Las tribulaciones del embajador en París

Debido a la cuarentena impuesta por la pandemia, sólo dos aeropuertos europeos siguen teniendo vuelos hacia México. Uno de ellos está en París. En entrevista con Proceso, el embajador mexicano ante el gobierno francés narra los trámites –algunos de ellos muy complicados– y peripecias que ha tenido que hacer para ayudar a regresar a casa a nuestros paisanos varados en Europa, Asia o África.

París.- Cuando se le pregunta si la misión que le toca cumplir en este tétrico tiempo del coronavirus es la más difícil o inédita de su carrera diplomática, Juan Manuel Gómez Robledo, embajador de México en Francia, contesta en tono comedido:

“Se trata de una situación compleja que atendemos gracias a la experiencia de los miembros del Servicio Exterior y al apoyo de las autoridades francesas, por una parte, y al respaldo incondicional del gobierno mexicano a sus representaciones en el exterior, por otra.”

Y recalca: “El presidente López Obrador insiste en que el apoyo a nuestros connacionales en el exterior no tiene límite”.

Sin embargo, al margen de la entrevista por videoconferencia que sostiene con la corresponsal, el diplomático se muestra mucho más espontáneo. Inclusive por momentos deja aflorar la angustia que sintió ante situaciones apremiantes de centenares de mexicanos que la embajada asesoró o rescató y sigue asesorando o rescatando desde hace seis semanas. 

Y es obvio su alivio cuando advierte que hasta la fecha no se han reportado casos de emergencias hospitalarias ni de fallecimientos entre los miembros de la comunidad mexicana en Francia:

“No contamos con informes de mexicanos fallecidos por covid-19 en Francia”, dice. Tampoco se tiene conocimiento de mexicanos hospitalizados en estado grave. Hasta el momento se tiene registro de 10 con síntomas leves de covid-19, pero por falta de pruebas no se pudo confirmar si están infectados o no. Naturalmente, es posible que haya más mexicanos que contrajeron el virus, pero no han solicitado el apoyo de la embajada.” 

Gómez Robledo precisa que alrededor de 6 mil mexicanos están registrados en la Sección Consular de la embajada de México en Francia, pero estima que en realidad el número de residentes en ese país es por lo menos tres veces mayor.

–¿Ha habido casos de contagio por el coronavirus en la embajada misma?

–Tenemos cuatro casos de covid-19 entre los diplomáticos mexicanos en Francia. Son funcionarios y sus familiares.

–¿Tiene noticias alentadoras…?

–Tres de estos casos fueron leves. El cuarto fue muy serio. Esa persona estuvo a punto de ser hospitalizada, pero afortunadamente su estado se estabilizó. Es un hombre fuerte que ahora se está recuperando.

Sistema de guardias

Según explica Gómez Robledo, entre las principales preocupaciones de la embajada destaca la situación de los mil 300 estudiantes mexicanos registrados en la sede diplomática que están confinados en sus residencias, como todo el resto de la población francesa.

“La gran mayoría de ellos son estudiantes de posgrado que pasan un promedio de cuatro años en Francia. Casi todos decidieron quedarse para seguir de una forma u otra sus estudios. Pero tenemos también una población ‘flotante’ de alrededor de 3 mil estudiantes que se quedan en Francia por periodos más cortos. Entre estos últimos hubo inquietud y confusión porque el confinamiento decretado por el gobierno francés el pasado 16 de marzo obligó a muchos a renunciar a sus planes y a cambiar sus boletos de regreso a México. Fue algo complicado de solucionar, porque el mismo decreto nos obligó a cerrar oficinas.”

–Sin embargo, no se cerró del todo el consulado…

–En un primer momento mantuvimos un sistema de guardias presenciales porque, además de los estudiantes que buscaban cómo regresar a México, tuvimos que asesorar a turistas que estaban en la misma situación. Cuando bajó esa emergencia sustituimos la guardia presencial por una asistencia telefónica que funciona las 24 horas y que asumimos por turno. Pero esa guardia telefónica es sólo una parte de nuestra actividad.

–¿En qué consiste la otra parte?

–Constituimos un equipo de cinco funcionarios con libre acceso a la zona internacional del aeropuerto de Roissy-Charles de Gaulle, donde intervenimos, también por turnos, cada vez que resulta necesario atender a grupos de mexicanos en apuros. Incluso en una que otra oportunidad nos ha tocado llevarles comida, porque los escasos comercios del aeropuerto que aún funcionan sólo están abiertos dos o tres horas al día.

