Famosa por su densidad poblacional, la precariedad de sus servicios urbanos y la ola de violencia, en estos tiempos de emergencia sanitaria la alcaldía de Iztapalapa registra el mayor índice de contagios por coronavirus. En ese microcosmos del caos ubicado al oriente de la Cdmx todo se alteró; hoy la gente convive con comerciantes, taxistas y cargadores de la Central de Abasto, y así como se observa en la calle a ciudadanos responsables que se protegen y guardan la sana distancia, muchos aseguran que el coronavirus no existe y siguen su camino.
En la entrada del mercado popular El Manto, en la colonia del mismo nombre en la alcaldía Iztapalapa –el centro de la pandemia de covid-19 en el país entero–, una mujer se molesta porque los locatarios le piden ponerse un cubrebocas y lavarse las manos con gel antibacterial para dejarla entrar. “Todos ustedes están mal –les dice–. El virus no existe. La suya es falta de ignorancia (sic)”.
–¿Usted no cree que el virus existe, señora? –pregunta la reportera.
–No. A ver, ¿por qué si los chinos crearon el virus, no mandan la vacuna? Si Dios hizo resucitar a un muerto, que no pueda quitar el virus. ¡Por favor!
Visiblemente enojada, la mujer se queda en la puerta del mercado en espera de que la locataria que vende comida preparada le lleve su pedido. Al recibirlo, le paga y se aleja entre murmullos.
De los 2 mil 457 municipios del país, Iztapalapa registra el mayor número de incidencias por covid-19: mil 680 confirmados acumulados, 506 activos y 119 defunciones hasta el corte del viernes 8, según el “Monitoreo de casos en México por municipios” hecho por la UNAM, con base en cifras de la Secretaría de Salud.
Según esta dependencia, hasta ese día en la Cdmx había 8 mil 705 casos confirmados acumulados, de los cuales 2 mil 95 estaban activos y las defunciones sumaban 729. En el ámbito nacional había 31 mil 522 acumulados, 8 mil 48 activos y 3 mil 160 muertes.
La zona más crítica
Con sus poco más de 1 millón 815 mil habitantes, Iztapalapa es la alcaldía más poblada de las 16 de la capital. Es también la que registra más índices delincuenciales, pobreza, hacinamiento y asentamientos irregulares, una histórica carencia de agua potable y ahora también es la demarcación con más casos de covid-19.
Iztapalapa colinda con varios municipios del Estado de México, la segunda entidad con mayor número de casos de la pandemia a escala nacional, con 5 mil 418 hasta el viernes 8.
Datos proporcionados ese día por la Secretaría de Salud indican que la zona oriente del Valle de México se ha convertido en la más contagiada por la pandemia en todo el país, con 6 mil 108 casos.
En ese entorno están precisamente Iztapalapa (mil 680 casos), junto con los municipios mexiquenses de Ecatepec (669), Nezahualcóyotl (719), Chimalhuacán (294), Los Reyes La Paz (112), Ixtapaluca (192), Valle de Chalco (142) y Chalco (217), así como las alcaldías de Iztacalco (534), Gustavo A. Madero (mil 139) y Venustiano Carranza (410).
En los puentes peatonales de las avenidas principales de Iztapalapa cuelgan mantas que alertan del riesgo de contagio: “¡Por amor a los tuyos, quédate en casa!”, “¡No le juegues al virus…!”, “¡El peligro está en la calle…!”, “¡Afuera te espera el virus …!”, “¡No te la juegues, quédate en casa!”.
Afuera de mercados y establecimientos comerciales, otros carteles ilustran con dibujos los síntomas “leves” y “graves” de la enfermedad. Y advierten: “¡Si tienes algún padecimiento pulmonar… si padeces sobrepeso u obesidad… si estás embarazada, estás en riesgo!”. De paso, ofrecen los números telefónicos para solicitar ayuda a los gobiernos local y federal.
Pegados en las paredes, decenas de carteles de la campaña “Quédate en casa, quédate vivo”, de la Alianza por el Valor Estratégico de las Marcas –la misma que criticó el presidente Andrés Manuel López Obrador– recuerda a los iztapalapenses: “Mientras más gente en las calles, más gente en los hospitales”, “Fase 3: 1. No salgas 2. No salgas 3. No salgas” y “A este póster le importa más tu salud que a ti”.
