Los héroes vestidos de blanco

Largamente desdeñado por las políticas neoliberales, sometido a recortes presupuestales año tras año, el sector de la salud pública en España, Francia e Italia se ha convertido en las semanas recientes –ante la crisis pandémica del coronavirus– en el último bastión de la lucha contra el covid-19. Ahora, los gobiernos que los desdeñaron –y los ciudadanos que nunca estuvieron en su contra– elevan al rango de héroes a los profesionales de la salud que luchan con uñas y dientes hasta el agotamiento.

Desde el sábado 14, cada noche el silencio de las calles y avenidas semidesiertas de Madrid se rompe con el estruendo de los aplausos y los silbidos desde las ventanas, balcones y terrazas de los edificios; la gente lanza gritos de “¡Bravo!” o “¡Viva la sanidad pública!”. Es el pueblo confinado en sus domicilios que rinde homenaje colectivo a los trabajadores de la salud que se enfrentan a una terrible pandemia.

En París, mientras tanto, al presidente Emmanuel Macron le faltan superlativos para celebrar el heroísmo de todo el personal médico de los hospitales públicos de Francia, que está en primera línea de la lucha contra el covid-19, “ese enemigo invisible, escurridizo y que va ganando terreno”, según las palabras del mandatario galo.

Y la emergencia sanitaria despertó en la población italiana un sentir de agradecimiento hacia médicos, enfermeros y personal sanitario, pero también hizo recordar los recortes que el sistema público de sanidad ha sufrido en los últimos 10 años.

El sistema sanitario público de Italia se ve desbordado ante la crisis del coronavirus, lo que llevó a las autoridades italianas a tomar decisiones extremas, como la habilitación inmediata de unos 10 mil estudiantes licenciados en medicina, que no pasaron por los obligatorios periodos de práctica antes de ejercer la profesión.

Recortes al mejor sistema

El sistema sanitario español fue considerado el mejor de Europa por el índice de Bloomberg de 2018; ahora, al enfrentar al coronavirus, van quedando al descubierto los efectos de la precariedad provocada por la crisis de 2008, los continuos recortes presupuestales y una gestión de los gobiernos del Partido Popular (PP) con su desmedida ansia privatizadora.

La sanidad fue uno de los sectores españoles en los que más se cebó la crisis. Muchos médicos salieron a protestar desde principios de este siglo, con sus batas de trabajo, formando una “marea blanca” que, sin embargo, no pudo evitar que al final del gobierno de José Luis Rodríguez Zapatero se diera un recorte de 8.2% en gasto sanitario… o que en ésta y en la administración de Mariano Rajoy las asignaciones para servicios de salud a las comunidades autónomas se redujeran hasta 53% entre 2008 y 2015, según un estudio de Intermón Oxfam.

En un ensayo publicado hace cinco años en la revista La Marea, Sergio Fernández Ruiz, vicepresidente de la Federación de Asociaciones para la Defensa de la Sanidad Pública, de Madrid, habló de la “contrarreforma sanitaria” de Rajoy, quien recortó 12 mil 800 millones de euros en los servicios, cambió de modelo (del sistema universal al de seguros privados), excluyó de la sanidad a unos 800 mil inmigrantes no regularizados e impuso el copago sobre medicamentos.

Ahora los servicios hospitalarios españoles bordean el colapso –el jueves 19 había 17 mil 147 contagiados y 767 muertos–; los médicos, enfermeros y personal sanitario están al límite de sus capacidades; y en la mayoría de las regiones faltan equipos de seguridad.

En entrevista por Radio y Televisión Española (RTVE) el jueves 12, Guillén del Barrio, enfermero del hospital La Paz y portavoz del sindicato Movimiento Asambleario de Trabajadores Sanitarios (MATS), denunció: “Ahora tenemos mil 833 casos confirmados de coronavirus en la Comunidad de Madrid y la sanidad pública madrileña en el año 2008 tenía 2 mil 100 camas más que ahora”.

Molesta por este señalamiento, la presidenta de la Comunidad de Madrid, Isabel Díaz Ayuso, envió una carta a RTVE criticando la cobertura, los ataques a la gestión de la crisis y desacreditando al enfermero.