–No me queda claro por qué los mexicanos tienen tantos problemas en el aeropuerto de Roissy.

–París y Ámsterdam son los únicos aeropuertos de Europa que tienen vuelos directos a México: cuatro semanales, en el caso de Roissy-Charles de Gaulle, y tres en el de Ámsterdam-Schiphol. Por lo tanto, gran parte del trabajo que realizamos actualmente consiste en apoyar a connacionales que se encuentran en otros continentes y viajan a México en vuelos con conexión en París.

–Al llegar en tránsito a Roissy, ¿estas personas tienen prohibido salir de la zona internacional del aeropuerto?

–Eso es. Vamos a suponer que llegan de Dubái a París el sábado y que sólo tienen un vuelo para México el lunes, pues deberán pasar todo ese tiempo en las salas de espera de la zona internacional de Roissy. Es ahí donde los iremos a visitar.

–¿Eso significa que cuatro veces a la semana sale a Roissy un funcionario de la embajada?

–Vamos cuando llegan mexicanos que requieren ser atendidos. Acabamos de tener a un grupo que llegó de India. También nos tocó estar pendientes de tres mexicanos que llegaban de Serbia. En realidad llegan de todas partes, tanto de países cercanos como de los más lejanos.

–¿Por ejemplo?

–Coordinamos el tránsito por París de connacionales procedentes de España, Suiza, Italia, Reino Unido, pero también de Finlandia o Moldavia, de Argelia y Marruecos. Sin hablar de Camerún, Guinea, Gabón, Chad o Madagascar. Hasta de Nepal… ¡Y esa lista no es exhaustiva! Es importante recalcar que trabajamos en todo momento en estrecha colaboración con el gobierno francés, esencialmente con el Quai d’Orsay (Ministerio de Relaciones Exteriores) para gestionar todos los trámites de tránsito.

–Entre tantos casos de regresos caóticos a México, ¿cuáles han sido los más apremiantes?

–Muchos han sido difíciles. Pienso en particular en connacionales que buscaban viajar de Madagascar a México pasando por París. pero que no podían hacerlo porque las autoridades locales no les permitían abordar. Tuvimos que llamar al Quai d’Orsay, que dio instrucciones a la embajada de Francia en Antananarivo, la que a su vez intervino ante las autoridades malgaches para garantizarles que esos pasajeros mexicanos podían transitar por Roissy. Recuerdo también un caso muy complejo en la isla de San Martín.

–¿En el Caribe?

–Sí. La mitad de la isla es holandesa, y la otra, francesa. Ahí se encontraban 50 mexicanos que trabajaban en la renovación de un hotel. Radicaban en la parte francesa y trabajaban en la parte holandesa, donde está el único aeropuerto de la isla. Todos querían volver a México. Desde París nos coordinamos primero con nuestra embajada en los Países Bajos, luego con las autoridades locales de ambas partes de San Martín, después tuvimos que involucrar a nuestra embajada en Santa Lucía y a nuestro consulado en Puerto Rico. Sólo así pudieron regresar a México estos 50 conciudadanos en un vuelo chárter que se organizó con el apoyo del gobierno mexicano. 

El embajador agrega: “De igual manera nos causa profunda preocupación la situación de mexicanos sorprendidos por la crisis del coronavirus en países que suspendieron todos los vuelos al extranjero. Fue el caso de un grupo de mexicanos que había ido a pasar una semana en los Emiratos Árabes Unidos. Les tocó quedarse tres semanas más en ese país, aguantando condiciones materiales difíciles, esperando ansiosamente un lugar en uno de los escasos aviones autorizados a volar y, sobre todo, el permiso de subirse a bordo. En esa ocasión también nos tocó solicitar la colaboración del Quai d’Orsay, que gestionó ese permiso con las autoridades emiratíes.

“Por supuesto nos inquieta lo que pasa con los pasajeros mexicanos de cruceros. Esa ha sido una gestión realmente tensa, porque estos cruceros navegan de puerto en puerto sin saber dónde desembarcar.”

–¿Usted piensa en el caso del Costa Luminosa?

–Entre otros. El Costa Luminosa llegó a Marsella el pasado 20 de marzo. Desafortunadamente las gestiones ante las autoridades francesas para obtener la autorización de desembarco de 10 mexicanos que nos habían contactado se retrasaron, entre otras cosas porque había casos de contagios a bordo. El crucero tuvo que zarpar a su siguiente destino. Estos connacionales pasaron casi un mes en cuarentena en Roma y finalmente pudieron viajar rumbo a México el miércoles 22. 

