La fulminante aparición y propagación del coronavirus desde China encendió todas las alarmas en el mundo y así se dio inicio a una carrera contra reloj para hallar una vacuna para todas las variedades de la enfermedad. Especialistas de varios países, fogueados ya en el estudio de la influenza, se dedican a ello las 24 horas… aunque los resultados, advierten, no llegarán pronto.
Al menos 11 experimentos de vacunas contra la influenza están en marcha en Alemania, Estados Unidos, Israel, Japón y Reino Unido, mientras que otros tantos están en marcha contra el coronavirus.
Como enfatiza la doctora Tamar Ben-Yedidia, directora científica de la empresa israelí BiondVax Pharmaceuticals –que desarrolla uno de los proyectos más avanzados de vacuna contra la influenza–, una inmunización altamente efectiva contra el coronavirus no necesariamente lo será para la otra infección.
“La necesidad urgente de una vacuna universal de amplio espectro es clara. Creemos que las preocupaciones actuales por el coronavirus aumentarán la conciencia de la amenaza a la salud global de las enfermedades infecciosas, incluyendo la influenza temporal y pandémica. Hoy hay muchas más oportunidades para que los virus se propaguen e infecten”, dice la experta, vía e-mail, a Proceso.
Desde hace años la comunidad científica ha alertado del surgimiento de una pandemia global que puede tener consecuencias catastróficas, como lo fue la llamada “gripe española” que entre 1918 y 1920 mató de 50 a 100 millones de personas.
Ante ello, universidades, laboratorios y organismos multilaterales se han concentrado en desarrollar vacunas que neutralicen los patógenos, pero esa respuesta ha sido generalmente reactiva. Hasta ahora los virus han inclinado la balanza a su favor, debido a su alta capacidad de mutación.
La aparición del coronavirus 2019-ncov a finales de 2019 en la ciudad china de Wuhan ha alimentado esos temores y aceleró la carrera contra el tiempo para elaborar una medicina. Al cierre de esta edición, más de 28 mil 300 personas tenían el virus; de ellas, más de 28 mil en China, 45 en Japón, 28 en Singapur y 25 en Tailandia; 565 murieron –549 sólo en China.
La Organización Mundial de la Salud (OMS) resolvió el pasado 30 de enero declarar emergencia global, lo cual implica que los países deben tomar medidas extraordinarias de vigilancia, seguimiento y prevención.
Luego de la aparición de la dolencia, China descifró el genoma del virus y lo publicó en línea, lo cual abrió las puertas para que científicos y laboratorios lo analicen para diseñar vacunas.
El Centro de Investigación en Vacunas de los Institutos Nacionales de Salud adscritos al Departamento de Salud de Estados Unidos y la compañía biotecnológica Moderna preparan un antídoto contra el coronavirus, cuyas primeras pruebas de riesgo ocurrirían el próximo abril, como publicó el 30 de enero The Washington Post.
Inovio, una empresa de biotecnología asentada en Filadelfia, prepara pruebas de laboratorio y en animales, y a la trasnacional farmacéutica Johnson & Johnson le tomará entre ocho y 12 meses el diseño de una prueba lista para aplicarse en humanos.
El lunes 3 la Coalición para las Innovaciones en Preparación Epidémica (CEPI), con sede en Londres, y la trasnacional británica Glaxo Smith Kline anunciaron una colaboración para elaborar una vacuna contra el 2019-ncov y que respaldará los experimentos en marcha efectuados por la australiana Universidad de Queensland, también adscrita a la coalición.
Los científicos han descubierto siete coronavirus que pueden contagiar a los seres humanos.
La Agencia de Alimentos y Medicamentos decide qué tipo de vacuna es necesaria para Estados Unidos, a partir de una recomendación de la OMS que revisa miles de muestras de virus de 100 naciones.
El crecimiento de los virus toma seis meses en un laboratorio. Los científicos los matan y el producto es purificado para pasar a la etapa de producción. Pero la elaboración de una vacuna toma tiempo, mientras el coronavirus avanza.
“En el mejor de los casos demora 12, 18 meses para tener un prototipo para hacer pruebas clínicas e iniciar una producción. Es una tarea muy larga. Podría pasar lo que ocurre con la influenza, que cada año hay que producir una vacuna. No sabemos cuál es su variabilidad genética, apenas lo estamos conociendo”, señala Samuel Ponce de León, coordinador del Programa Universitario de Investigación en Salud de la UNAM.
El brote chino es el segundo mayor en este siglo, luego de la aparición de la cepa H1N1 en abril de 2009 en México.
Los más notorios coronavirus han sido los síndromes respiratorios agudo grave –que dejó más de 8 mil infectados y 774 muertos en 2003– y de Medio Oriente, que ha ocasionado al menos 2 mil 500 casos y 862 fallecimientos desde 2012. Además, la gripe aviar, surgida en China en 2013, sorprendió por su alta tasa de mortalidad: más de 30% de los contagios.
