“Capellanes covid”, solidaridad con los enfermos

En su homilía del Jueves Santo, cuando la pandemia del coronavirus atacaba con inusual agresión a Europa, el papa Francisco exhortó a los sacerdotes católicos a “servir” a los contagiados. A principios de mayo la Conferencia del Episcopado Mexicano atendió el llamado y comenzaron a formarse en cada diócesis del país los “capellanes covid”. Son ellos quienes, venciendo el miedo al contagio, aplican los santos óleos a los moribundos, pues, dicen, “se imponen la caridad y la solidaridad con el enfermo”.

Sobre su oscura vestimenta eclesiástica, el sacerdote Andrés López Ruiz se coloca el delantal impermeable y el resto del equipo médico de protección –cubrebocas, guantes, gogles–, y así recorre algunos hospitales de la Ciudad de México para llevar los santos óleos a los enfermos de covid-19 que están a punto de morir. 

Carga consigo un crucifijo, un estuche con hostias y un recipiente con el óleo que aplica en la frente y en las manos de los moribundos, por quienes reza para que Dios perdone sus pecados, les conceda paz y les dé fortaleza en el difícil trance de la muerte.

Y a los enfermos que aún pueden abrir la boca y murmurar algunas palabras, López Ruiz les coloca la hostia entre los labios para darles el viático; la última comunión que reciben ya en su lecho de muerte y conectados muchas veces a un tanque de oxígeno.

Asegura: “Los enfermos de coronavirus son actualmente los más excluidos. Incluso muchos están muriendo abandonados porque sus familias los rechazan. Son como los leprosos en la época de Jesucristo, como los apestados. Nadie los quiere ni ver. Todo mundo les tiene miedo”. 

–¿Usted no le teme al contagio? 

–Claro que me da miedo el contagio. Todos los sacerdotes que estamos llevando los santos óleos a los enfermos de covid-19 tenemos temor a infectarnos, ¡todos! Pero por encima del miedo se imponen la caridad y la solidaridad con el enfermo. 

–¿Son los propios moribundos quienes solicitan sus servicios espirituales? 

–Sí. Ordinariamente son los enfermos y sus familiares quienes piden el auxilio espiritual. Y nosotros acordamos con la familia el momento para ir a dar la unción al enfermo, que puede ser en el hospital o en el domicilio particular. 

“El papa Francisco siempre nos ha pedido ir a las periferias para acompañar a los necesitados. Y ahorita las periferias son los hospitales, y los más necesitados son precisamente los contagiados de coronavirus. Por eso estamos apoyándolos.”

López Ruiz forma parte de los llamados “capellanes covid”, una nueva categoría de sacerdotes que está surgiendo en México y otros países, con el fin de llevar la unción a los contagiados de covid-19 al momento de su agonía. 

Exhorto papal

El 9 de abril, en su homilía del Jueves Santo, cuando la pandemia ya provocaba fuertes estragos, el papa Francisco exhortó a los sacerdotes católicos a “servir” a los enfermos de coronavirus, sin detenerse ante el riesgo del contagio. 

Dijo el pontífice: “No puedo dejar pasar esta misa sin recordar a los sacerdotes. Sacerdotes que ofrecen su vida por el Señor, sacerdotes que son servidores. En estos días, más de 60 han muerto aquí, en Italia, atendiendo a los enfermos en los hospitales, juntamente con médicos, enfermeros, enfermeras… Son los ‘santos de la puerta de al lado’, sacerdotes que dieron su vida sirviendo”.

Con este espíritu de sacrificio –pidió Francisco en su misa– los sacerdotes deben ahora “servir” a los actuales apestados, que son los enfermos de covid-19. 

Siguiendo estas directrices papales, casi un mes después, el 4 de mayo, la Conferencia del Episcopado Mexicano (CEM) emitió el Protocolo de atención espiritual a los fieles durante la contingencia sanitaria por el covid-19, documento en el que ya formaliza, en cada diócesis, la formación de equipos de “capellanes covid”.

El documento establece: “Las obras de misericordia, como visitar al enfermo y dar cristiana sepultura a los difuntos, son acciones que corresponden en primer lugar al sacerdote como pastor propio de una comunidad, que es quien ha de ayudar diligentemente con caridad a los enfermos, especialmente a los moribundos, dándoles fortaleza, administrándoles los sacramentos y participando de modo particular en las preocupaciones, angustias y dolores de los fieles por el fallecimiento de sus seres queridos”.

