“Decisiones difíciles”

El expresidente Felipe Calderón ha escrito su versión de lo que a su juicio fueron los momentos más complejos de su administración, en su texto Decisiones difíciles, de 376 páginas. La obra lo retrata por lo que tiene y por lo que le hace falta. Veamos.

Primero. De entrada había que apuntar que la obra no observa el rigor metodológico mínimo, lo que –aclaro– no significa que ello deba ser aburrido y necesariamente academicista. En efecto, sea como fuese, en la narrativa debe haber un hilo conductor. No es el caso y se incurre en una verdadera paradoja: en su obra Calderón insiste en forma recurrente en que hizo uso del método de aproximaciones sucesivas y del rigor metodológico para seleccionar el equipo de su gobierno y, con mayor razón, en la toma de decisiones, pero ello no se refleja, en modo alguno, en la estructura del volumen de referencia: a) No hay división en capítulos o secciones más o menos sincrónicas, b) Las citas a lo largo de la obra son mínimas y se hacen mal; en algunos rubros donde encuentra asideros en fuentes, se hacen citas para reforzar sus argumentos, pero en la inmensa mayoría de los casos sólo se queda en sus dichos; c) No hay una secuencia cronológica como inicia la obra y se espera que la siga, y deja muchos vacíos entre periodos y temas que forman parte de su atención discursiva, lo que empobrece el texto. 

Segundo. Se puede concluir que la obra fue escrita al margen de la realidad histórica. Si había elementos de la realidad que se ajustaban al discurso se citaban, si no, se dejaban fuera para seguir la narrativa. El expresidente Calderón desmerece su obra al dedicar juicios calificativos para ajustar cuentas con sus detractores internos que, una y otra vez, son citados negativamente. Esa práctica afecta la calidad de la obra (por innecesarios, reiterativos e insertados, por ello mismo, a la menor oportunidad) y le resta seriedad al caer en filias y fobias domésticas. Hay un esfuerzo por generar empatía con la sociedad, al menos con el sector de la clase media, y apelar a su inteligencia emocional más que a la racional, lo que no es logrado, empero, por los deslices referidos en la redacción del texto. Busca presentarse como un hombre responsable y un estadista con muchos aciertos y mínimos errores (justificados éstos en la mayoría de las ocasiones con el argumento de que fueron producto de la información que tenía disponible). 

Por supuesto, y es entendible, que parte de la obra es un alegato de que él sí tiene proyecto y método para gobernar, a diferencia del presidente Andrés Manuel López Obrador, y que la guerra contra el narco nunca fue dicha. 

Tercero. En los aspectos de fondo y más controversiales es donde el apoyo de datos externos brilla por su ausencia y donde, en cambio, sus palabras hacen las veces de prueba, autoridad moral y dogma de fe al mismo tiempo. Es el caso de lo que se conoce como el “michoacanazo”, que sigue justificando a la distancia como algo correcto, cuando hay distintos elementos que ponen en duda esa convicción de Calderón. (ver https://www.scielo.org.mx/pdf/mlr/v8n1/v8n1a1.pdf) y el hecho de que todos los imputados en ese proceso fueron al final del día absueltos, no fueron uno, dos o tres, sino los 32, y no por un juez de distrito, como lo apunta erróneamente Calderón, quien sabe que esa primera instancia en sede judicial federal admite una segunda instancia que puede confirmar o rectificar. En este emblemático proceso, en segunda instancia fueron puestos en libertad todos y cada uno de los imputados, lo que adquirió el estado de “cosa juzgada”, es decir, que ya no eran apelables. Eso es una realidad histórica y jurídica incontrovertible. El brillante abogado Ignacio Jiménez y el entonces senador Carlos Sotelo jugaron un rol especial en restituir el estado de derecho en este lamentable proceso. En el mismo sentido, nada dice al haber informado falsamente de la muerte del presunto narcotraficante Nazario Moreno, en Michoacán. En efecto, en su quinto informe de gobierno afirmó que: “Nazario Moreno González, El Chayo, principal líder delictivo, responsable del adoctrinamiento y uno de los fundadores de la organización criminal de La Familia, fue abatido por Fuerzas Federales en diciembre de 2010” (quinto.informe.gob.mx/informe-de-gobierno/resumen-ejecutivo/estado-de-derecho-y-seguridad). 

En 2014, empero, tuvo lugar la muerte del citado criminal. (https://url2.cl/MhAes). Hay un riguroso texto de periodismo de investigación que da cuenta pormenorizadamente de este caso, de la autoría de Marco Lara Klahr, en el que se detalla la mentira histórica de Calderón (Cosas de familia, Penguin Random House, México, 2012).

Cuarto. En otros aspectos importantes guarda silencio (como la inconstitucional delegación a cargo de Alfredo Castillo en Michoacán en un gobierno paralelo de facto). Afirma asimismo que no conocía a Genaro García Luna, pero así, sin ese conocimiento mínimo, le dio un rol estelar en su gobierno, todo gracias a su metodología aplicada. No se digna explicar la ética política en acción al reformar el último día de su mandato el Reglamento del Estado Mayor Presidencial (EMP), el 30 de noviembre de 2012, para otorgarse a él y a su familia prestaciones únicas:
a) Protección del Estado Mayor sin límites;­ b) Atención en el Hospital Militar;
c) Escoltas para los exjefes del EMP y otras reformas más. Estas acciones en derecho se denominan pro domo sua (en provecho o ventaja propia), colocadas justamente al extremo contrario de la ética pública mínima que Calderón arguye como norma de vida. También el expresidente se atribuye la reducción de las tarifas telefónicas de larga distancia, que se tradujo en ahorros para los mexicanos. Ello sucedió, pero el programa denominado “El que llama paga” fue aprobado por la Comisión Federal de Telecomunicaciones en el periodo de Vicente Fox y empezó a funcionar el 4 de noviembre de 2006, antes de que se iniciara la gestión de Calderón (https://cutt.ly/jyURcHv), y la reducción de las tarifas de larga distancia fue una realidad el 1 de enero de 2015, más de dos años después de haber concluido la administración calderonista (https://cutt.ly/VyURbx8).

Y así podrían enumerarse muchos temas más con errores graves. En suma, la obra es una mezcla de fake news, posverdades y errores mayores metodológicos, y una gran verdad: lamenta profundamente la reforma constitucional garantista de derechos humanos de 2011, que pintan de cuerpo entero a Calderón.

@evillanuevamx

ernestovillanueva@hushmail.com