–En cambio la odisea del crucero MSC Splendida acabó en Marsella para los turistas mexicanos que viajaban a bordo…

–Efectivamente, ese crucero atracó en Marsella el 24 de marzo, pero eso no significó el fin de los problemas de estos conna­cionales. Lo ideal hubiera sido que se trasladaran directamente en avión de Marsella a Roissy-Charles de Gaulle para esperar en la zona internacional del aeropuerto su vuelo a México. 

“Pero fue imposible conseguir cupos en los aviones que volaban de Marsella a París. La naviera puso un autobús a disposición de los 23 turistas mexicanos y la embajada multiplicó gestiones para que se les concediera esta excepción a la regla de no ingreso al territorio francés de personas que no son nacionales de algún país de la Unión Europea. Finalmente, el 26 de marzo pudieron recorrer por tierra los 800 kilómetros que separan Marsella del aeropuerto de Roissy…”

Comunidad estudiantil

–En total, ¿cuántos mexicanos pidieron asistencia a la embajada?

–Tenemos registradas a mil 500 personas que atendimos de una forma u otra en este último mes y medio. Tuvimos que solucionar todo tipo de problemas, algunos “clásicos”, como pérdidas o robos de pasaportes y otros derivados de la cancelación de trenes y autobuses entre ciudades de la provincia francesa y París. Pienso en el caso muy reciente de un connacional en situación de gran vulnerabilidad debido a un tratamiento médico muy pesado, que necesitaba viajar a México. Fuimos por esa persona a Clermont-Ferrand (a 400 kilómetros de París) para llevarla a Roissy. Pero nos topamos también con circunstancias sorprendentes.

–¿Cuáles?

–Al principio del confinamiento, tanto en provincia como en París, hubo hoteles que expulsaron a sus huéspedes, incluidos turistas mexicanos. Tuvimos conocimiento de cinco hoteles que actuaron de esa forma. Junto con la alcaldía de París, en el caso de la capital, con el Quai D’Orsay y otras autoridades francesas, acabamos encontrando “nuevas opciones de alojamiento.

“Creo que vale la pena señalar que se atendieron varios casos de estudiantes cuyos arrendadores les solicitaron dejar su departamento, aludiendo a la situación sanitaria. En estos casos se asesoró a los jóvenes sobre sus derechos y se les informó que de acuerdo con las disposiciones establecidas por el gobierno francés, se ampliaba ‘la tregua invernal’ hasta el 31 de mayo.”

–¿Cómo mantiene la relación con la comunidad estudiantil mexicana de Francia? 

–Estamos en contacto con los estudiantes que tenemos registrados en el banco de datos que la sección consular constituyó a partir de informaciones proporcionadas por la Asociación Nacional de Universidades e Instituciones de Educación Superior, la SEP y el Conacyt. La página en internet de la embajada, pero sobre todo las redes sociales, agilizan considerablemente ese contacto. Uno de los riesgos que nos preocupó fue la eventualidad de descompensaciones psicológicas debidas al confinamiento y al aislamiento. 

–¿Tuvieron conocimiento de problemas de ese tipo?

–Contamos con la colaboración de la Asociación Franco Mexicana de Psiquiatría y Salud Mental, creada hace unos 20 años, cuyos miembros están pendientes de quienes necesitan ayuda. Intervienen sin costo alguno. Hasta la fecha unos 40 estudiantes esparcidos en toda Francia consultaron a estos especialistas por teléfono.

Según explica el diplomático, además de la soledad, el encierro y la inquietud por la salud de sus familiares en México, los estudiantes enfrentan problemas materiales de distinta índole. Al principio de la crisis se preocuparon por sus becas, pero el Conacyt los tranquilizó. 

Muchos tenían pequeños empleos que perdieron debido al confinamiento. Algunos se benefician de las medidas sociales del gobierno francés, otros no. Quienes recibían ayuda económica de su familia padecen las altas tasas de cambio del peso al euro.

Al igual que sus pares franceses, todos buscan la forma de seguir su programa académico por internet o contactando a sus directores de tesis por teléfono. No deja de preocuparlos el hecho de no conocer la nueva agenda universitaria, sin hablar del posible riesgo de contraer covid-19 después de que acabe el confinamiento, el próximo 11 de mayo.