Indica que los capellanes deben dar tres tipos de atención espiritual: a los enfermos de covid “que están en peligro de muerte” y a sus familias; al personal médico que está “luchando para aliviar el cuerpo de los que sufren”; y también a “los difuntos”, quienes requieren la ceremonia de las exequias. 

De ahí que, “ante la actual emergencia sanitaria, nuestra acción pastoral ante los enfermos, difuntos y sus familias no debe cesar, pero también debe ajustarse a los lineamientos sanitarios, internacionales, nacionales y estatales”. 

Los riesgos 

El protocolo pide que cada una de las 98 diócesis y arquidiócesis de México tenga su propio “equipo de sacerdotes capellanes para esta delicada tarea”, quienes deben recibir una “capacitación acreditada” y “entrar a los hospitales con todas las previsiones adecuadas, de acuerdo a los permisos y lineamientos de la autoridad sanitaria”.

Sobre las características de esos capellanes, pide el protocolo que sean “menores de 55 años y sin comorbilidad”. Deben usar –sigue el protocolo– el mismo equipo de protección personal usado por los médicos: delantal impermeable de manga larga, guantes, mascarilla quirúrgica o respirador N-95 y protección facial contra salpicaduras.

Si el agonizante se encuentra en un hospital, pide que el ritual sea “breve” para no permanecer mucho tiempo en el lugar. Y recomienda tomar más precauciones si el enfermo está en su casa: ahí la unción de los óleos debe hacerse con un hisopo con punta de algodón, o con una bola de algodón, que se quemará después de ser usada, mientas que la hostia debe dársele al enfermo en la mano, no en la boca. 

El protocolo lo firma el encargado de la Dimensión Episcopal de Pastoral de la Salud de la CEM, Domingo Díaz Martínez, arzobispo de Tulancingo. Lo mismo otros directivos del episcopado, entre ellos su presidente, el arzobispo Rogelio Cabrera López. 

De 35 años e integrante del equipo de capellanes de la arquidiócesis primada de México, López Ruiz comenta: “Los ­sacerdotes de la tercera edad corren un alto riesgo de contagiarse. Por eso, a la joven generación de presbíteros nos corresponde integrar estos equipos de capellanes en cada diócesis. Lo ideal es que tengamos entre 30 y 40 años, Y claro, que estemos sanos”. 

–¿Qué otras diócesis ya están formando sus equipos de capellanes covid? 

–La arquidiócesis de Guadalajara tiene actualmente un equipo de ocho capellanes. La diócesis de Cuernavaca tiene también el suyo, creo que de seis integrantes. Otros equipos ya se formaron en las diócesis de Campeche, Celaya, Chilpancingo-Chilapa y Tijuana. Me parece que también en la de Irapuato. Son las diócesis de las que tengo noticias. 

A pesar de ser la principal arquidiócesis del país, la de la Ciudad de México, a cargo del cardenal Carlos Aguiar Retes, hasta el momento sólo ha logrado formar un equipo de escasos tres capellanes covid: López Ruiz y los sacerdotes Roberto Funes y Adrián Lozano. 

“Somos muy pocos. Nuestro equipo se planea ampliar. El cardenal Aguiar lanzó una convocatoria para que se sumen más sacerdotes jóvenes, pero siempre de manera voluntaria”, comenta López Ruiz, quien es vicario de la parroquia de la Sagrada Familia, en la colonia Portales. 

–¿Cómo realiza usted el ritual de la unción a esos moribundos?

–Mire, utilizamos óleo bendito. Cada Jueves Santo el óleo se bendice durante la misa crismal. Luego se distribuye entre los sacerdotes para que lo unjamos a los enfermos. El sacramento de la unción consiste en poner ese óleo sobre el cuerpo del enfermo. Normalmente se le pone en la frente y en las manos. 

“Pero ahora, con la pandemia del coronavirus, algunos capellanes utilizan cotonetes, que son esos palillos con punta de algodón para limpiarse los oídos. Se moja con óleo esa punta de algodón y se unge en el cuerpo del enfermo. Pero yo no lo hago así. Yo utilizó un gotero. Llevo un frasco con óleo y lo pongo con el gotero.

