La pandemia del covid-19 no sólo puede provocar una crisis sanitaria sino una catástrofe económica: si el virus se extiende y permanece durante meses en el país podría comprometer los recursos públicos destinados a obras de infraestructura prioritarias de la 4T –como la refinería de Dos Bocas– o peor aún, a los programas sociales que promueve López Obrador.
Si la crisis del covid-19 se prolongara más allá de noviembre, la Secretaría de Hacienda y Crédito Público (SHCP) tendría que replantearse la conveniencia de seguir con la transferencia de recursos del Presupuesto de Egresos de la Federación (PEF) para el nuevo aeropuerto en Santa Lucía y, especialmente, para la refinería en Dos Bocas, que se desarrollan sin participación del capital privado y en un momento en el que caerán la demanda y el precio del petróleo.
Aún más, los subsidios para adultos mayores y jóvenes, así como los programas para plantar árboles también tendrían que revisarse, porque ahora la economía mexicana necesitará recursos del PEF y medidas verdaderamente contracíclicas: inyectar recursos directos a la economía e impulsar la inversión privada para hacer frente a la emergencia sanitaria y financiera.
“La economía mexicana está en medio de una turbulencia”, dice a Proceso el gobernador del Banco de México (Banxico), Alejandro Díaz de León.
Alberto Gómez Alcalá, director de Desarrollo Institucional de Estudios Económicos y Comunicación de Citibanamex, considera en entrevista que los pilares fundamentales de la economía son sólidos.
“El balance público puede considerarse sano y no hay un elemento interno que se sume a la actividad internacional”, asegura Gómez Alcalá, quien reconoce la importancia de estar atentos al desempeño de la economía y la duración de la emergencia.
Menos recaudación
–¿Cuál es el espacio fiscal para las medidas contracíclicas, de extenderse la crisis y el aislamiento social? –se le pregunta a Manuel Molano, director del Instituto Mexicano de la Competitividad (Imco).
–Muy poco o nulo –dice y recuerda que en 2019, por primera vez desde 1980, se presentó una caída en la recaudación tributaria del gobierno federal.
“Habrá menos recaudación de IVA y de ISR y de las importaciones, porque éstas pueden disminuir por la depreciación del tipo de cambio”, agrega Fausto Hernández, catedrático del Tecnológico de Monterrey.
La caída en la recaudación fiscal el año pasado provocó que el gobierno federal utilizara 125 mil millones de pesos del Fondo de Estabilización de los Ingresos Presupuestarios (FEIP), 57.7% de los recursos totales de esta bolsa, que en septiembre de 2019 acumulaba 260 mil 185 millones de pesos.
El año pasado el decrecimiento de la economía, que cerró con una caída de 0.1%, generó que los ingresos tributarios (IVA, ISR, IEPS) fueran menores en 108 mil millones de pesos. El gobierno federal puede usar los recursos del FEIP y evitar contratar deuda para mantener el superávit primario de 1.1%, es decir la diferencia entre los ingresos totales menos los gastos totales del gobierno, pero excluyendo el concepto del pago de intereses.
Para mantener el nivel de las calificaciones de riesgo para la deuda soberana –los bonos que emite el gobierno federal–, Moody’s, Standard & Poor’s y Fitch Ratings toman en cuenta que el superávit primario se mantenga en los niveles actuales.
Por ello la SHCP ya confirmó que volverá a usar los recursos del FEIP. El problema, hasta ahora, es que si bien los recursos de ese fondo están autorizados para usarse ante una caída en los ingresos tributarios, el escenario de menor crecimiento económico y caída en ingresos petroleros complica poder recuperarlos en el corto y el mediano plazos.
Ahora, además, es un hecho que las medidas de aislamiento social derivadas del problema del coronavirus afectarán el ritmo de la actividad económica.
Tampoco está claro, dice Molano, el alcance de las coberturas petroleras. En el PEF se informó que las coberturas en 49 dólares se contrataron para la quinta parte de las exportaciones de Pemex, que se estiman en 235 mil barriles.
Sobre las coberturas contratadas por el gobierno federal, “no lo tenemos claro porque no se difunde información muy precisa sobre ellas; no sabemos si cubren toda la plataforma de exportación”, agrega.
Sin las coberturas petroleras, comenta Fausto Hernández, estaríamos en problemas.
Así, la estabilidad de las finanzas públicas podría ser limitada a pesar de las coberturas para el petróleo, porque el problema es el decrecimiento de la economía.
Aún más, el deterioro de la actividad económica que afectará el nivel de ingresos de la SHCP, vía recaudación tributaria, podría ser mayor, porque no se conoce el comportamiento epidemiológico del contagio.
“Este costo podría mitigarse, luego del retraso en las medidas de prevención sanitaria, si el gobierno genera verdaderas medidas de apoyo para negocios que pudieran verse afectados, en medio de la recesión que ya vivimos, por el aislamiento social que se promoverá”, agrega Molano.
Y aunque las tasas de interés del Banco de México se han ajustado en línea con las acciones de los principales bancos centrales para impulsar medidas de política monetaria que hagan frente a la crisis sanitaria, en México los empresarios siguen considerando extremadamente altas las tasas de interés para proyectos productivos.
La razón del alto costo del dinero en el país es que Banxico sigue vigilando el ritmo de crecimiento de los precios, de la inflación. De ello también depende el nivel del tipo de cambio, porque los inversionistas han apostado por el mercado de dinero y no contra la paridad del peso frente al dólar.
