Después del éxito que tuvo en 2019 al posicionarse internacionalmente como una feria “focalizada, fresca y festiva” (Linda Yablonsky, The Art Newspaper), la Feria de Arte Material se debilitó este 2020 al asumir una identidad ambivalente que evidencia la voracidad e inteligencia de los líderes del mercado del arte contemporáneo en México.
Atractiva desde su primera edición en 2014 por el interés de proponer una alternativa ante la rigidez, precios y exclusión curatorial de ZsONA MACO, Material destacó en 2018 al instalarse con una estructura espectacular de dos pisos de andamios, adentro del emblemático y entonces recién rescatado y restaurado Frontón México.
Apoyada desde su inicio por galeristas nacionales y extranjeros que le apostaban a lenguajes menos convencionales pero con alta calidad visual, Material se desarrolló con la participación de profesionales que sabían ver el potencial artístico de firmas desconocidas. Entre ellos, el mexicano Francisco Cordero que, a través de su galería Lodos, impulsó al francés –entonces radicado en México– Yann Gerstberger (1983) sin saber que, después de exponerlo en su estand, la poderosa galería OMR lo integraría a su establo.
Y si bien en el contexto de la competencia mercantil es una circunstancia común, en el escenario global del arte contemporáneo se han discutido y planteado soluciones ante el hecho de que las galerías más poderosas integren a creadores jóvenes que promueven las de trayectoria media o emergente: debilitar a estas galerías es un peligro para la existencia y devenir del ecosistema artístico (Artleaders Network Conference 2018; Proceso 2173). Y aun cuando Lodos se ha mantenido y fortalecido sin Gerstberger, la participación del artista con la OMR en ferias del nivel de Art Basel y su regreso a Material en 2020, es una decisión que no debe soslayarse. ¿Qué objetivos mercadológicos tiene la galería: reubicar al artista en otro segmento de mercado o actualizar a la galería vinculándola con la feria de arte Material?
Interesado en promover el coleccionismo entre jóvenes –como él mismo señaló en entrevista con la consultoría “Se habla español” https://monicamaristain.com/el-valor-del-dinero-en-gabriel-orozco-hasta-manana-en-material-art-fair-2020/–, el afamado Gabriel Orozco participa en Material con un astuto proyecto que, bajo el título de Tacing money (Trazando la ruta del dinero), oferta aproximadamente 150 piecesitas de soporte fotográfico a mil 500 dólares cada una. Producidas a partir de la intervención de los personajes que aparecen en los billetes-moneda de distintas partes del mundo, las imágenes de aproximadamente 10×10 cm son una alternativa comercial ante los precios de 250 mil dólares que cuestan sus pinturas en ZsONA MACO.
Y si bien para Orozco es conveniente participar en Material e, inclusive para la feria pueda ser legitimatorio, ¿es también positivo para los expositores o provoca una competencia desigual?
Con una oferta atractiva en la que no sobresalieron especialmente ni autorías ni galerías, Material destacó por incorporar numerosas mujeres artistas. Ya sea con las pinturas dibujísticas y pequeñas cerámicas de objetos tan cotidianos como los cerillos de Lorenza Boisi en la galería Ribot de Milán; o los objetos acolchados e intervenidos con dibujos y objetos de Ana Nava –como su funda para espejo lateral de coche– en la Sperling de Munich; los divertidos zapatos y botas de material sintético de Christiane Blatt en la Damian & The love guru de Bruselas; o la obsidiana intervenida de la arquitecta mexicana Frida Escobedo que al lado de la gráfica de la reconocida alemana Dana Schutz exhibe la institucional Serpentine de Londres, las mujeres se impusieron a diferencia de otras ediciones.
Con la presencia también de galerías-clientes de ZsONA MACO como la OMR, Luis Adelantado, Patricia Conde, Enrique Guerrero e Hilario Galguera, el Salón ACME se distinguió principalmente por la potencia vivencial de su ambiente y arquitectura.
Y, por último, la primera edición de la Feria Maroma. Aunque también contó con artistas exhibidos en otros eventos –como el tapatío Francisco Muñoz que estuvo en ACME–, se distinguió con la producción museográfica de instalaciones individuales para cada artista. Entre lo más sobresaliente, los carbones paisajísticos de Carlos Vielma, que oscilaron entre los 25 y 80 mil pesos.
En resumen, una presencia dinámica de promotores que se opaca al estar las mismas galerías en los tres eventos.








