Ya no es posible evadir la urgencia de renovar y reestructurar al sector gubernamental de la cultura. La caducidad política de la Secretaría de Cultura (SC) federal y la ineficiencia profesional de sus funcionarios, se ha evidenciado notoriamente durante la emergencia sanitaria del covid-19.
En el territorio general de los creadores y mediadores independientes, la crisis económica que les ha provocado la contingencia no ha sido atendida ni a tiempo ni con responsabilidad política. Concentrado en un programa que, con el título de Contigo a la distancia. Movimiento de arte en casa, desde su origen manifestó su carácter excluyente, insuficiente y tribal, el apoyo de 20 mil pesos –o más bien, el intercambio por un proyecto para difundir en plataformas en internet–, presentó tantas dificultades administrativas para llegar a los mil 351 beneficiados, que la SC canceló el requisito de la factura fiscal que les había solicitado (El Universal, 5 de mayo 2020). Una decisión cuestionable de la titular de la dependencia, Alejandra Frausto, que no coincide con el rigor fiscal que ha manifestado el presidente Andrés Manuel López Obrador.
Otro aspecto que manifiesta la caducidad política de la SC es su incapacidad para servir a la diversidad creativa de nuestro país. Concentrada en prácticas y jerarquías artísticas de legitimación institucional, la secretaría no atiende las necesidades de trabajadores que, considerados de menor rango artístico, forman también parte de nuestra escena cultural. Entre ellos, los artistas callejeros conocidos como estatuas vivientes.
Espectaculares tanto por su diseño corporal como por su capacidad de mantenerse inamovibles durante largos periodos de tiempo, las estatuas vivientes son artistas de un sector que ha sido fuertemente dañado durante la contingencia. Ubicados muchos de ellos en la calle de Madero, en el Centro Histórico de la Ciudad de México, desde los primeros días de abril dejaron de percibir ingresos debido a que se cerró el acceso al paseo peatonal.
¿Qué instancia gubernamental es la encargada de atender, proteger, regular y apoyar las actividades de los artistas callejeros? Representados por mimos, músicos y vendedores de artesanía urbana, cuyas creaciones casi nunca se registran en el territorio de la alta cultura –con excepción de la colección que, como parte de su propia propuesta, integró el estupendo artista conceptual Melquiades Herrera–, la economía creativa informal y callejera debería ser un capítulo a tratar en la Secretaría de Cultura federal.
Conscientes de que la contingencia ha provocado una situación de urgencia económica a muchísimos creadores y mediadores independientes, que no son apoyados ni por la SC ni por el recientemente extinto Fondo Nacional para la Cultura y las Artes (Fonca) –desapareció el fideicomiso que lo sustentaba pero se siguen y seguirán otorgando los apoyos y becas–, tres colectivos de artistas se unieron para gestionar apoyos gubernamentales: Asamblea por las Culturas, #No vivimos del aplauso, y Moccam. Y si bien la primera solicitud de 15 mil pesos para 100 mil creadores fue rechazada, el pasado miércoles 6 de mayo, después de enlistar a 3 mil 500 creadores que están en situación de precariedad económica, lograron que la SC los apoye con dos salarios mínimos –aproximadamente 7 mil 300 pesos– durante 3 meses.
Aun cuando es un logro de los colectivos, la resolución no cierra la gestión. Alejandra Frausto tiene la obligación de servir a todos los sectores de la economía creativa. Si faltan recursos, podría solicitar en donación un porcentaje de su beca a los artistas del Sistema Nacional de Creadores. Recurrir al presupuesto del proyecto Chapultepec es otra opción, como lo consignó Columba Vértiz (Proceso 2070) según propusieron los diputados de la Comisión de Cultura.








