Señor director:
Bajo el puente de la revista Proceso pasan el goce y la pena, la vida lenta y el tiempo veloz. Las aguas siguen pasando como en El puente de Mirabeau de Apollinaire.
Puntuales palabras de Rafael Rodríguez Castañeda en la hora de su adiós y retiro de la dirección del semanario. Sin flores muertas ni golpes de pecho inútiles. La síntesis precisa de las vicisitudes vividas en sus veintitantos años al frente de la revista y el recuento de sus muertos cercanos y entrañables. Los sexenios difíciles de Fox, Calderón, Peña y no menos el de Obrador. Qué bueno que Proceso “no se porte bien” con el actual presidente de México y el poder político en turno. Es otra su función.
El ejercicio de la libertad de expresión política, cultural y crítica no puede ni debe plegarse a los mandatos del poder sin renunciar al servicio del interés público; al contrario, le toca hacer público lo que es público desde su propia perspectiva y a sociedad abierta.
Creo que es bueno el balance de Rodríguez Castañeda y me parece muy bien su entrega de la estafeta a una nueva generación.
Adelante, estimado Jorge Carrasco, el reto es suyo junto con su equipo de trabajo nuevo y antiguo de Proceso. La mejor de las suertes en sus empeños de “continuidad y renovación”, trascender y mejorar lo hecho.
Cuando se ha vivido lo que se ha vivido en una larga y ardua travesía se sabe que es verdad lo que decía el viejo pescador de Hemingway: “Un hombre puede ser derrotado, pero no destruido”.
Un sueño se acaba y sigue la vida bajo el puente del semanario: “Estaré tan cerca de ustedes, como ustedes lo quieran. Nos volveremos a encontrar. Gracias”.
¡Solidaridad crítica y democrática con Sergio Aguayo Quezada! La libertad de disentir frente al bozal del poder.
Atentamente,
Julio Figueroa








