Política de incertidumbre ante el covid-19

La llegada del coronavirus al país eleva el riesgo de una recesión económica, sobre todo porque las autoridades hacendarias y el sector financiero carecen de un plan de contingencias para enfrentarlo, lo mismo que el sector salud. Por lo pronto, la semana pasada se observaron los primeros embates: un desplome en el Índice de Precios y Cotizaciones y la caída del peso… Y los daños pueden extenderse al sector manufacturero.

Sumida en su parálisis, la economía mexicana se enfrenta a un “territorio desconocido” –como lo llamó el gobernador del Banco de México, Alejandro Díaz de León– con el contagio del coronavirus, que ya llegó al país. Las autoridades del sector salud carecen de un plan de contingencias para evitar que la actividad económica y las finanzas públicas sufran una merma aún mayor.

La semana pasada la Bolsa Mexicana de Valores (BMV) y el peso tuvieron su peor momento en lo que va del año. El Índice de Precios y Cotizaciones cerró con un desplome semanal de 7.76% con un total de 41 mil 324 puntos, un descenso no visto desde la crisis financiera de 2008.

La divisa nacional se fue en picada con un retroceso acumulado de 5.28%, de forma que el tipo de cambio se acercó a los 20 pesos por dólar en ventanillas bancarias, luego de que el gobierno de Andrés Manuel López Obrador confirmó el primer caso de covid-19.

Así, el peso acumuló siete jornadas consecutivas en caída libre frente al dólar estadunidense y fue una de las monedas emergentes más afectadas por la incertidumbre, igual que el rand sudafricano y el real brasileño.

“El peso es la moneda más liquida de toda Latinoamérica, funciona como un amortiguador para la economía mexicana y es la que resiente los choques externos como el coronavirus. De alguna manera, el hecho de que el tipo de cambio suba evita que se vea reflejado en la economía real. Si tuviéramos, como en otros años, un régimen cambiario por banda, entonces el Banxico tendría que estar inyectando dólares, lo cual bajaría las reservas y haría más frágil a la economía mexicana”, explica a Proceso Gabriela Siller, directora de Análisis Económico-Financiero del Banco BASE.

El coronavirus es “definitivamente” una amenaza real para la actividad económica del país, sostiene la analista. Y añade:

“La economía mexicana está muy vulnerable, sobre todo por el estancamiento económico que vivimos el año pasado. Si el virus se extiende en Estados Unidos y México, podría llevar a la economía a una recesión. En el primer trimestre sí nos vamos a ver afectados por el coronavirus.”

Mientras el coronavirus se propagaba con velocidad en el mundo, el Banxico metió tijera al pronóstico de crecimiento del Producto Interno Bruto nacional para el presente año de un rango ubicado entre 0.8% y 1.8% a uno situado entre 0.5% y 1.5%.

“Cabe señalar que existe un alto grado de incertidumbre alrededor de estas perspectivas, toda vez que se considera que la economía mexicana continuará enfrentando un entorno complejo… Sobresale la incertidumbre relacionada con los efectos que el brote de coronavirus pudiera tener en la actividad económica”, explicó el banco central en su más reciente Reporte Trimestral de Inflación, publicado el pasado 26 de febrero.

En el mismo sentido, la agencia calificadora HR Ratings redujo su previsión de crecimiento, en gran parte por el efecto del coronavirus. Para 2020, aseguró la firma, la economía no crecerá más de 0.64%.

“También ajustamos a la baja el pronóstico para el primer trimestre de 2020, ya que consideramos que la debilidad del sector manufacturero podría extenderse hasta dicho periodo como consecuencia del impacto del coronavirus en las cadenas productivas a nivel global.”

En otras palabras, más allá de las afectaciones en los mercados financieros, el golpe lo recibirá también la economía real.

 

Vaivenes internacionales

 

El director general del Instituto para el Desarrollo Industrial y el Crecimiento Económico (IDIC), José Luis de la Cruz Gallegos, explica en entrevista que la incertidumbre y las afectaciones derivadas del coronavirus en China impactarán a varios sectores de la industria manufacturera:

“Dependerá de cuánto se prolongue esta situación. México compra a China cerca de 80 mil millones de dólares, sobre todo insumos intermedios que van a otros procesos de fabricación en industrias tan importantes como la electrónica, el equipo eléctrico, la maquinaria, equipo de cómputo o el propio sector automotriz.”

El experto en economía y temas industriales advierte que “el eventual cierre de fábricas puede provocar que se interrumpan los flujos de estos insumos. Ahí es donde México puede enfrentar problemas, sobre todo porque su manufactura enfrenta cierta debilidad”.

En efecto, la agencia calificadora Fitch Ratings reveló que “el cierre de fábricas chinas por el coronavirus afectará la producción en las industrias globales que dependen de los insumos chinos, incluso donde no hay exposición directa”.

La agencia dio un dato: El sector de la informática y la electrónica (que incluye computadoras personales, teléfonos móviles, semiconductores, electrodomésticos y maquinaria eléctrica) exportó 386 mil millones de dólares valuados en productos intermedios en 2015.

Una revisión de las cifras deja ver la debilidad estructural que enfrenta la industria mexicana y que no le alcanzaría para resistir impactos externos.

Hasta diciembre de 2019 la actividad industrial cumplió 15 meses consecutivos con retrocesos, de forma que a lo largo de ese año la industria mexicana tuvo una recesión de 1.8%. Mientras que el promedio en los primeros 13 meses de la Cuarta Transformación, el sector secundario de la economía mexicana retrocedió 1.9%, el menor crecimiento desde la época de Vicente Fox, de acuerdo con datos del IDIC.

