Sobre dos conceptos gira esta entrevista con el arquitecto e historiador Enrique de Anda: medicina social y salud integral, cuyo proyecto sostuvo el país con la creación del IMSS, y una infraestructura cultural sólida, tan sólida como la de levantar teatros integrados a los hospitales. A partir de un extenso libro suyo sobre lo que llama “utopía realizada”, reclama hoy que se haya dejado de lado a los arquitectos, que frente al covid-19 podrían ofrecer múltiples soluciones.
En esta crisis sanitaria, que está rebasando incluso a países como Estados Unidos, Italia, España y Francia, la arquitectura puede contribuir en las soluciones. El problema es que el gremio ni siquiera ha sido convocado, se le ha negado el derecho y la obligación de dar respuestas a los egresados de las universidades públicas.
Así lo considera el arquitecto y doctor en Historia del Arte, Enrique X. de Anda, al recordar –como un ejemplo– el hospital Huoshanshen, con capacidad para mil pacientes, construido en 10 días por el gobierno de China para atender enfermos por covid-19, según reportó BBC News en su portal latinoamericano.
Miembro del Instituto de Investigaciones Estéticas de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), el arquitecto presentó durante la pasada Feria Internacional del Libro en el Palacio de Minería su recién publicada investigación Teatros junto a los hospitales: los conjuntos de seguridad social del IMSS en la presidencia de Adolfo López Mateos. Ahí hace un análisis desde diversos enfoques de la epopeya realizada por el entonces director del Seguro Social, Benito Coquet, con el apoyo y la colaboración de los hermanos Julio y Alejandro Prieto, escenógrafo y arquitecto, respectivamente.
Para De Anda es “lamentable, pero es un hecho”, que la arquitectura ha sido utilizada sólo para hacer negocio y ahora se ven las consecuencias, cuando lo que debería haber es “una estructura operativa muy fuerte entre los estudiantes de arquitectura y los cientos de arquitectos, y el Estado mexicano, para hacer una arquitectura efímera que sirviera para enfrentar la crisis que viene, porque el problema apenas empieza.
“Pero qué hacen las autoridades cuando hay algún problema: ponen unos tolditos azules en las esquinas y una patrulla a un lado. ¡Esa es la arquitectura que son capaces de hacer!”
Destaca que los chinos levantaron el hospital en 10 días porque tienen la tecnología y recursos económicos, mientras aquí el asunto podrá ser “la pichicatez”, pues “se insiste en que durante alguna época de la historia se robaron los recursos, entonces hay que reservarlos para que no sigan robando, cuando la gente necesita en este momento el servicio”.
Se pregunta qué sucederá en un mes, cuando la demanda de camas de hospital sea muy grande. Menciona que el gobierno del estado de Hidalgo está trabajando con estructuras efímeras (un hospital inflable), que podrían ser movibles.
El 13 de septiembre de 1986, se publicó en estas páginas (Proceso, 515) una entrevista del reportero Armando Ponce con el ya fallecido arquitecto José Mirafuentes, egresado del Instituto de Estructuras Laminares Ligeras de la Universidad de Stuttgart, dirigida por el también desaparecido arquitecto Frei Otto, en la que Mirafuentes señaló la importancia de aplicar “nuevas tecnologías de la estructura espacial” en la Ciudad de México, vulnerable a los sismos, “por su ligereza, bajos costos y posibilidades estéticas”.
Mencionó el estudio “Hospitales de emergencia para casos de desastres”, dirigido por él, que lamentablemente no recibió apoyo económico del Estado para su aplicación, porque predominaba la rentabilidad sobre el interés social, y la ausencia de control por la entonces Secretaría de Asentamientos Humanos y Obras Públicas, dijo.
Vía telefónica, el arquitecto De Anda cuestiona lo mismo más de tres décadas después, al señalar que en las medidas que están tomando las secretarías de Salud, Hacienda y Crédito Público, y la Defensa Nacional (Sedena) para hacer frente al problema del virus, no se incluye a los arquitectos. Y recuerda que a la Sedena se le están dando facultades, no sólo en la emergencia; se le encargó el proyecto del Aeropuerto de Santa Lucía.
En su opinión, una desventaja frente a la pandemia es que los gobiernos del Estado mexicano no le dieron la atención debida a la arquitectura, cuya función debería ser mejorar la calidad de vida, pero se perdió la mística (corrige: más bien “el compromiso social”), y se le niega a esa disciplina artística la capacidad de respuesta ante los problemas que aquejan al país:
“Dígame usted dónde está la vivienda temporal construida para los migrantes que van a Estados Unidos. Se han ocupado de controlar, reprimir, devolver, pero es un hecho que la gente pasa. ¿Dónde está la respuesta que se debió haber dado en su oportunidad para reestructurar los edificios eclesiásticos que se dañaron en el sismo de 2017?”
