En una primera etapa del diagnóstico sobre nuestra política exterior, Diplomacia Cultural –una dependencia de la Cancillería creada en este sexenio– detectó una ausencia de rumbo. Ello ha motivado que se diseñe un mapa de regiones clave en el mundo para realizar encuentros en los cuales México pueda apoyarse para impulsar una reforma y conseguir, por primera vez, a decir del director ejecutivo de esa oficina, Enrique Márquez, una política cultural en el extranjero, pues las anteriores administraciones giraron en torno a la figura presidencial.
Adecir del director ejecutivo de Diplomacia Cultural de la Secretaría de Relaciones Exteriores (SRE), Enrique Márquez Jaramillo, el sistema de promoción cultural del gobierno de México en el extranjero dista de ser articulado y eficaz.
La realidad, dice, es que está en condiciones “muchísimo muy lamentables” que se propone remontar para que la proyección de la cultura mexicana en el mundo “sea muy digna, de alto nivel y sobre todo muy contemporánea, muy moderna”, por lo cual se propone cambiar también el paradigma postrevolucionario fundado por José Vasconcelos.
El pasado 2 de febrero, en su columna “En el Paredón” del portal Paso Libre –pasolibre.grecu.mx, órgano del Grupo de Reflexión de Economía y Cultura (Grecu)–, el periodista y exagregado cultural en Colombia, Eduardo Cruz Vázquez, publicó información obtenida en Transparencia sobre los 113 nombramientos de representantes en el extranjero hechos por el canciller Marcelo Ebrard. 40 de ellos habían sido designados por su antecesor Luis Videgaray. E informó que 21 se desempeñan como agregados culturales.
Cuestionado al respecto, Márquez dijo a la reportera Niza Rivera, de la agencia apro, que daría a conocer el Proyecto de Reforma del Sistema de Gestión Cultural de la SRE, que integra una de su propuesta para el fortalecimiento e innovación de la diplomacia cultural “El orden de la casa”.
En entrevista con Proceso en sus oficinas de Plaza Juárez, aclara que la reforma no es inminente. Por ahora se realiza un “diagnóstico pormenorizado”, pero anticipa que incluirá cambios a los institutos culturales de México y la depuración del sistema de agregados culturales. Para ello conformó con los exagregados Edgardo Bermejo y Gerardo Ochoa Sandy, y el académico César Villanueva, el Grupo Consultivo de Expertos en Diplomacia Cultural, presentado el 15 de mayo de 2019, al darse a conocer el Consejo de Diplomacia Cultural.
Se cree que el consejero cultural es un personaje “un poco porfirista”, cuando generalmente atiende más de una tarea en las embajadas: temas consulares, archivo y “casi hasta el traslado del chofer, estoy exagerando, pero así es: El encargado de organizar el programa cultural y gestionarlo, realiza más de tres tareas. Si dices, qué perfil tiene, pues ya ni te entretengas, tú no aceptarías –a lo mejor– irte de agregado de cultura con un escenario así”.
–¿Qué perfil buscan?
–Espérame cinco meses y te contesto (ríe). No, vamos a ver la realidad y luego entonces el perfil, porque se tiene que modificar.
Puede haber casos donde algún embajador pidió al responsable de promoción económica o de servicio cultural: “encárgate de cultura, al cabo que es poquito”, y así “estamos inundados de ‘encargados’ de cultura”.
A decir suyo, cuando llegó al cargo se encontró con los Programas de Promoción Cultural (PPC), que proponen las embajadas con el fin de obtener apoyo económico. La dependencia cuenta para 2020 con un presupuesto de 26 867 561 pesos: 9 241 761 para los PPC, 3 150 000 para traslado de personas, y la mayor cantidad para cuotas y aportaciones a organismos internacionales, 14 475 800.
