Tenía 23 años. Principios de 1979.
Estaba en un campamento guerrillero en la retaguardia del frente sur del Frente Sandinista de Liberación Nacional (FSLN). Junto a una decena de militantes de izquierda revolucionaria mexicana que formábamos parte del proyecto de reorganizar la ACNR de Genaro Vázquez y junto a decenas de combatientes internacionalistas salvadoreños, guatemaltecos, argentinos, peruanos, chilenos, y de otros países latinoamericanos, nos incorporábamos a la avalancha revolucionaria de Sandino contra la dictadura de Somoza.
No podía faltar… era un poeta nicaragüense del FSLN quien nos preparaba para incorporarnos a la lucha sandinista: Francisco de Asís Fernández, Chichí. Con él aprendimos historia de Nicaragua; leíamos en voz baja los textos de Gregorio Selser, de Carlos Fonseca, pero a mí me estremecía compartir la lectura de los poetas nicas; particularmente me calaba muy dentro en esos días tan cargados de emociones la voz poética de Ernesto Cardenal.
Las 2 de la mañana, mucha neblina, en
( San Rafael del Norte
Sandino con 6 ayudantes se encamina
( hacia la iglesia
a casarse con Blanca. Él con pistola,
( botas altas, pañuelo rojo
Blanca vestida de blanco, con vela y
( corona de flor de café…
La palabra «cardenalicia» me enseñó con poesía la historia de Nicaragua a través del Canto Nacional.
Durante ese tiempo en el campamento, entre los miedos inevitables, los entrenamientos, los cursos de brújula, de arme y desarme del fusil, la carabina, el rifle o el arma que te había tocado tener ese día entre tus manos; el gallo pinto, y los sobresaltos de la noticias terribles que llegaban de lo que ocurría en la línea de fuego; con su dosis de sangre, heridos y de muerte, la voz de Cardenal pacificaba mi interior, o lo convertía en una máquina irrefrenable de compromiso con la revolución, la democracia popular, la vida y el futuro…
Ahora escribamos este letrero en las paredes
LA VIDA ES SUBVERSIVA
o
EL AMOR ES EL AGITADOR
vamos con Leonel Rugama a escribir en las paredes
¡QUE SE RINDA TU MADRE!
también estos versos de Joaquín Pasos en las paredes
Váyanse, váyanse, váyanse
váyanse, váyanse, yankees.
Cuando un curré canta en un palo verde es que va a llover.
* * *
Tiempo después, ya en plena euforia cercana al triunfo popular, el 17 de julio de 1979 nos informa el poeta granadino Chichí que León está tomada por el FSLN, y que aterrizó una avioneta en su aeropuerto con algunos de sus dirigentes, entre ellos estaba el poeta Ernesto Cardenal, también el escritor Sergio Ramírez y el legendario comandante Tomás Borge.
Luego de ese día se nos dio la orden de avanzar hacia Managua por la carretera sur, era el 18 de julio.
Durante el trayecto pasamos por pueblos y ciudades en medio de la euforia, y esa sensación febril, de ansiedad y de acelere radical de la percepción de los sentidos que palpita y galopa entre tu corazón, la cabeza y la determinación firme de llegar a la capital Managua insurrecta.
Llegamos a Las Piedrecitas, donde se encuentra una estación de Telcor, empresa de telecomunicaciones nicaragüense. La tomamos no sin algunos problemas. Algunos hicimos llamadas telefónicas a nuestros países para avisar que llegamos bien.
Estábamos a las puertas de Managua.
A punto de colarnos en la historia del triunfo popular del 19 de julio
* * *
La capital vivía una situación revolucionaria, en plena insurrección popular las masas se habían tomado las calles, en algunos puntos los combates continuaban, los soldados somocistas se quitaban sus uniformes para huir en desbandada. Hacer el recorrido de Las Piedrecitas-Telcor al Hotel Intercontinental donde despachaba la dirección nacional del FSLN fue una odisea, trincheras, barricadas hechas con adoquines y llantas incendiadas, compas buscando gasolina, edificios quemados, vehículos militares en llamas o hechos ya cenizas.
Jóvenes y muchas mujeres jóvenes milicianas armadas, tratando de organizar desde retenes destartalados, el desorden que a decir verdad parecía no tener remedio y creo que no lo tenía. Managua vivía con intensidad los dramas, la euforia, las alegrías de una revolución popular.
Llegamos al Hotel Intercontinental, nos dieron la orden de reforzar, colaborar y controlar algunos puntos de la ciudad: el teatro popular Rubén Darío, el canal de TV, proteger las fuentes y las ninfas de Rubén Darío frente a la Plaza de La Revolución, el edificio de Telcor en el centro, y la Hacienda del Retiro.
Ahí lo conocí, sereno y seguro, tratando de organizar el Ministerio de Cultura, junto a su desde entonces fiel colaboradora y también poeta Luz Marina Acosta y la joven revolucionaria sandinista Daisy Zamora, recién nombrada viceministra.
Él mismo dio la instrucción de proteger el patrimonio cultural de la ciudad lo más posible.
Pero quiero señalar que uno de los primeros nombramientos del gobierno revolucionario sandinista fue el de Ernesto Cardenal como ministro de Cultura. Su cuartel general se instaló precisamente en la Hacienda del Retiro.
En medio del desorden y caos que provoca una insurrección popular como la sandinista, afortunadamente se lograron proteger importantes monumentos patrimonio histórico de Nicaragua.
* * *
40 años después, a finales de 2019, me encuentro con Ernesto Cardenal en la Ciudad de México.
Un pequeño grupo de poetas mexicanos, en su mayoría jóvenes (y otros no tan jóvenes, como yo), convocados por mi amigo el poeta potosino Enrique Márquez y por el escritor Jorge Volpi, conversamos con él sobre su amistad con Roque Dalton, el gran poeta salvadoreño; sobre su participación en La Casa de Las Américas de La Habana y su relación con Roberto Fernández Retamar. Sus repetidas y algunas largas estancias en México; sus estudios en Filosofía de la UNAM; su estrecha relación con el escritor norteamericano Thomas Merton –su maestro espiritual y literario– y su ingreso a la orden de los trapenses en Estados Unidos, producto de un proyecto teológico-estético-espiritual que fue construyendo junto y al lado de su amigo Merton, y cómo ese proyecto se convirtió en Solentiname.
Ese mediodía tuve oportunidad de platicar unos minutos con él, se le veía contento, le entregué un ejemplar de mi libro Nocturnos para Noctámbulos, platicamos en voz baja, quedamos de encontrarnos en el Festival Internacional de Poesía, en Granada, su ciudad natal, por realizarse en marzo. Se atravesó la muerte.
Pero nunca olvidaré su aliento de paz y su voz baja, diciéndome: los poetas nos reencontramos mejor cuando nos leemos y hacemos nuestras las palabras nuestras… o algo así.
Ese día festejamos por adelantado su cumpleaños 95. Jorge Volpi puso el pastel. El poeta sopló lo más fuerte que pudo en varias ocasiones sobre las velas, las velas se negaron a apagarse. Este 1 de marzo las 95 velas de su vida se apagaron. Se nos fue uno de los grandes poetas del siglo XX. Poeta guerrillero.
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* Este es un fragmento del libro “Memorias rebeldes”, en preparación. Las citas poéticas pertenecen al poema Canto Nacional.








