Señor director:
En los medios de información tradicionales ha venido circulando la nota infame de que nuestro presidente Andrés Manuel López Obrador está manejando una política de “polarización” de la sociedad nacional. También han querido esparcir la idea errónea de que todos los males habidos y por haber son culpa del Ejecutivo federal.
Me parece que olvidan que en todas las etapas de nuestra historia nacional ha estado presente la “polarización social”, como en la época prehispánica, durante la Colonia, en la guerra de Independencia, en la Reforma, en el Porfiriato y en la Revolución Mexicana.
Otras “polarizaciones sociales” muy lamentables y que podemos mencionar de manera más concreta son:
Desde la década de los treinta del siglo pasado y hasta la actualidad (¡prácticamente 100 años!) nuestro querido México ha sido “polarizado” en distintos momentos y niveles de poder absoluto, en fraudes, corrupción, saqueos, asesinatos, desapariciones, represiones, traiciones a la patria y “alianzas partidistas”, entre otros, por priistas, panistas (¡con la Iglesia, claro!), psumistas, pecemistas, petistas, perredistas, pevemistas, panalistas, pesistas y un larguísimo etcétera en los que ha predominado los intereses económicos de grupos privilegiados, mientras el pueblo ha sido ignorado sistemáticamente. Me parece que la 4T hace abrigar esperanzas de cambio.
A lo largo del siglo XX y lo que llevamos del XXI hemos sido “polarizados” por el futbol y nos hemos autodenominado chivas, americanistas, atlantistas, rayados, cruzazulinos, choriceros, monarcas…
El país también se polarizó en las décadas de los años sesenta y setenta, cuando era más delito parecer estudiante que ser delincuente, y durante el sexenio de Ernesto Zedillo con el Fondo Bancario de Protección al Ahorro que rescató a los banqueros y al mismo tiempo al pueblo nos cargó una deuda que llevaremos a cuestas varias décadas.
Otro ejemplo, cuando la Secretaría de Hacienda favoreció a los poderosos exentándolos del pago de impuestos mientras para el pueblo raso ha sido forzoso el IVA.
También está el caso de la Suprema Corte de Justicia de la Nación, de Eduardo Medina Mora, que privilegió la impunidad de quienes pueden comprar la justicia, pero aplicó todo el peso de la ley a los desprotegidos.
La polarización también se reflejó cuando una hija de Enrique Peña Nieto nos bautizó como “los proles”, y para Lady Polanco somos “asalariados”. En los sexenios pasados éramos ninis… Pedro Ferriz de Con, al referirse al joven analista político Gibrán Ramírez, lo llamó perro sin pedigrí, aludiendo al origen humilde de éste. Nosotros les hemos respondido con un eufemístico “fifís”.
Más casos de polarización: el lujosísimo y agraviante avión presidencial y la tristemente célebre casa blanca de La Gaviota o cuando en una pancarta de la marcha fifí se leía: “AMLO, los que tenemos cerebro no votamos por ti” y también en el desfile de autos de lujo (vulgo marcha anti AMLO) del pasado 30 de mayo, sin olvidar el asesinato del humilde trabajador Giovanni López, en Jalisco, por no usar cubrebocas.
Como podemos observar, el tema de la “polarización social” no es algo que podamos catalogar como un asunto meramente actual. Los mexicanos tenemos una extensa y amarga experiencia en la materia. Creo que, en mayor o menor medida, todos somos corresponsables de lo que nos ha sucedido: unos por “gandallas” y otros por pusilánimes.
Atentamente,
Profesor Arturo Rodríguez Roque.








