturado en Panamá.

En mayo de 2019 participó en la aprehensión de Sergio Flores Concha, El Tortas o El Comandante T, líder de La Fuerza Anti-Unión, y de Pedro Ramírez Pérez, El Jamón, de La Unión Tepito. 

Con la crisis de violencia en la Ciudad de México, el 15 de junio de ese año, Claudia Sheinbaum lo llamó para dirigir a la Policía de Investigación (PDI) de la entonces Procuraduría y la Coordinación de Inteligencia de su gabinete. 

Tres meses después, ante la renuncia de Jesús Orta, le encomendó la SSC. En su lugar dejó a su brazo derecho, Francisco Almazán Barocio, quien ahora está a cargo de investigar el atentado de este viernes 26.

Durante los ocho meses que García Harfuch lleva al frente de la SSC, esta dependencia ha detenidos a Óscar Andrés “N”, El Lunares, el 31 de enero último, uno de los principales líderes del grupo La Unión Tepito, así como de los más peligrosos generadores de violencia por narcomenudeo, secuestros, extorsiones y homicidios.

Recientemente, sus acciones coordinadas con la PDI se han enfocado en la desarticulación de bandas criminales y de narcomenudeo en alcaldías como Venustiano Carranza, Miguel Hidalgo, Cuauhtémoc, Xochimilco, Iztapalapa y Tláhuac. 

El viernes 26, cuando Sheinbaum Pardo informó que García Harfuch estaba fuera de peligro tras el atentado, expresó en uno de sus mensajes públicos: “La policía tiene mando y está trabajando para garantizar la seguridad de la ciudad. Aquí no hay marcha atrás (…)”.