En particular, las industrias manufactureras cerraron 2019 con cuatro meses seguidos en terreno negativo. En el último mes del año, 11 de los 21 sectores que componen a las manufacturas vieron números rojos.

Propuestas

Ante ese panorama, De la Cruz, quien se desempeña también como presidente de la Comisión de Estudios Económicos de la Confederación de Cámaras Industriales, alerta:

“Sí estamos observando que la mayor debilidad en el crecimiento durante el año pasado fue la industria, cayó 1.8, donde el promedio anual de crecimiento de 2001 a 2018 fue de 0.4%. Es evidente que partimos de una debilidad estructural. Ante recesiones que se van a enfrentar a nivel internacional por el tema del coronavirus, pero también por el hecho de que la industria a nivel mundial ya venía desacelerándose, sin una política industrial, sería dejar a la suerte, a los vaivenes internacionales lo que ocurra con la industria nacional”.

Autor del libro México: crisis social de un modelo económico, De la Cruz pone sobre la mesa propuestas para un plan de contingencia encaminado a mitigar el impacto que pudiera tener el coronavirus.

“El primer elemento a considerar –dice– es que existe la posibilidad de que los mercados internacionales no nada más se desaceleren, sino que se restrinja el tránsito por este problema de salud; es decir, que sea más difícil comerciar con el exterior. El primer aspecto es entender que es importante reforzar el mercado interno, favorecer lo hecho en México, ante un potencial problema de comerciar con el extranjero.

“El segundo es que el gasto de gobierno y la inversión pública tengan más contenido nacional; el tercero es el impulsar el financiamiento; el cuarto punto radica en que en un momento dado se busquen programas de inversión público-privada para empezar a hacer crecer a estos sectores, que se han visto más afectados y están más expuestos al riesgo.”

–Hay un lado “positivo” por la debilidad de la industria china; es decir, ¿México puede sustituir algunas importaciones provenientes de ese país?

–Existe esa posibilidad. Sin embargo, lo difícil es ponderar el efecto neto. Hay sectores donde sí existe esa posibilidad de sustitución, como el textil, el calzado, algunos productos metálicos que México podría producir.

“Pero hay otro tipo de insumos que no se pueden sustituir; por ejemplo, la industria aeronáutica, la automotriz, la industria farmacéutica y otros productos químicos. Hay certificaciones que cumplir por temas de salud, seguridad, requerimientos de calidad, en donde esos procesos no son de corto plazo, pueden llevar años tener esas certificaciones.”

Otro de los efectos que tiene la propagación de coronavirus es el impacto en las finanzas públicas, derivado del desplome de los precios internacionales del petróleo, en especial de la mezcla mexicana de exportación, que del 21 al 28 de febrero pasó de 48.47 a 39.76 dólares por barril… En cinco días el precio del combustible se redujo 18%.

Eso, sin mencionar que el pasado 6 de enero alcanzó su máximo nivel del año, cuando tocó los 59.35 dólares por barril. Desde ese día hasta el cierre del 28 de febrero, el precio del petróleo mexicano perdió una tercera parte de su valor al reducirse 19.59 dólares por barril.

Optimismo de la SHCP

El problema es que la Secretaría de Hacienda y Crédito Público (SHCP) tiene previsto un precio del barril en 49 dólares para este año, de acuerdo con los Criterios Generales de Política Económica 2020… Al cierre de febrero el precio del crudo rondó los 39.76 dólares por barril.

De acuerdo con el último reporte de Finanzas Públicas y Deuda correspondiente a enero, los ingresos petroleros fueron inferiores en 27.6 mil millones de pesos, de acuerdo con lo planteado, por lo que los ingresos de la Cuarta Transformación van trazando una línea a la baja.

Así, aunque no se ha materializado en México como un problema de salud pública por el coronavirus, los efectos en la economía y en las finanzas ya están a la vuelta de la esquina, mientras que la economía mexicana aún no se recupera del año perdido que fue 2019, cuando retrocedió 0.1%.

Aún peor, no hay una reacción clara por parte de las autoridades del sector económico que frene la incertidumbre en los mercados, en un entorno donde la confianza ha sido mermada por el discurso ambivalente del presidente López Obrador y donde las cifras de crecimiento no alientan la inversión.

El pasado 25 de febrero, el titular de la SHCP, Arturo Herrera, se limitó a decir que sí se está elaborando un plan contingente, pero no dio detalles.

Acotó que luego de asistir a la reunión del G-20, en Riad, Arabia Saudita, se determinó que “hasta hoy se esperaría un efecto de ‘V’; es decir, un efecto muy rápido con un rebote muy rápido, por lo que al ser un tema global tenemos que prepararnos para tener un esquema de contingencia”.

De hecho, Herrera lanzó la responsabilidad a la Secretaría de Salud.

“Una de las cosas que comenté en Riad es que ustedes recordarán que en 2009, cuando el H1N1, hubo una universidad local que decidió cerrar actividades; después la delegación Cuauhtémoc decidió cerrar los restaurantes y entonces las autoridades locales de distintos niveles estuvieron tomando medidas que fueron cerrando esferas de la actividad económica. Si se tiene que cerrar, se tiene que cerrar, pero eso lo tiene que determinar la Secretaría de Salud.”

Reiteró su optimismo sobre el crecimiento económico del país. Por el momento, dijo, la SHCP no moverá a la baja su proyección ubicada en un rango de entre 1.5% y 2.5%.

Esa ha sido la reacción del encargado de las finanzas públicas del país ante la incertidumbre provocada por el coronavirus. Caso similar es el de la titular de la Secretaría de Economía, Graciela Márquez, quien un día antes, el 24 de febrero, presumió que la economía “va bien” y que ya se esperaba una reacción negativa en la BMV y el tipo de cambio.