Algunos de los apoyos a embajadas y proyectos se traducen en boletos de avión, pues admite el funcionario que ya se había vuelto “una tradición” y la dependencia era “como una agencia de boletos”. La pregunta es por qué se regresó a un esquema donde la dirección funciona como “agencia de viajes” cuando tras la salida de Gerardo Estrada (2003) y la llegada de sus sucesores Porfirio Thierry Muñoz Ledo y Andrés Ordóñez se planteó una reforma.
“Estás hablando de hace más de quince años, pero no hubo esa reforma. Aquí no había nada, igual se argumentó, pero tan no hubo nada que nos volvimos a encontrar con el tema.”
Pero en el balance presentado por Ordóñez al final de su gestión se reportó el cambio en el sistema cultural. Por ejemplo: de 9.7% de miembros del Servicio Exterior Mexicano (SEM) que participaban en dichas funciones se llegó al 38%. Y se definió el perfil del funcionario cultural:
“Un individuo capaz de entender y vivir la diversidad, de no reducir la cultura a las bellas artes, ni lo universal a lo occidental; de asumir genuinamente y utilizar para beneficio del proyecto mexicano de política exterior el vínculo indisoluble entre la cultura, el mercado y la política; y dispuesto a anteponer el interés de la nación a su prestigio personal.”
Y se brindó capacitación en temas de administración y gestión cultural, mediante un programa organizado y cofinanciado por la SRE, la Universidad Autónoma Metropolitana y la Organización de los Estados Americanos.
En dos pistas
Los propósitos de Márquez son crear un nuevo sistema de gestión cultural y de las políticas culturales de la Cancillería. Lo primero es incrementar el presupuesto, pues no se puede operar con alrededor de 10 millones de pesos.
–¿A cuánto aspira?
–No hemos hecho ese cálculo. Hasta no terminar el diagnóstico y no tener una visión muy clara de qué políticas culturales deben regir aquí y no qué acciones culturales nos podemos inventar para este año.
El segundo punto son los PPC que, según el criterio de cada una, proponen las embajadas. Lo cual, en su opinión tiene “un grado de dispersión absoluta, porque no hay directrices, no hay una política cultural, son acciones aisladas, te puedo decir que a veces ocurrencias”.
–Usted refiere que van para dos años, le quedan cuatro, y aún no tienen esa política cultural, ¿no deberían ya de haberla articulado tanto la Secretaría de Cultura como su Dirección Ejecutiva?
–¡No, no, no! Es muy poco tiempo, ¡no! Yo me sentiría muy tranquilo y orgulloso de haber hecho este trabajo estos años. Tenemos muy buenos resultados, no te los voy a enumerar, hemos hecho muchas acciones. Y éste es un trabajo de reforma o de ajuste institucional que ha corrido paralelo a la atención a las embajadas y a las iniciativas que hemos tenido.
Menciona varias de las acciones realizadas en 2019, algunas publicadas en el Atlas de la nueva diplomacia cultural de México 2019-2020-2021. Y menciona, entre sus planes a futuro, un encuentro internacional sobre Alzheimer en París, Francia, y una exposición sobre herbolaria, en Berlín, Alemania, con base en Códices, que califica como “un hito porque vincula el tema cultura con el medio ambiente”.
Insiste en que no han dejado de hacer actividades al tiempo que realizan una reflexión detallada de los PPC, que les ha permitido saber que el 48% de los proyectos de cooperación cultural son para la región Centroamérica y el Caribe, 32% para América del Sur, y muchas embajadas desconocen los proyectos de cooperación que les benefician.
Ello tiene que ver con “la pésima promoción cultural que estamos haciendo”, y la relaciona asimismo al sistema de agregados culturales. Señala que se le critica pensando en si son elegidos “porque son cuates de quién sabe quién, por amiguismo” cuando el tema es cómo se seleccionan y capacitan. Para determinar sus perfiles no sólo debe reformarse el articulado del Reglamento Interno, sino determinar qué se le pedirá al Instituto Matías Romero para su capacitación sistemática.
“Entonces tu dices ‘es que va muy lento’”.
–No digo lento, pero llevan dos años en el cargo y no se parte de cero, ha habido Programas Nacionales de Cultura y…
–No, pero yo hablo de la cultura en la Cancillería, aquí no había programas.