“El Banco de México no opina sobre la ejecución de la política económica del gobierno federal, porque nuestra principal obligación es la política monetaria y el comportamiento de la inflación”, dice la subgobernadora de la institución, Irene Espinosa, quien asegura, sin embargo, que las encuestas que realiza Banxico entre inversionistas sí reportan la necesidad de mejorar el clima empresarial.
Banxico, además, dio a conocer que la Comisión de Cambios ordenó que el Instituto Central subastara 2 mil millones de dólares con el fin “de propiciar mejores condiciones de liquidez, un mejor descubrimiento de precios y un funcionamiento ordenado del mercado de cambios”.
Sin una política clara para la inversión extranjera en sectores como infraestructura o energía, el sector productivo enfrentará obstáculos para crecer y contribuir al equilibrio de los ingresos del gobierno. Además, siendo uno de los mayores contribuyentes del gobierno federal, con 19% de los ingresos del PEF, Pemex sí enfrentará una debilidad estructural adicional en sus finanzas.
La caída de los precios del petróleo coloca al gobierno de Andrés Manuel López Obrador en la misma disyuntiva respecto a la apertura del sector petrolero a la que se enfrentó en 2015 la administración de Enrique Peña Nieto, cuando el barril de crudo pasó de 100 a 50 dólares y se esfumó el llamado “Momento México”.
“Es necesario revisar la viabilidad de proyectos e inversiones”, apunta Raúl Feliz, académico del Centro de Investigación y Docencia Económicas (CIDE)
El margen del IEPS
Al cierre de 2019 la recaudación por el Impuesto Especial sobre Producción y Servicios (IEPS) representó 9.2% de los ingresos del gobierno federal, con un crecimiento en términos anuales de 61%, porque en 2018 sólo obtenía 5.8% del total de recursos tributarios a partir de los impuestos a la gasolina.
México importa más de 75% de las gasolinas que consume el mercado interno, por lo que la caída en el precio del petróleo en los mercados internacionales representará para el gobierno federal un mayor margen, dado que no se prevé que en las condiciones actuales se transfiera esa reducción en los precios al consumidor.
“Hacienda, curiosamente, podría beneficiarse de esta situación, porque los ingresos petroleros, incluyendo el IEPS, podrían aumentar”, destaca Feliz.
No obstante, una vez más la amenaza del aislamiento social pondrá un dique al consumo de gasolina, porque disminuirá la actividad económica, el sector servicios –sobre todo el turístico– se verá impactado y caerá el tránsito de personas y bienes.
Por ello los analistas consultados insisten en que la duración e intensidad de la emergencia por la pandemia será el factor clave que deberá observar la SHCP para el manejo de las finanzas públicas.
La caída en los niveles de recaudación tributaria podría compensarse un poco con los ingresos del IEPS ante la baja del precio de la gasolina de importación; sin embargo, no será suficiente.
“Bajará el precio de la gasolina y el gobierno ampliará su margen de ingresos vía IEPS. Veremos compensación, pero no se resolverá el problema”, dice Fausto Hernández.
Si el impacto de la pandemia se extiende, la debilidad que podrían enfrentar las finanzas públicas le impediría apoyar a Pemex, que registrará menores ingresos. “El impacto en el ebitda (ganancias antes de impuestos y depreciación) de Pemex será claro”, dice Feliz y agrega que el riesgo podría ser una revisión negativa de sus calificaciones de deuda en los mercados de capitales.
–¿Podrá el gobierno federal ayudar a Pemex?
–Es poco probable –dice Feliz.
“Hay que tomar en cuenta que si además esto viene asociado a una recesión mundial y, posiblemente, a un crecimiento cero y negativo, en México habrá faltante de ingresos en otros sectores de la economía, afectando la capacidad del gobierno para asistir a Pemex”, añade.
Y entonces, agrega, con el mercado petrolero deteriorándose de esta manera, tanto en precio como en acceso al mercado de deuda, las circunstancias para Pemex se ponen dramáticamente negativas en un círculo preocupante para las finanzas públicas y la viabilidad de la petrolera en la que el gobierno federal ha centrado recursos y expectativas.
Pemex, sin embargo, tiene un factor positivo en su desempeño gracias a que se financiaron gran parte de sus vencimientos este año. “Si la situación del mercado petrolero cambiara en unos meses, o el próximo año, Pemex podría librarse de estos escenarios negativos”, agrega el catedrático del CIDE.
De acuerdo con información de la petrolera, con más de 100 mil millones de dólares en pasivos, sólo 2 mil millones necesitarían refinanciamiento en el mediano plazo.
López Obrador dará prioridad a los programas sociales y no habrá muchos recursos para proyectos estratégicos, pronostica Feliz.
Mientras tanto, para los proyectos del aeropuerto y la refinería de Dos Bocas considera que si la expectativa era ejecutarlos de manera lenta ante la falta de recursos, ahora el avance será menor, porque el gobierno federal tendría que mantenerse con el cinturón apretado.
Un estratega de fondos de inversión comenta que el dilema para el gobierno se dará entre escoger sus prioridades políticas frente a una recesión global y las acciones para que la economía haga frente lo mejor posible a esta crisis.
Abatir la inversión pública, el gasto, tal como lo hicieron Peña Nieto y Calderón, dañaría considerablemente el crecimiento económico para el país en el corto y mediano plazos.