Por ello MATS le recordó a Díaz, en un comunicado, que la pérdida de 2 mil 100 camas y 2 mil 200 profesionales que denunció el enfermero son datos oficiales de las memorias de los Servicios Madrileños de Salud de 2008 a 2018. La cuestionan por ser “hija política” de los predecesores del PP que trataron de desmantelar la sanidad pública y la critican porque tardó 15 días “en reaccionar” ante la pandemia y “nos han tenido sin medios suficientes”.

Por ello, los vítores al personal sanitario simbolizan, también, la esperanza y la ansiedad de una ciudadana confinada en un ejército de médicos, enfermeros y personal sanitario, la primera y última línea de defensa ante el coronavirus.

La lucha en Francia

Todos los médicos franceses tienen en mente la batalla que libraron durante 11 meses –del 18 de marzo de 2019 al pasado 14 de febrero– para exigirle a Macron; al primer ministro, Edouard Philippe; y a la entonces ministra de Salud, Agnes Buzyn, una reforma a fondo del sistema hospitalario público de Francia, para evitar su colapso total.

Durante casi un año, encabezados por los médicos de urgencias, multiplicaron acciones de protesta para denunciar las condiciones en las que debían ejercer su profesión, resultado de dos décadas de políticas neoliberales de drásticos recortes presupuestarios.

Se manifestaron en toda Francia, organizaron grandes marchas en París, cubrieron las fachadas de los hospitales y las paredes de los pasillos de los centros de salud con carteles y mantas con sus reivindicaciones, y lanzaron un amplísimo movimiento de “paro simbólico” –nunca dejaron de atender a los pacientes– enarbolando brazaletes rojos.

Ese movimiento no tardó en conjuntarse con las crecientes protestas y huelgas desatadas por la reforma del sistema de pensiones lanzada por el gobierno. El Ejecutivo se asustó.

El 20 de noviembre Philippe y Buzyn presentaron un “Plan de emergencia para el hospital” que entre otras medidas estipulaba que el Estado se haría cargo de un tercio de la deuda de los hospitales, que era de 30 mil millones de euros. También prometieron dedicar en tres años mil 500 millones adicionales a los nosocomios públicos y otorgar “primas” especiales para compensar los bajos salarios del personal médico. 

Pero dejaron en el aire numerosas demandas concretas de los huelguistas, como la contratación inmediata de personal medico. Según cifras oficiales, sólo en los hospitales de París hay 400 vacantes de enfermería y esa cifra amenaza con crecer, pues la mayoría de los recién diplomados solicita empleo en el sector privado. También es indispensable aumentar el número de camas en todos los establecimientos hospitalarios: faltan 10 mil en los servicios de urgencias y 40 mil en los de geriatría.

El plan distó de convencer al cuerpo médico que, si bien aprobó la decisión del gobierno de asumir 10 mil millones de la deuda del hospital público, criticó la poca envergadura de las demás medidas y calificó de limosnas las “primas” prometidas. 

De hecho una de las principales reivindicaciones del movimiento es un fuerte aumento salarial al personal de enfermería, cuyo sueldo es uno de los mas bajos entre los países de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos. 

El descontento aumentó. El 14 de enero todos los integrantes del hospital Saint Louis, de París, reunidos para la tradicional celebración de Año Nuevo, se deshicieron repentinamente de sus batas blancas y las echaron a los pies del director de la institución. Ese gesto de fuerte carga simbólica fue ampliamente difundido en YouTube y pronto imitado en otros hospitales del país y en las plazas públicas durante las protestas callejeras.

El mismo día, mil 300 jefes de servicio de hospitales renunciaron colectivamente a sus funciones administrativas –sin abandonar sus responsabilidades como terapeutas– al tiempo que exigieron la puesta en marcha urgente de una gran concertación entre todos los representantes del sistema médico galo, de la sociedad civil y del gobierno. Su meta: sentar las bases de una auténtica reforma del sistema hospitalario que “no debe seguir siendo sometido a las lógicas de rentabilidad que se le imponen desde hace 20 años”, advirtieron.

La iniciativa causó impacto en la opinión pública pero no tuvo eco a nivel gubernamental, por lo cual el personal hospitalario volvió a manifestarse masivamente en las calles el 14 de febrero con un apoyo popular aun mayor. Pero otro acontecimiento, aparentemente ajeno a la crisis hospitalaria, atrajo la atención general ese mismo día.

Implicado en un escándalo sexual, Benjamin Griveaux, candidato de La República en Marcha a la alcaldía de París, anunció que se retiraba de la campaña electoral. 

