Nacida en Morelia, Michoacán, de donde es su familia materna, pues la paterna es de Tijuana, Baja California, esta joven artista no se conformó con sólo el arduo estudio: está comprometida con una filosofía social. De ahí sus cantos y composiciones de denuncia (por el 68, por Acteal, por Ayotzinapa). Formó un equipo y filmó un mediometraje, Levántate, título de la más reciente de sus canciones.
Ella es vocera del cantar doloroso para las madres llorando los desaparecidos del 68, los de Acteal en 1997, las muertas de Juárez, los 43 de Ayotzinapa… A la vez, sus dedos melódicos trazan las notas sangrantes de su pentagrama contra la injusticia, la violencia en el mundo y la podredumbre del sistema político en México.
“No estudié piano desde niña para terminar diciendo tonterías. No quiero la fama. Lo único que llena mi alma es la música”, dice Úrsula Kemp, graduada en Composición Contemporánea por la Real Academy de Londres.
“Estudié la carrera de piano clásico en Bellas Artes de Morelia, mi ciudad natal, y estuve en talleres del Conservatorio de las Rosas; después me mudé hace una década a Coyoacán para aprender jazz en la Escuela Superior de Música y fui a la G. Martell. Yo anhelaba componer música pop rock, que es a lo que me dedico, pero no sin antes saber escribir música clásica, porque soy rockera de corazón.”
Intituló “Levántate” a su nueva canción, por la desaparición forzada el 26 de septiembre de 2014 de 43 estudiantes de la Escuela Normal Rural Raúl Isidro Burgos en Guerrero; tema que comenzó a componer desde 2015, pero no le satisfizo del todo hasta que lo grabó el pasado otoño, en un video de Miguel Muñoz con producción de Jorge Martínez. La parte operística la escribió al pentagrama, cantando con ella la soprano Maribel Escobosa y Sophi.
Levántate, escúchame, mírame,
no te vayas de este mundo, no así…
(https://youtu.be/Eo97oSJigXw)
“Mientras producía la canción, me vino la idea de filmar un documental con mi Cannon de 58 milímetros para expresar la situación de violencia que vive nuestro país y el mundo entero, por las desapariciones forzadas y todo lo contrario a la paz que esa violencia conlleva afectando la humanidad. La violencia vista bajo los ojos del arte.”
Recién concluyó este su primer documental con el título homónimo de aquella canción en tonos menores: Levántate, filmando a amigos y creadores independientes de teatro, música, danza y artes visuales (así como a uno de los sobrevivientes de Ayotzinapa, Omar García Velázquez, quien no fue asesinado pues no cupo en los vehículos utilizados en el secuestro de sus compañeros por la policía de Iguala).
“Hablamos no sólo de los 43 de Ayotzinapa, aunque a mí me surgió la idea de ahí; también acerca de la matanza de Tlatelolco en 1968 y Acteal, por ejemplo, y de cómo podemos mejorar esas situaciones por medio del arte y a través de nuestra obra. Para poner un granito de esperanza quise abarcar la violencia de género, la violencia a la Madre Tierra. Cuando alguien muere o una mujer desaparece, es algo tan doloroso y se siente una impotencia terrible que nada se puede resolver ya, hay que sacarlo, expresarlo. El dolor no viene de nosotros, nos lo imponen. Nos matan como pueblo porque vivimos en un sistema neoliberal de pobredumbre en materia y espíritu.”
Los 11 participantes de Levántate hicieron equipo.
“Nosotros creemos en la utopía de libertad y de paz, cada día por la paz y la libertad hacemos arte. Como raza, como mexicanos y por formar parte de un mundo sensible al dolor propio y ajeno, no fatigamos para luchar por un planeta de igualdad y justicia. De no ser por esos luchadores sociales de Levántate y su arte, el humanismo y el mundo ya se habrían extinguido.”