Sin embargo, ninguna de esas alertas ha impedido que la demanda en los hospitales del oriente de la ciudad disminuya. Por el contrario: el jueves 7 el diario Reforma publicó que el Hospital General Regional Ignacio Zaragoza, del ISSSTE, en la colonia Juan Escutia, rentó desde hace dos semanas un tráiler con sistema de refrigeración para almacenar los cadáveres de fallecidos por el coronavirus y que, por diversas razones, no eran recogidos por sus familiares.
Según el sitio hospitales.covid19.cdmx.gob.mx, seis de los nueve nosocomios públicos de las dependencias locales y federales ubicados en la zona oriente de la metrópoli están saturados.
El virus, a pie
Aun así miles de capitalinos siguen en la calle. Van como si el virus no existiera o sin cumplir las medidas sanitarias marcadas por la autoridad. En el barrio San Lucas, donde está la sede de la alcaldía gobernada por Clara Brugada –antes perredista, hoy morenista–, se ven mototaxistas sin cubrebocas, mujeres que llevan a sus hijos con esa protección pero ellas la ignoran, conductores de microbús que la traen en la papada o en el cuello, mientras unos cuantos pasajeros la usan bien dentro de la unidad, aunque no respeten la sana distancia.
En la avenida Ermita Iztapalapa un vendedor de refacciones automotrices amplía su oferta para ofrecer cubrebocas y caretas protectoras. En el panteón frente a la sede de la alcaldía, una familia lamenta no poder visitar la tumba de su madre. Según la orden sanitara la entrada se restringió a quienes van a sepultar a algún familiar o conocido. En esta emergencia sanitaria el entorno donde descansan los muertos es “zona de alto contagio”.
En la colonia Hank González, tiendas de abarrotes instruyen con carteles en la entrada: “Sólo una persona por compra” y “favor de mantener la sana distancia”. Pero también hay establecimientos que no acatan la orden de cierre por no hacer actividades esenciales, por ejemplo uno de lectura de tarot y café. Eso sí, cuidadoso, en la puerta indica un letrero: “Por disposición oficial, sólo una persona a la vez”.
En la Desarrollo Urbano Quetzalcóatl, una de las más peligrosas de la alcaldía y de la ciudad –donde el 4 de julio de 2019 comenzó a patrullar la Guardia Nacional– las autoridades locales instalaron una mesa permanente para coordinar la entrega de pipas de agua potable debido a la escasez del líquido en estos días de emergencia sanitaria, explica Ricardo Aquino, coordinador de Proyectos de Obras y Servicios de la alcaldía.
Pero más allá de ese orden, en las calles de esa colonia colindante con el Estado de México están abiertas las cortinas de casi todos los establecimientos, como si la pandemia no fuera una amenaza real. La gente entra y sale, lo mismo de una maderería que de una tienda que vende colchones y hasta de una casa particular de cuyo zaguán pende ropa interior de dama, caballero y niños con “piezas de remate”.
En la colonia El Manto, tiendas, pollerías, panaderías y verdulerías anuncian que están incorporados al programa “Mercomuna”, con el que la alcaldía da vales de “cuitláhuacs” –en vez de pesos– a los beneficiarios del programa federal Liconsa para canjearlos por alimentos cada quincena. A su vez, la autoridad se los cambia a los comerciantes por moneda nacional. Dicho programa se aplica en la mayoría de las alcaldías como ayuda a los más vulnerables durante la emergencia sanitaria.
Una locataria comenta que, a raíz del funcionamiento de ese programa, también llegaron los extorsionadores, quienes, con falsas credenciales de verificadores de la Procuraduría Federal del Consumidor, argumentan que el establecimiento es irregular y piden dinero a cambio de no clausurarlo.
Después de la denuncia, pregunta: “¿Es cierto que los doctores están matando a la gente?, ¿será verdad que el gobierno les pagó para inyectarnos porque ya somos muchos y nos quieren exterminar? Me contaron que el hermano de mi cuñada entró al hospital por un dolor de estómago, pero se murió por coronavirus y a las dos horas ya se los entregaron en cenizas. ¿Qué estará pasando?”.
La Ceda, riesgo y sobrevivencia
En Iztapalapa, la Central de Abasto (Ceda), el mercado de alimentos más grande del mundo, ya se considera zona de alto riesgo. En sus 327 hectáreas y entre sus poco más de 90 mil trabajadores, las autoridades habían confirmado 27 casos de covid-19 y dos fallecimientos hasta el jueves 7.
