“Kubrick sinfónico”

Las aportaciones de Stanley Kubrick al cine como materia visual no sólo son de todos conocidas sino alabadas; igual sucede con su parte argumental, ya que es por demás variada y muy interesante. Sin embargo, en sus películas hay otro elemento al que no se le ha otorgado ese mismo reconocimiento, salvo el de los especialistas y/o los cinéfilos de corazón: La música.

Es por demás común recordar tal o cual pasaje de una película, pero ni por asomo de cómo era más o menos la música que lo acompañaba. Por supuesto, menos aún sabemos el nombre de la pieza de que se trate si es que ésta viene de una obra ya previamente escrita y no creada específicamente para la cinta.

Kubrick no es la excepción, pero es tal su maestría en escoger la música para sus creaciones que, junto a sus imágenes visuales, tiene momentos que nos son inolvidables en su conjunto, música incluida. Creo que los mayores ejemplos de esto son La naranja mecánica con la portentosa Novena sinfonía de Beethoven, y 2001, Odisea del espacio con Así habló Zaratustra de Richard Strauss.

De hecho en toda la filmografía de Kubrick hay la demostración de un gran talento musical; ello, aunado al conocimiento, le permite hacer una selección tan adecuada que a muchas de sus escenas las convierte en antológicas.

Una por demás atractiva e ilustrativa muestra de ese talento musical se recogió en un concierto especial que armaron el compositor y director orquestal José Luis Castillo y el crítico musical Juan Arturo Brennan que, en Bellas Artes, bajo el nombre de Kubrick sinfónico presentaron como parte de la temporada de la Orquesta Sinfónica Nacional, con el propio Castillo como director huésped.

El concierto que proyectó las escenas correspondientes al acompañamiento musical se integró con el Vals No. 2 de la segunda suite de jazz de Dimitri Shostakovich, y Nubes grises de Franz Liszt para la película Ojos bien cerrados; el scherzo de la Novena sinfonía de Beethoven y Marcha pompa y circunstancia números 1 y 4 de Edward Elgar, para Naranja mecánica; Marcha de música fúnebre para la reina María de Henry Purcell; Andante del trío opus 100 y la Danza alemana No. 1, ambas de Franz Schubert, para Barry Lyndon; Lontano de Gyorgy Ligeti para El resplandor, y el vals Danubio azul de Johann Strauss Jr., incluido en 2001, Odisea del espacio.

Una deliciosa muestra musical que, sin duda, podría convertirse en una muy buena herramienta para la atracción de nuevos públicos, niños y jóvenes sobre todo, a los que se les podría presentar una versión reducida de más o menos una hora de este concierto. La combinación del cine de Kubrick con la música en vivo de la orquesta constituiría un muy buen atractivo. La sinfónica Nacional tiene programas como Pedro y el lobo, canciones de Cri Cri y otros destinados justamente a atraer nuevos públicos, y este Kubrick Sinfónico podría muy bien agregarse a esa lista. Dejamos la sugerencia que, creo, no es difícil de implementar, ya que tan sólo sería una adaptación de lo ya existente.