El médico Fabián Infante Valdez, impulsor del Frente Nacional de Trabajadores de la Salud, lanza la advertencia: alrededor de 20% de los infectados por covid-19 son del gremio. Cuando habló con Proceso ya habían muerto alrededor de 300 compañeros suyos, una enfermera incluso se suicidó cuando dio positivo en la prueba contra el virus. El entrevistado se queja por la cerrazón del gobierno federal pues, dice, se niega a recibirlos desde febrero pasado.
Dos días antes de suicidarse, la enfermera María del Carmen Galeana, contagiada de covid-19 y quien sufría un gran desgaste físico y emocional por atender a pacientes infectados, escribió este angustioso mensaje en su cuenta de Facebook: “Mientras los muertos no sean tus muertos, no entenderás la gravedad de lo que estamos viviendo”.
Hablaba en nombre de sus compañeros trabajadores del sector salud que, con mucho, son la población más golpeada por el contagio, al grado de que representan más de 20% de los infectados a escala nacional, según las estadísticas presentadas el martes 2 por las autoridades sanitarias.
Estas cifras indican que de los 97 mil 326 infectados hasta ese día, 20 mil 217 pertenecían al sector de los trabajadores de la salud. Y de éstos, entre los que se encuentran 271 fallecidos, 42% son enfermeras, 32% médicos y el resto, laboratoristas, químicos, administrativos y demás personal.
El médico Fabián Infante Valdez, uno de los principales impulsores del recién creado Frente Nacional de Trabajadores de la Salud (FNTS), comenta: “Los trabajadores del gremio somos la población más afectada por la pandemia en todo México. Concentramos más de la quinta parte de las infecciones. No hay ninguna duda sobre este hecho tan dramático. Lo demuestran las estadísticas oficiales”.
–¿A qué obedece este alto nivel de contagio?
–Simplemente a que somos la población más expuesta, la que directamente y día con día tiene que lidiar con esta enfermedad contagiosa, porque ese es nuestro trabajo, así de sencillo. No es lo mismo tener contacto ocasional y durante pocos minutos con un infectado, a tenerlo durante jornadas diarias de ocho o 10 horas.
“Además, nuestro trabajo lo hacemos con un equipo de protección insuficiente y de pésima calidad, bajo constante tensión. Todo este desgaste hace que nuestro organismo se inmunodeprima y, por lo tanto, que nuestras defensas bajen, haciéndonos muy vulnerables al virus.”
–¿Y por qué las enfermeras son todavía más vulnerables, dentro del personal de salud?
–Porque ellas están mucho más expuestas al virus. El médico llega, revisa al paciente infectado, deja las indicaciones y luego se va. La enfermera tiene que estar junto al enfermo, tenerlo bajo su cuidado permanentemente. Y ahora, por el déficit de personal, hay enfermeras que atienden a siete u ocho enfermos al día. Tienen sobrecarga de trabajo.
“Es común, por ejemplo, que la enfermera tome poca agua para evitar lo más posible ir al baño a orinar, pues esto implica quitarse y volverse a poner su ya de por sí deficiente equipo de protección, y esta operación aumenta más el riesgo de infectarse. Pero el no ir a orinar les provoca, sin embargo, insuficiencia renal.
“María del Carmen Galeana estaba expuesta a todos estos riesgos y presiones. Por lo que sabemos, tenía graves problemas de depresión. Y aun así, en lugar de mandarla a tratamiento psicológico, sus superiores continuaron siendo muy rígidos con ella. Tuvo que seguir atendiendo pacientes en el hospital de Guerrero donde trabajaba… hasta que se infectó y optó por el suicidio.”
“Si mañana no despierto”
Comenta Infante Valdez que el gran número de infectados en el sector salud “agudiza aún más el ya de por sí alarmante déficit de personal”.
Y añade: “Aquí y allá, en muchos hospitales, se están infectando enfermeras y médicos. Los mandan a sus casas a confinarse en cuarentena y no hay quien los sustituya durante esos periodos. No hay reemplazos. Así, al disminuido personal que queda laborando se le aumenta la carga de trabajo”.