Utopía de la esperanza
Se preparó. Entró a cursos de preproducción de películas, impartidos por Karla Bukantz, del Centro de Capacitación Cinematográfica (CCC), en la UNAM Campus Morelia (Michoacán, donde Úrsula nació un 7 de noviembre bajo el signo de Escorpión). Aparecen en el mediometraje de 40 minutos:
El artista plástico y codirector de Levántate, Rolando de la Rosa; la bailarina de danzas africanas, cantante y activista Lian Ventura (heredera de los negros maskogos del municipio de Múzquiz, Coahuila, nacida en Torreón); el actor y dramaturgo Luis Cisneros, fundador del Teatro Taller Tecolote, A. C.; y la doctora en Filosofía por la UNAM Miroslava Salcido, investigadora en el Centro de Investigación Teatral Rodolfo Usigli (CITRU).
Los músicos trovadores son: León Chávez Teixeiro, Paco Barrios El Mastuerzo (de Los Nakos y Botellita de Jerez), el poeta guanajuatense Vincent Velázquez (bailador de zapateado con Guillermo Velázquez y Los Leones de la Sierra de Xichú), Ricardo Manuel Pilón Alonso, y la propia Úrsula Kemp.
“Levántate son testimonios. Simplemente les dije: ‘Hablen de la violencia y de la esperanza, como humanos, como pueblo y como artistas que somos’. Cada quien opinó lo que le nació. Alfonso Hernández me ayudó en cuestiones de preproducción y participó como asistente en cámara. En la postproducción y edición colaboró Itzel Ochoa, fotógrafa de cine.”
Destaca una anécdota sobre La Nacha, Ana Ignacia Rodríguez (julio 26 de 1944, Taxco, Guerrero), una de las sobrevivientes de Tlatelolco, estudiante para abogada por la UNAM en 1968 y defensora de los derechos humanos.
“Me costó mucho tiempo y dinero adquirir el permiso del Archivo General de la Nación (AGN) para reproducir una fotografía de La Nacha cuando la ficharon y encarcelaron el 11 de octubre de 1968 [por “alborotadora” y otros 10 delitos] en la prisión femenil de Santa Martha Acatitla, que ahora es Centro de Desarrollo Social Integral Casa Libertad, donde pasó dos años tras las rejas. Ella me proporcionó archivos de movimientos estudiantiles, pero por usar esa foto tuve que pagar al AGN.”
En cambio, con el Archivo Histórico de la UNAM no tuvo tantas trabas y consiguió imágenes del 68 para su testimonial fílmico.
“La Nacha es la representación viva de la lucha. Íntegra y congruente con sus ideas de justicia, fue hecha presa política dos años por simplemente alzar la voz, ha sido una testigo fundamental de las represiones del sistema político mexicano. A lo largo de mi vida me he documentado sobre la historia de nuestro país y ella conoce a fondo cómo el sistema capitalista nos ha pisoteado a las mujeres; pero seguimos marchando y exigiendo justicia al gobierno por las desapariciones forzadas, la situación no ha cambiado.”
Aquella foto de La Nacha aparece también en la compilación de testimonios realizados por la periodista Susana Cato Ellas. Las mujeres del 68 (Ediciones Proceso, página 240), de reciente aparición.
“Tengo mucha fe en las energías naturales y divinas que representan los orishas. Mi familia paterna es de Tijuana y la materna de Michoacán. Mis papás siempre me han apoyado, mi papá (Ricardo Robles, médico) me regaló un teclado de niña, por él llevo este pentagrama como tatuaje, y mi mamá (Elvia Heredia) me metió a los talleres y me compraron mi primer piano. Nunca me he despegado de Morelia, voy allá seguido y de hecho creo que ahorita me voy a ir por la cuarentena, ¡aquí ya me cancelaron todos los conciertos que teníamos programados!”
De por sí sonriente, Úrsula estalla en risas. No olvida su acento norteño. Sentada en una banca metálica del zócalo coyoacanense, se levanta para despedirse. Es alta (mide 1.74). Relucen sus otros tatuajes en el brazo izquierdo: una mariposa y un elefante sagrado de su religión yoruba.
“Tengo tres discos, el segundo de 2013 se llamó Dependiente (https://youtu.be/lITB-mu45ts?t=8), y el tercero Estoy bien quedó finalista en los Latin Grammy 2016 [https://youtu.be/_tHBF4sLZIQ]; desde entonces he hecho puros sencillos como ‘Levántate’, que incluirá mi próximo álbum.”
La cinta estrenará a fines de año en la Cineteca Nacional.








