La experiencia coreográfica del 8M

¿Cómo se conoce la lucha de las mujeres con el cuerpo? Es decir, ¿puede conocerse un movimiento político con el cuerpo? El cuerpo adentro de la marcha multitudinaria del 8 de marzo –la cual reflejó la fuerza actual de su lucha– fue una esponja.

La manera generalizada de llegar al encuentro con otras 80 mil mujeres (https://www.proceso.com.mx/620956/asisten-80-mil-personas-a-la-marcha-del-8m-en-la-cdmx) fue el transporte suburbano hacia la estación Revolución, para comenzar el recorrido desde el monumento del mismo alegórico nombre.

En este sitio se hizo un compás de espera, por la concentración de varios contingentes. El flujo iba a ser lento debido a la cantidad colectiva, y el cuerpo notó este tempo, bajo el cual ocurrió toda la marcha.

Para el cuerpo, el territorio en la calle era conocido. La ruta o trayectoria colectiva cuasi-recta por recorrer, consistente en salir del mencionado monumento-Avenida Juárez-5 de Mayo y llegar al Zócalo, es una tradición de los movimientos políticos en la Ciudad de México. Lo incierto, la temporalidad de la marcha, que comenzó a las dos de la tarde sin hora de final.

Fue intuitivo cómo las nociones de velocidad del recorrido y su duración se manifestaron en el cuerpo sin palabras dichas y convocaron a la resistencia de éste.

¿Cuáles fueron las pautas de organización de la marcha entre el gran número de mujeres reunidas en ese espacio público? En un primer nivel físico, las movía la acción de caminar a tempo lento, determinado ejemplarmente por la multitud. Y en un segundo nivel de intención, las movilizaba a protestar frente a la violencia contra ellas. Iban conectadas entre sí por un espíritu de justicia y derrocamiento del sistema patriarcal. Por ello mientras caminaban coreaban consignas tales como: “El Estado opresor es un macho violador” o “¡Alerta, alerta, alerta que camina, la lucha feminista por América Latina” y “Tiemblen, tiemblen, tiemblen los machistas, que América Latina será toda feminista!”. 

No hay que dejar de tomar en cuenta que la lucha feminista ha ido actualizando sus demandas en relación con los contextos históricos a escalas mundial y local desde el siglo XVIII, y que se ha cruzado con la conmemoración del Día Internacional de la Mujer (Copenhague, 1910) a partir del siglo XX.

Para no ir remotamente, si en los noventa la escritora estadunidense Rebecca Walker se refirió a una tercera ola del feminismo, cuya causa encerraba abolir los estereotipos de roles de género, entre otras búsquedas, hoy día la cuarta ola tiene su principal insistencia frente a la violencia contra las mujeres y las niñas en su espectro más amplio en América Latina.

Estar adentro de la multitud o formar parte de su corriente abrió los sentidos más sensibles, porque no se tenía perspectiva desde el interior de la marcha. La actividad perceptual del cuerpo se vio intensificada y fue a través de ésta que el cuerpo supo de la noción de fuerza (multitudinaria) al ralentizarse.

En el devenir del recorrido, también cupieron varias pausas, en las cuales se levantaba el puño o se tenía la mente en blanco, como en estado meditativo, por el cansancio. Luego, la adrenalina remontó cerca del Zócalo. 

Un posible promedio de temporalidad de la marcha fue cuatro horas de trayecto. No hubo precisamente un final colectivo, la manifestación se fue diluyendo por las calles alrededor del Zócalo. El feminismo se expresó coreográficamente, y el cuerpo marchando fue una manera de conocerlo.