Sin embargo, dueños de bodegas y empleados aseguran que los enfermos son muchos más, pero no los reportan por temor a que cierren sus locales. Eso les significaría más pérdidas de las que llevan, pues miles de clientes han dejado de ir a comprar por temor a contagiarse. El jueves 7, el fideicomiso que dirige la Ceda reportó que el peaje bajó 33%, particularmente de los compradores al
menudeo.
Desde la semana pasada, brigadas de empleados del fideicomiso se enfundan en trajes blancos, con goggles, mascarilla y guantes, toman la temperatura y ofrecen gel antibacterial a los clientes que no pueden darse el lujo de comprar sus alimentos en los supermercados. También recorren los pasillos para sanitizarlos y repiten en el megáfono las recomendaciones de usar cubrebocas, lavarse las manos y respetar la sana distancia.
La mayoría de los clientes se protegen nariz y boca, pero no van solos, sino acompañados de dos o tres personas. Como los trabajadores, muchos compradores son originarios de municipios mexiquenses o de otras entidades donde quizá no hay medidas tan estrictas para evitar el contagio.
En medio de un pasillo, sentado sobre su “diablito” y sus huacales, Vicente Quinto espera a que algún cliente le pida cargar su mercancía por 25 pesos “la vuelta”. Tiene 77 años, de los cuales lleva 37 trabajando en la Ceda. “No me da miedo el virus. Con esto me siento protegido”, dice, al tiempo que muestra el cubrebocas que lleva del cuello a la boca; está sucio por el prolongado uso.
En otro pasillo, un hombre de unos 35 años ofrece masajes y “acomodo de huesos” a los cargadores o a quien lo necesite. Su tarifa va de 250 a 500 pesos, “según el problema que traiga”, dice.
Y explica: “Yo vivía de esto en Canadá. Me iba muy bien, pero me deportaron y ahora vine a buscar chamba aquí. Ahí va saliendo”.
Una alcaldía rebasada
Janeth Hernández Sotelo, presidenta de la Red Ciudadana y Mujeres Embajadoras de Iztapalapa, admite que los gobiernos central y de la alcaldía han hecho un trabajo importante para prevenir los contagios entre los iztapalapenses.
Asegura en entrevista: “La contingencia ha rebasado al gobierno de la alcaldía porque la ciudadanía está en crisis económica y con desinformación. No se ha hecho una campaña suficiente, la gente no cree en el contagio y sale a hacer sus actividades cotidianas sin precaución, lo que genera un problema que puede complicarse más”.
La exdiputada local del PRD reconoce que el acuerdo para no realizar masivamente el viacrucis en Semana Santa –al que tradicionalmente acuden unos 2 millones de personas– ayudó un poco a que no hubiera más contagios.
Sin embargo, critica que recientemente la entrega de vales del “Mercomuna” en las lecherías de Liconsa “generó una gran movilización de gente que estaba amontonada. A muchos que no estaban en el padrón los tuvieron formados cuatro o cinco horas sin sana distancia. Los pusieron en riesgo”.
Afirma que la decisión de la alcaldía de suspender 350 tianguis –entre ellos los de San Juan, El Salado y Las Torres, conocidos por su gran tamaño y afluencia– para evitar aglomeraciones, “está provocando que la gente vaya a los supermercados, lo que la hace más vulnerable por ser un lugar cerrado y porque deben hacer grandes filas en la calle. El cierre de tianguis se hizo sin tener un plan de abasto para la población, sabiendo que es de bajos recursos y que los precios de los alimentos están subiendo”.
Hernández asegura que los programas de apoyo como los microcréditos que ofrece el gobierno federal y la ayuda económica a comerciantes informales del gobierno local no están abiertos a toda la gente, pues los padrones “ya están llenos y siempre son los mismos”. Al contrario, asegura que la alcaldía deja desprotegidos a unos 4 mil habitantes de colonias más vulnerables como Peñón Viejo, El Hoyo, Ejército de Oriente, Santa Catarina, San Francisco Apolocalco y Solidaridad Ermita Zaragoza, entre otras, a cuyos habitantes les lleva comida la Red que ella preside.
En resumen, la perredista afirma: “Iztapalapa está en crisis por el covid-19, por falta de credibilidad de los habitantes en el virus, porque la campaña informativa no ha sido suficiente y porque la alcaldía no tiene un plan de apoyo económico para toda la gente. Por eso salen de sus casas a buscar comida. Las dos semanas que vienen serán muy duras para la gente de esta demarcación”.
Proceso solicitó una entrevista con la alcaldesa Clara Brugada. Hasta el cierre de esta edición no obtuvo respuesta.