Pese a las convocatorias para contratar más personal, hechas separadamente por la Secretaría de Salud, el IMSS y el ISSSTE, Infante Valdez asegura que sigue habiendo un gran déficit, mientras que los médicos y enfermeras recién contratados –dice– laboran con bajos salarios, sin nombramiento de base ni seguridad social.
Agrega: “El personal médico que estuvo infectado y regresa a trabajar, no sabemos en qué condiciones físicas retorna, pues el virus trae secuelas a largo plazo, como fibrosis pulmonar, que hace depender del oxígeno. Aún está por saberse qué otras complicaciones podría haber. Esto nos preocupa mucho”.
En este contexto, María del Carmen Galeana fue una más de las miles de enfermeras infectadas en México. Y el hospital donde laboraba en el área covid-19, el Raymundo Abarca Alarcón, de Chilpancingo, tenía las mismas carencias que otros nosocomios del país, denunciadas también por su personal.
Junto con otras cuatro enfermeras del hospital, dependiente del gobierno estatal, Galeana fue enviada a su casa al presentar síntomas de covid-19. Durante su confinamiento, en su perfil de Facebook compartía las quejas de sus compañeros de trabajo. Escribió, por ejemplo, lo que le comentó el médico Miguel Zapata: “Si mañana no despierto –me dijo–, quiero que sepan que no me mató el covid, fui muerto por la indiferencia de gobiernos sucesivos que desproporcionaron negativamente los presupuestos de salud”.
Sintiéndose incomprendida por el drama que sufría, Galeana escribió el 29 de mayo: “Mientras los muertos no sean tus muertos, no entenderás la gravedad de lo que estamos viviendo”. Dos días después decidió quitarse la vida.
Como ella, la enfermera Claudia Elizalde Cuéllar, del Hospital Regional de Alta Especialidad de Ixtapaluca, en el Estado de México, también resultó infectada.
Cuenta a Proceso su caso: “Yo trabajo en el área de hematología del hospital, donde no atendemos a pacientes con covid, que están en otras áreas. Por tal motivo, a nosotras no se nos proporciona equipo de protección. Resulté contagiada por uno de mis pacientes que estuvo en el área de urgencias del hospital, donde supongo que él a su vez se infectó”.
Con ocho años de trabajar como enfermera en el hospital, Elizalde cuenta que empezó a tener “mucha fiebre”, por lo que se hizo la prueba del covid-19. Salió positiva. El 8 de mayo tuvo que confinarse en su casa, donde aún permanece en cuarentena.
–Tiene usted casi un mes de confinamiento, ¿por qué tanto tiempo? –se le pregunta.
–Porque mi organismo es muy débil. No resiste mucho. Me fatiga muchísimo subir las escaleras. Cuando me baño, hasta el vapor del agua me cansa. Mi saturación de oxígeno es muy baja. Siento inflamada la parte pulmonar. Tuve que comprarme un tanque de oxígeno para ayudarme a respirar.
Cuenta que sale a consulta a una clínica del ISSSTE de Chalco, donde tiene que hacer largas colas para ser atendida por el único médico que da consulta. “Hay mucha gente para ese solo médico, que me receta algunos medicamentos, ingerir tés y hacer ejercicios respiratorios para fortalecer mis pulmones”, dice.
–¿Cuándo se reintegra a su trabajo?
–No lo sé. Hasta que me componga. Por lo pronto he estado pidiendo más días para estar en casa.
–¿En qué áreas de su hospital se trabaja sin equipo de protección?
–Aparte del área de hematología, donde laboro, en las áreas de ginecología y de cirugía se trabaja sin equipo de protección personal. Solamente a los del área covid se les entrega el equipo. Al menos eso ocurría hasta principios de mayo, los últimos días en que fui a trabajar. No sé ahora, pues me comentan que la infección se está propagando dentro del hospital.
Médica de ese mismo nosocomio, donde trabaja en el área covid, la doctora Gabriela Soto Acosta también resultó infectada, aunque aclara que no se infectó en el hospital, sino en la calle: “A finales de abril, andaba yo en un mercado de Ixtapaluca. Ahí, un señor que no estaba cubierto me contagió”.