“El ritual consta de algunas oraciones. Básicamente son súplicas a Dios para pedirle que le dé paz, fortaleza y le perdone los pecados al enfermo en esa transición a la muerte. Como son católicos creyentes, saben que están unidos a Jesús desde su bautizo. Y ahora, al momento final de su vida, saben también que el sufrimiento de la muerte es el sufrimiento de Jesús en la cruz. Es muy importante que mueran en esa unión con Cristo. Sin embargo, por estar en los hospitales y tener poco tiempo, estas oraciones las hacemos más breves.

“Claro, también visitamos a los enfermos en sus casas, aunque en mucho menor medida. Yo en sus casas, al ver que todavía pueden probar bocado, les he dado la hostia a manera de última comunión; de viático. Pero nosotros estamos más en los hospitales, donde podemos atender a más enfermos y son lugares más seguros. Nuestra labor es grandísima. Pero finalmente no podemos atender a todos los pacientes que nos lo piden. Muchos están muriendo abandonados y sin auxilios espirituales”. 

Cobertura limitada

En la Ciudad de México, dice López Ruiz, hay 71 hospitales covid, y el equipo de capellanes de la arquidiócesis sólo presta sus servicios, de manera permanente, en tres: el General de México, el Militar Central y Médica Sur. 

“Este es un asunto de humanidad en el que tenemos una gran labor por delante. Es muy común que de pronto me hablen de los hospitales o de los domicilios y me pregunten desesperados: ‘Tenemos un contagiado a punto de morir que pide apoyo espiritual, ¿qué hacemos?, ¿cómo lo ayudamos?’. Y yo les digo: ‘Recen un rosario, hagan tal oración’. Nosotros los sacerdotes, con toda nuestra buena voluntad, desgraciadamente no podemos estar en todos esos lugares”, lamenta.

Ante esta gran limitante, la arquidiócesis de México se vio obligada a emitir la guía ¿Cómo ayudar a alguien a morir en paz?, destinada al personal médico y a los familiares, para que sean ellos mismos, a falta de ­sacerdotes, quienes auxilien espiritualmente a los contagiados al momento de expirar.

Elaborada por Luis Manuel Pérez ­Raygoza, obispo auxiliar de la arquidiócesis, esta guía instruye cómo tratar al agonizante, las oraciones que deben pronunciarse y el breve ritual a seguir, que incluye trazar la señal de la cruz sobre el moribundo y ofrecerle un crucifijo para que lo bese. 

Por otro lado, las ceremonias religiosas a los difuntos, las llamadas exequias, también han disminuido mucho a causa de las medidas sanitarias que limitan a los deudos, por lo que algunos de éstos ahora están recurriendo a las exequias virtuales, por internet.

“Se han complicado mucho las exequias. Yo de pronto, cuando estoy en el hospital ante un recién fallecido, antes de que se lleven su cuerpo le rezo una oración y le doy la bendición. Eso es todo. Sé que ya en la funeraria sus deudos se verán muy restringidos”, dice López Ruiz.

Y refiere que en varios hospitales les prohíben el paso a los capellanes, contraviniendo así –dice– la Ley General de Salud, donde se estipula que todo enfermo tiene derecho a recibir asistencia espiritual.

Agrega: “A petición de los mismos familiares de los enfermos hemos solicitado acceso a algunos hospitales, pero nos impiden entrar; entre éstos el Instituto Nacional de Enfermedades Respiratorias. Sus directivos tienen miedo a que nos contagiemos. Es natural su temor. Lo comprendemos. Pero nosotros, sin ser temerarios, hemos asumido ese riesgo con tal de llevar los sacramentos a los enfermos. Si nos contagiamos, no será responsabilidad del hospital, sino nuestra”.

Hace una pausa. Medita un momento y concluye con voz pausada: “En fin, la pandemia del coronavirus ha colocado a la Iglesia en una nueva situación y ante nuevos retos. ¿Cómo continuar nuestra labor pastoral en las actuales circunstancias? ¿Cómo atender, con nuestras limitaciones, a los enfermos infectados? Estamos aprendiendo… buscando respuestas”.