En la base, la influenza
En el plano internacional operan varias iniciativas que se enfocan en el descubrimiento y neutralización de virus. Así conviven la Coalición para las Innovaciones en Preparación Epidémica, el Grupo de Trabajo Internacional sobre Vacunas, el Fortalecimiento de Sistemas Regionales de Vigilancia de Enfermedades para África –del Banco Mundial (BM)– y el Proyecto Global Virome (GVP).
Lanzado en 2019, el GVP es una alianza científica para documentar y caracterizar virtualmente todos los virus del planeta que pueden representar una amenaza para los humanos, con el propósito de prevenir su impacto en 10 años.
El pasado septiembre la Fundación Bill & Melinda Gates y el Flu Lab –organización filantrópica– concedieron seis financiamientos por más de 2 millones de dólares cada uno, por dos años, a iniciativas en Alemania, Estados Unidos, Japón y Reino Unido para desarrollar una vacuna contra varias cepas de la influenza y que no necesitará actualización por las mutaciones del virus.
Ese apoyo forma parte del Gran Reto para el Desarrollo de una Vacuna Universal contra la Influenza, de la Fundación Gates.
Pero el avance científico no ha podido igualar el surgimiento de virus y su potencial impacto sobre los humanos. El Programa de la ONU para el Medio Ambiente estima que una nueva enfermedad animal que también puede transmitirse a humanos es descubierta cada cuatro meses.
Asimismo, el programa Predicted, de la estadunidense Agencia para el Desarrollo Internacional, estima más de 1 millón 600 mil especies virales en mamíferos y aves y de los cuales unos 700 mil pueden infectar a los humanos. Esa iniciativa ha recolectado unas 140 mil muestras biológicas de animales y ha hallado más de mil virus nuevos.
En su primer reporte anual, el pasado septiembre, el Consejo de Monitoreo de Preparación Global, instituido en 2018 por la OMS y el BM e integrado por 15 miembros, concluyó que el mundo no está preparado para responder a una pandemia y que son necesarios esfuerzos proactivos para detectar y controlar estallidos potenciales.
Los expertos independientes emitieron siete recomendaciones, entre ellas el llamado a países, donantes y grupos multilaterales a prepararse para una pandemia de rápida propagación mediante la inversión en nuevas vacunas, medicamentos, capacidad de fabricación, antivirales de amplio espectro y medidas apropiadas de vigilancia.
El grupo, basado en Ginebra, surgió para evaluar los preparativos de emergencia entre gobiernos nacionales, agencias de la ONU, organizaciones de la sociedad civil y empresariales, y su informe anual aborda financiamiento, investigación, desarrollo y arreglos ante crisis sanitarias en los niveles globales, regionales y nacionales.
“Este brote subraya el riesgo de una pandemia; hoy el nuevo miedo es el ncov, pero mañana podría ser una influenza pandémica. Hay varias vacunas antinfluenza en varias etapas de investigación y desarrollo. Hay un sentido de urgencia compartido para desarrollar vacunas mejoradas y muchas personas, equipos y organizaciones están actualmente involucradas en estos esfuerzos importantes”, anticipa Ben-Yedidia.
La vacuna M-001, de BiondVax, se halla en fase 2 en Estados Unidos –patrocinado por NIH y dirigida a verificar su seguridad y efectividad en adultos– y en fase 3 en Europa, para comprobar la validez de los resultados y si el tratamiento es mejor que los ya existentes.
En esta última participan 12 mil 463 personas mayores de 50 años –la mayoría, de más de 65, el segmento de más riesgo– en siete países europeos.
“Estamos monitoreando en los participantes síntomas de enfermedades tipo influenza. Al final del ensayo clínico, compararemos el número de casos confirmados de influenza en los grupos que recibieron la medicina y el placebo. Estamos también evaluando la seguridad de la vacuna, que es buena como lo comprobamos en las pruebas experimentales previas. Esperamos tener resultados a fin de año”, indica Ben-Yedidia.
En seis pruebas clínicas en Europa e Israel, el prototipo, que recibió en noviembre último 4 millones 390 mil dólares del Banco Europeo de Inversión para financiar la prueba de la fase 3, ha demostrado ser seguro, tolerado por los pacientes e inmunogénico.
En 2019 la OMS incluyó la pandemia de influenza entre las 10 mayores amenazas a la salud global.
En México, la dolencia ha mostrado una conducta oscilante desde la temporada 2011-2012, con un pico de casos de 9 mil 641 en 2015-2016 y de defunciones de 998 en 2013-2014, según datos de la Dirección General de Epidemiología de la Secretaría de Salud. Desde 2017-2018, la enfermedad ha registrado una tendencia creciente y en la actual temporada acumula 995 casos y 40 decesos.
Al 25 de enero último, los Centros de Control de Enfermedades de Estados Unidos calculan más de 19 millones de contagios de influenza en la temporada 2019-2020 y más de 10 mil decesos. En el ciclo 2018-2019, más de 35 millones contrajeron la enfermedad y fallecieron más de 34 mil personas.
Para Ponce de León, la obtención de una vacuna universal es una meta factible, pero lejana. “Ya hay algunos prototipos, pero tomará un tiempo tener un producto final. Tenemos décadas estudiando a la influenza, sabemos cómo se modifica”, sostiene.








