Todos los jueves en punto a las 21:30 horas, los televidentes de Canal 22 tienen una cita con el humor. Porque a decir de Fernando Rivera Calderón, en todo momento, no sólo en los críticos –como ahora con la pandemia–, es una necesidad social.
Desde mayo de 2019, el escritor, músico y juglar conduce, en vivo, el programa Me canso ganso (cuyo título alude a la frase que pronunció López Obrador el día de su toma de posesión como presidente de la República), en donde entrevista a un invitado que el covid-19 le ha obligado a presentar de manera remota. El también compositor y periodista destaca vía telefónica que, más que seguir parámetros, el humor “en general, incluso el malo que se pone al servicio de otras cosas, no puede postergarse, es una necesidad”.
Tan es así, que es de lo primero en revelarse después de diversas catástrofes de la humanidad. Pone como ejemplo en México la explosión de las gaseras en San Juanico, Estado de México, en 1984, y el terremoto de 1985. Ahora, sin embargo, añade, el humor se ha “depurado, se ha vuelto políticamente correcto y es más sensible hacia las víctimas”; pero no por ello deja de ser necesario, por eso dice riendo:
“No sé qué sería de muchos de nosotros sin esos héroes cotidianos que hacen ‘los memes’, esos héroes anónimos que se ríen incluso en los momentos en que nos está yendo muy mal, no sólo como país, de manera individual, sino económicamente. Y no hay a dónde escapar, porque antes la gente se iba a Estados Unidos o a otro lado, pero ahora no hay a dónde, más bien hay que aguantarnos aquí en donde estamos.
“A veces se ve muy claro en las redes sociales o con muchos, entre comillas, ‘líderes de opinión’, que se burlan cotidianamente de todo mundo y hacen una especie de bullying permitido en esos espacios; pero cuando alguien se burla de ellos bloquean y se enojan y denuncian, no aguantan vara. Para podernos reír de los demás, es un requisito saber reír de nosotros mismos.”
Ésa es la gran diferencia entre el humor y el bullying, dice:
“Para muchos youtubers y comunicadores, bastante pedestres, hacer bullying es su manera de entender el sentido del humor. Es decir, joder a alguien que está en una situación de no equidad, no es una pelea frontal. En cambio, el humor sí es cara a cara y puede ser demoledor; pero nunca va hacia abajo, siempre va de frente o hacia el que está arriba.”
La presentación de su programa en la página web del Canal22, dice que Rivera Calderón “nos guía” a los ámbitos “donde surgen los fenómenos culturales”, presenta reportajes, noticias falsas que aluden a las reales y además, canta; canta parodias de canciones que él mismo arregla de acuerdo con la temática actual. Así lo escuchamos, por ejemplo, al ritmo de We are the champions, de Queen:
Quéeedate en casa/ Quéeeedate en casa/ Por amor…
O La maldita primavera, famosa en voz de la veracruzana Yuri:
Síii, hay que enjabonarse ahora,/ mucho más en la maldita cuarentena,/ qué importa si, para enjabonarte paaasa una hora,/ pasa ligera, la maldita cuarentena,/ pasa ligera, ya no me hace daño a mí.
Con ingenio, sus entrevistados remotos están imaginariamente sentados en un sillón vestido para la ocasión, lo mismo el narrador Jorge F. Hernández o la periodista Lidia Cacho, que aparecen en una pantalla que hace la cara del sillón. El conductor lo describe como un androide:
“Como no podemos tener a los invitados en presencia, diseñamos una especie de robot, es como televisión post punk, como de la era de Mad Max, se me hace muy divertido, creo que en los medios de esta época tan difícil vamos a sobrevivir los que mejor nos adaptemos a las nuevas condiciones.”
A Rivera Calderón lo acompaña, ni más ni menos, la Señorita Cometa desde el lejano Japón y mediados del siglo pasado, quien siempre tiene alguna ocurrencia; más ahora que puede ayudar a sobrellevar la cuarentena. Es, en suma, un espacio de solaz en medio de tantas y, en ocasiones, sensacionalistas noticias y falsas informaciones.
“Para mí es muy importante y valoro mucho la oportunidad de seguir haciendo el programa en vivo. Cada emisión, desde que comenzó la pandemia, ha ido cambiando el formato y la producción.”
Instaló set en su recámara, desde donde explica:
“Se vale reírnos de todo y transmitir al público, más desde la televisión pública, un discurso humorístico, ligero, sin perder la dimensión del problema del que estamos hablando. Sí hacemos chistes, sí jugamos; pero en estos momentos en los que sabemos que hay personas que están perdiendo familiares, a sus padres, sus abuelos, hermanos, me parece de muy mal gusto ponernos a hacer chistes mórbidos.”
Insiste en la responsabilidad de la televisión pública, sobre todo porque este momento no es igual “para los privilegiados que pueden encerrarse en su casa, que para la mitad del país –a la cual le resulta simplemente imposible”.
Autor de Los mariachis callaron: Una distopía tragicómica sobre el México del 2026 (Grijalbo), finaliza recomendando “un libro muy bueno”: Disparen al humorista, de Darío Adanti, sobre los límites del humor.