Los primeros síntomas, refiere, fueron dolor de piernas, náuseas y vómito. Después vinieron la tos y los dolores de cabeza y de espalda. Se realizó la prueba y dio positivo. Estuvo confinada en su casa del 7 al 29 de mayo.
Ya retornó a trabajar al área covid, por lo cual es de las médicas que sí recibe bata, cubrebocas, botas, gogles y demás insumos de protección. “A mí sí me proporcionan equipo para trabajar”, dice, ya repuesta de la infección.
Contagios en clínicas de la Cdmx
Pese a no atender a pacientes con coronavirus, entre los médicos legistas de la Ciudad de México, adscritos a la Secretaría de Salud capitalina, también ya empiezan a darse muertes y contagios por el virus.
Es el caso de Uriel Elías Guzmán, de 40 años, quien trabajaba como forense en las coordinaciones de la alcaldía Miguel Hidalgo. Falleció a causa de covid-19 el pasado 4 de mayo.
“No sabemos cómo se infectó, quizá en alguno de sus recorridos por las coordinaciones de la Miguel Hidalgo. Tampoco sabemos a quiénes infectó, pues no se realizaron los estudios de contacto, pese a que laboramos en una institución de salud”, dice su compañero de trabajo, el también médico legista Gerardo Delgado Flores.
Delgado agrega que el fallecido no tenía contrato de base, por lo que carecía de las prestaciones de ley. “Su viuda y sus tres hijas quedaron en total desprotección”, se lamenta.
–¿Qué porcentaje de los médicos legistas de la ciudad trabajan en esa condición?
–Somos alrededor de 500, de los cuales la mitad está sin base. No tienen antigüedad, ahorro para el retiro, representación sindical ni otros beneficios. Aparte, ganan aproximadamente 40% menos que los médicos con base.
El gremio de estos legistas capitalinos supone que el principal foco de contagio proviene de la Coordinación Territorial Coyoacán 3, a la que llaman coloquialmente el “concentrado de cadáveres”, porque ahí llevan los cadáveres de las personas que mueren por covid-19 en la vía pública, solos en sus domicilios o en los hospitales y prisiones, y no son reclamados por sus familiares.
A ese depósito –en avenida Cafetales, de la colonia Culhuacán– acuden los médicos legistas a manipular los cadáveres para expedir los certificados médicos o de defunción. En ocasiones también tienen contacto directo con los familiares de los fallecidos, que llegan a reclamar los cuerpos.
“El ‘concentrado de cadáveres’ es un foco de contagio que luego se propaga entre el personal médico forense, por el contacto entre nosotros, aunque algunos no hayamos estado en el depósito”, dice Delgado.
Ante esta situación, los forenses pusieron a circular en redes sociales el video “No somos héroes, somos seres humanos”, donde ocho de ellos dan sus testimonios y hablan de sus pésimas condiciones laborales.
Uno de los testimonios en el video es el del médico David Velasco, adscrito a la alcaldía Gustavo A. Madero. Entristecido, Velasco refiere que resultó contagiado y luego él contagió a su padre, quien murió a causa del covid-19.
Según las más recientes estadísticas del gobierno capitalino –del 28 de mayo–, han sido contagiados 200 trabajadores del sector salud en la Ciudad de México: 122 laboran en hospitales y 78 en centros de salud.
Pero aquí ocupan un segundo lugar, pues son superados por los trabajadores del Sistema del Transporte Colectivo Metro, que tienen 320 contagiados. En tercer lugar están los trabajadores de la Secretaría de Seguridad Ciudadana, con 131 infectados.
Infante Valdez señala que el FNTS –que ya aglutina a ocho organizaciones de trabajadores y organiza protestas en los hospitales– está pidiendo abrir “mesas de diálogo” con las autoridades sanitarias, a fin de encontrar medidas para contener el alto grado de contagios y mejorar la situación laboral de los empleados del sector.
“Desde febrero hemos solicitado audiencia con el secretario de Salud y el presidente López Obrador. Pero no tenemos respuesta. Hay cerrazón del gobierno. Mientras tanto, seguiremos manifestándonos afuera de los hospitales.”