La pregunta es entonces qué pasó con todo lo que hicieron en el área diplomáticos como Rafael Tovar, Jorge Alberto Lozoya, Andrés Ordóñez, Jaime Nualart, Alberto Fierro, Luz Elena Baños o José Luis Martínez, que fue su antecesor directo, entre otros. Si acaso dejaron un desastre tal que nombra a ese punto de su proyecto “El orden de la casa”:
“No, no estoy hablando de la gestión de ellos, tanto que en mi discurso de acceso a esta responsabilidad reconocí en Rafael Tovar, y todos los que han pasado por esta dirección, un trabajo muy ameritado, constante, responsable. No estoy en esa tesitura.”
Pero comenta al mismo tiempo que si no se encontró con proyectos a su llegada es porque no existieron. No es que se hayan perdido:
“Todo lo que tiene fuerza institucional no se pierde, ¡por Dios, no! Aquí no había una política cultural, es lo que quiero decir. Es tan obvio porque la agenda cultural mexicana, desde siempre, seguía el ritmo principal marcado desde Los Pinos. ‘¿A dónde va el presidente?’, ‘a Tokio’, ‘pues allá va el oro de los mayas’”.
Recuerda como el último gran evento de ese tipo la exposición México: Esplendores de Treinta Siglos, en el Museo Metropolitano de Arte, en Nueva York, de 1990, cuando el presidente Carlos Salinas de Gortari promovía la firma del Tratado de Libre Comercio.
La construcción de la política cultural a la cual aspira es un “ejercicio de debates, no son ocurrencias, porque además ya nos hemos consolidado como una iniciativa de proyectos innovadores, o sea, esa credencial ya la tenemos”, considera, y muestra un mapa mundial donde están marcadas 15 reuniones regionales de diplomacia cultural que su dependencia realizará a lo largo de 2020 en regiones como Europa Central y Balcanes, Asia Central, Norte de África, Cuba-Caribe, Medio Oriente, entre otras.
Su idea es cambiar el “estereotipo de lo mexicano”, exposiciones de Diego Rivera y Frida Kahlo, mayas, aztecas, en fin. A decir suyo, la recién inaugurada muestra de muralismo mexicano en el Whitney Museum de Nueva York se monta porque tiene “un enfoque distinto” al abordar su influencia en artistas estadunidenses, particularmente Jackson Pollock.
La visión cultural está cambiando, sostiene, incluso los franceses “están en quiebra con su sistema de gestión cultural”, aunque tengan el Instituto Francés de América Latina, porque siguen en la reproducción de estereotipos, “porque no están haciendo la reforma que estamos haciendo nosotros”.
También los españoles, añade, enfrentan un problema grave con el Instituto Cervantes, “ya lo querían vender, nos lo estaban ofreciendo, pero su salvación es el español y por eso están impulsando la apertura en Washington, Chicago y Los Ángeles. Tienen 82 centros en el mundo, pero no los van a soportar, ya dos veces han tratado de deshacerse de ellos.
“Justamente en España (a donde irá en unos días), voy a hablar con Luis García Montero, el presidente, para ver cómo los vamos a acompañar en Estados Unidos.”
Lo que Márquez busca, sin embargo, es que México tenga su propio espacio de promoción, no necesariamente con la figura de un instituto, porque en su opinión eso es burocratizar la promoción cultural. Se le pregunta finalmente cuánto han avanzado en la reforma para transformar la Dirección General de Cooperación Educativa y Cultural en Dirección Ejecutiva de Diplomacia Cultural. Tienen un retraso, dice, porque debe ser sancionada por la Presidencia de la República, y “es un proceso complejo porque pasa por la Secretaría de Hacienda y Crédito Público, pues tiene que ver con el gasto, pero está a punto de salir”.
La idea es que ya no dependa de la Agencia Mexicana de Cooperación Internacional para el Desarrollo (Amexcid), sino de las oficinas del canciller Ebrard.