Dos días después, el 16 de febrero, en pleno inicio de la crisis del coronavirus en Francia, Macron tomó la desconcertante decisión de pedirle a Buzyn que abandonara el Ministerio de Salud para sustituir en la candidatura a Griveaux.

En entrevista con el vespertino Le Monde­ publicada el martes 17, Buzyn confió que a mediados y finales de enero había advertido a Macron y Philippe que el covid-19 iba a provocar una crisis sanitaria mayor. Pero fue en vano.

Morgues saturadas

El zumbido de las máquinas y de los respiradores. Centenares de pacientes de distintos géneros y edades, tumbados en camillas y amontonados en los pasillos, algunos intubados y con respiración asistida. Enfermeros y médicos exhaustos, con trajes protectores. Las morgues saturadas, ya sin espacio para los cadáveres. Los camiones del ejército se llevan los cuerpos, pues no hay lugar en los cementerios. Escenas así podían verse la semana pasada en varios hospitales de Lombardía, la región italiana que es epicentro de la pandemia de covid-19. 

El parte de una guerra que azota a toda Italia y tiene un enemigo (casi) invisible es: lunes 16, 349 muertos más. Martes 17, 345. Miércoles 18, 475. Jueves 19, 427. Viernes 20, 627.

Y el domingo 15 el concejal de Salud y Bienestar del gobierno de esta región italiana, Giulio Gallera (del partido ultraderechista de La Liga), pidió la ayuda de los sistemas de salud de Cuba. 

La respuesta fue positiva: Cuba autorizó el envío de 53 médicos y enfermeros. “Se trata de personal altamente especializado que ya ha combatido contra el ébola y que sabe tratar ese tipo de enfermedades”, explicó Gallera. Otros médicos de la región también pidieron donaciones ante el rápido agotamiento de medicinas y máquinas suficientes para atender al creciente número de enfermos.

Cuba se sumó así a China, país que ya anteriormente había enviado a Italia un avión con 31 toneladas de material y equipo y con nueve técnicos que ya se enfrentaron a la crisis en su país de origen. 

Además el gobierno italiano dio el visto bueno a la construcción de hospitales exprés. Uno de estos es el Columbus Covid 2, estructura realizada en tiempo récord en Roma, mientras otra está en preparación en Bérgamo.

Italia tiene un estructurado sistema de salud pública desde 1978, que garantiza una cobertura universal para todas las personas que viven en el país y que todavía se considera –en muchos ámbitos– superior en calidad a muchas instituciones privadas que operan en el país. El gasto que cada ciudadano supone para este sistema equivale, según cifras de 2018, a 2 mil 300 euros anuales. No obstante el Estado destinó al sector 6.5% de su PIB en 2018, un porcentaje menor que el 7% del PIB que entregaba en 2010.

Aun así Italia sigue teniendo uno de los mayores promedios europeos de médicos por habitante, que son 4 por cada mil habitantes, más que el de la Unión Europea, que es de 3.6 por cada mil habitantes. 

El problema es que la mitad de los médicos activos tiene más de 55 años, puesto que en tiempos recientes se han frenado masivamente las contrataciones de nuevo personal. Esto, pese a que Italia es también un país con un creciente número de ancianos (más de 22% de la población tiene 65 años o más), que necesitan de cuidados más frecuentes y atención médica especializada. 

De ahí que los recortes hayan sido particularmente dolorosos en los últimos años. Sólo en la última década se recortaron 37 mil millones de euros en distintos gobiernos que se sucedieron y se perdieron unos 42 mil 800 operadores sanitarios de todos los grados, según el centro de estudios Gimbe­ y un informe publicado el pasado 2 de diciembre por la Oficina de Estudios Parlamentarios del Congreso italiano.

Muchos de estos médicos emigraron a países del norte de Europa, con mejores condiciones y salarios más elevados. Una situación muy distinta de la de Italia, que así ha perdido entre entre 400 mil y 600 mil euros –el equivalente al coste de la formación de un médico en el país– por cada médico emigrado. Con ello, el personal médico en el país hoy suma unos 110 mil profesionales, 8 mil menos que en 2009.

Por esta razón, incluso antes de la pandemia, algunas regiones italianas lanzaron la alerta. El año pasado las regiones de Véneto, Molise, Umbría y Piamonte hicieron un llamado a los médicos y enfermeros jubilados para pedirles volver a ejercer en los hospitales públicos, dado el déficit de profesionales.