“Gran remate patrimonial Covid-19”

Este proyecto, que consiste en la venta conceptual de bienes patrimoniales que se ubican en la Ciudad de México y que son tan emblemáticos como el Ángel de la Independencia, cuestionables como la Estela de Luz, irreverentes como las pintas que dejaron las marchas feministas en distintos monumentos, e inclusive tan utilitarios como una silla para ejercitarse en un parque público, destaca no sólo por su objetivo de apoyar con alimentos a los artistas y trabajadores de la cultura que se encuentran en estado de precariedad.

Además, por su identidad como arte público, Gran remate patrimonial Covid-19 abarca artivismo, mercado y crítica política.

Concebido en su origen por el pintor El Gritón y el muralista Polo Castellanos, a raíz de un comentario irónico de este último –quien ante la urgencia económica provocada por la pandemia propuso vender los ladrillos de cuarzo que componen los 284 pisos de la Estela de Luz, el proyecto, con la colaboración, entre otros, de los artistas Néstor Quiñones y César Martínez, se concretó en un divertido proyecto artístico-conceptual que se basa en el remate ficticio del patrimonio.

(Cabe mencionar que la Estela de Luz es también llamado Monumento a la Corrupción, por las irregularidades en su levantamiento y excesivo costo de 1 mil 575 millones de pesos erogados durante el gobierno de Felipe Calderón.)

Lo que se vende son “reapropiaciones estéticas” –o resignificaciones– que hacen los artistas sobre bienes patrimoniales que ellos eligen o inventan. Con base en lo que señala Quiñones, las reapropiaciones tienen el objetivo de resignificar el concepto de monumento, para detonar apropiaciones simbólicas personales que hagan sentir que “todos participamos y somos parte del patrimonio”. Como en todas las prácticas conceptuales de soporte inmaterial, la idea –en este caso la reapropiación– es la obra y la mercancía. Su venta y existencia se concreta en un certificado que registra el fundamento artístico, la propuesta específica, la imagen de referencia y la trayectoria del artista.

Promovido por las organizaciones Asamblea por las Culturas, No vivimos del aplauso, y el Movimiento colectivo por el arte y la cultura de México, el remate concentra sus precios en un rango de 100 a 500 pesos. 

Sin un trabajo curatorial que defina o limite participaciones y patrimonios, Gran remate… está integrado por artistas que se invitan entre ellos. El patrimonio no se centra en inmuebles, sino en ideas que permiten expandir su significación. Entre ellas, algunos hechos históricos, como cuando el expresidente López Portillo sollozó y se comprometió a defender el peso “como un perro” y que El Gritón vende por 500 pesos.

Igualmente, la incapacidad del gobierno mexicano de negociar el regreso del Penacho de Moctezuma, que vende Aldo Flores en 500 pesos; la denuncia de contradicciones en la administración de construcciones oficiales que concreta Esmeralda Ortiz en Del Palacio de los mil soles al Palacio de los rebotes por 500 pesos; el daño que ocasiona la Velaria del Auditorio de la Guelaguetza al disfrute visual de la naturaleza oaxaqueña y que Demián Flores comercializa en 200 pesos; y el uso kitsch que se hace en el extranjero de la iconografía prehispánica, que Ximena Labra ofrece en 100 pesos a través de una imagen de la desagradable Cabeza Olmeca de Vallecas, en Madrid. 

Integrada el pasado miércoles por sólo 24 artistas que vendían varias reapropiaciones cada uno, entre los certificados también se encuentran indiscreciones personales, como el desapego que manifiesta Beatriz Canfield al pedir 500 pesos por sus queridas Torres de Ciudad Satélite.

El total de las ventas se ocupará en adquirir alimentos para distribuir a los artistas y trabajadores de la cultura, entre ellos el movimiento Arte en Resistencia que fundó el fotógrafo Jorge Panameño, entrevistado por Roberto Ponce (Proceso 2271). La exhibición, venta e información general del Gran remate… se encuentra en https://www.asambleaporlasculturas.org/.