Utopía realizada
Al hablar de su libro, de 444 páginas, editado por la Facultad de Arquitectura de la UNAM, el arquitecto relata obedecer al interés, desde su infancia, por los teatros y conjuntos arquitectónicas que estaban a un lado de clínicas y hospitales del IMSS. Le gustaba mucho la Unidad Independencia. Al iniciar estudios de arquitectura tuvo las herramientas para explorar y responder con enfoque científico sobre su origen.
En la introducción del volumen explica su propósito de analizar la arquitectura como un vehículo que permitió la construcción de un amplio proyecto político de asistencia social, que fue posible por el impulso del presidente Adolfo López Mateos. Y en entrevista destaca que no hay un precedente para este proyecto antes de 1958, pues desde el momento en el cual es nombrado candidato a la Presidencia, declara que se dedicará totalmente a México, y al tomar posesión “no llega a ver qué hace, sino a hacer lo que había planeado antes”:
“Habiendo estudiado todo esto, pienso que debemos partir de la base de quién dirige el país en ese momento. Es un presidente humanista, no es un economista, no es un técnico, es un abogado, un abogado culto que había sido director del Instituto Científico y Literario de Toluca, daba clases de historia, de literatura, había leído, y estaba muy comprometido con la dinámica del país, un hombre que siempre estuvo en la política. Él no tenía un despacho donde ejerciera la abogacía, entonces es un asunto de vocación: dirige al país.”
Con él colaboraron Jaime Torres Bodet, como secretario de Educación Pública, Benito Coquet, los Prieto y Margarita García Flores, entre otros. Del libro y la entrevista, se desprende que construyeron un gran proyecto de seguridad social, no sólo con los teatros a un lado de las clínicas y hospitales, sino con deportivos, centros vacacionales, como el de Oaxtepec, en Morelos, y las famosas Casas de la Asegurada, cuyo propósito fue, además de dar opciones para el aprovechamiento del tiempo libre, impulsar a la mujer.
Fue una utopía que sí se realizó, porque explica De Anda que el término, que generalmente se usa como una figura literaria para referirse a algo que no será posible en la realidad, no fue así en este caso, pues tanto López Mateos como Coquet habían leído la Utopía, de Tomás Moro. Este último sabía además sobre el trabajo de Vasco de Quiroga en la fundación de hospitales en Michoacán.
Más allá de que al entonces director del Seguro Social le gustara el teatro, se buscó transformar a la sociedad. Elevar la calidad de vida de los trabajadores. Y se dio particular importancia a la mujer, a quien estaban dirigidas buena parte de las actividades para asistir por las tardes: talleres, clases de danza folclórica, de teatro. Hoy, dice, conoce mujeres de entre 70 y 80 años que recuerdan con aprecio las unidades de la Casa de la Asegurada, que además tuvo un carácter barrial, pues normalmente se iba a ellas a pie.
El trabajo arquitectónico, encargado al arquitecto Alejandro Prieto, y del cual parte su investigación, buscó no sólo que “cobijara” a la gente, sino que se sintiera orgullosa de esos lugares, porque incorporó los símbolos que estaban en el imaginario de la sociedad, lo cual hizo que los edificios conectaran con la sensibilidad de las personas.
Se le pregunta si esa concepción de medicina social no es lo que hace falta en estos momentos.
“Es una responsabilidad del Estado garantizar que los mexicanos tengan siempre la asistencia médica necesaria. Quizá no en la medida en que quisiéramos, pero sigue existiendo, lo que pasa es que de pronto la sociedad creció más rápido numéricamente que los recursos a disposición, entramos a una crisis que ha durado ya muchísimos decenios, resultado de crisis globales, y también de muchos errores que se han cometido, de una falta de equidad en cuanto a la disponibilidad de los recursos, pocos tienen mucho, y muchos cuentan con pocos recursos, con pocos servicios.”
La obra de Coquet, en donde se iniciaron actores ahora reconocidos, como Ignacio López Tarso y los ya fallecidos Ofelia Guilmáin, Wolf Ruvinskis y Carlos Ancira, con el decidido apoyo del director Ignacio Retes, comenzó a desmantelarse prácticamente en el sexenio siguiente. Y decayó más aún con los gobiernos de economistas. Se han intentado revitalizar los ochenta teatros, sin mucho éxito, siendo que en aquella época todos daban funciones los fines de semana.
Se le pregunta si, al margen de la emergencia sanitaria, este concepto de salud integral ayudaría en los problemas de violencia, diabetes u obesidad que tiene el país:
“Estoy seguro que sí, si lo hubieran dejado avanzar y que madurara, pero uno de los problemas que tenemos en México es que cuando llega un funcionario, lo primero que hace es tirar lo que hizo el anterior.”








