Un pueblo en la orfandad tras el homicidio de Narciso Elvira

El pelotero mexicano Narciso Elvira Delgado y su hijo fueron asesinados el 28 de enero último en Veracruz. De acuerdo con las primeras investigaciones, el motivo del ataque fue el robo del vehículo en el que las víctimas viajaban. Sin embargo, el doble homicidio no es un caso aislado: la entidad cerró 2019 con poco más de dos mil 100 ejecuciones que enlutaron a miles de familias y poblados. “Narciso puso la academia de Diablitos porque tenía un sueño: que entre algún niño o joven de la región estuviera el próximo beisbolista (…)”, recuerda su hermano Abraham.

TLALIXCOYAN, Ver.– Narciso Elvira Delgado, El látigo del Cocuite, solía sentarse en una vieja hamaca azul que había en la finca El Pantano, rodeado de herramientas de campo y vasos desechables en los que suele tomarse caña pura y cerveza. Cuando el sol anunciaba el atardecer, en ese lugar el famoso pelotero solía despedirse de sus empleados más cercanos, a quienes consideraba una familia.

“Apretón brusco de mano y jalón de brazo”, así saludaba para presumir esa zurda privilegiada y ruda, desarrollada en el diamante y curtida en los campos cañeros durante la última década, dicen sus familiares y quienes lo conocieron.

El pícher zurdo que llegó a jugar en las mejores ligas de México, Estados Unidos, Japón y Corea del Sur fue despedido el miércoles 29 de enero en su misma finca. Su féretro y el de su hijo de 20 años, Gustavo Elvira Árce, jugador del equipo Diablos del Cocuite, iban entre aplausos acompañados por un corrido de fondo: El Cadete. Ambos fueron asesinados un día antes.

De acuerdo con las primeras investigaciones, el martes 28 Narciso Elvira y su hijo viajaban a bordo de una camioneta roja todoterreno. El exligamayorista había salido de la congregación del Cocuite para recoger a su papá en la parada de autobús del lugar conocido como Paso del Toro. De ahí se regresarían a la finca El Pantano.

Sin embargo, antes de llegar a la parada de autobús, Narciso y su hijo fueron interceptados –presuntamente– por un comando; 10 disparos recibieron cada uno y sus cuerpos quedaron en el piso, a la altura de los bajos del puente de Paso del Toro, municipio de Medellín de Bravo, localidad salpicada desde hace un lustro por una violencia que lacera a todo el estado.

La solitaria línea de investigación que siguen las autoridades es el robo de la todoterreno.

Conmocionado, Abraham, hermano de Narciso, cuenta que al día siguiente del doble homicidio los píchers mexicanos Fernando El Toro Valenzuela y Teodoro Higuera hablaron por teléfono con la familia para expresar sus condolencias. “¿Pero por qué a él? ¿Qué pasó? ¿Por qué no se vino a vivir a Estados Unidos?”, recuerda que ambos dijeron.

“Eso se lo dejo a las autoridades, ellas sabrán. Ahorita, la familia está en duelo. Mi cuñada está muy mal, los amigos, los trabajadores… Narciso y Gustavo eran muy queridos. No queremos saber mucho de una línea de investigación”, lamenta resignado Abraham.

En medio de la indignación y el dolor que aflige a Cocuite ya hay una iniciativa comunitaria para cambiar el nombre de la calle principal Francisco Canal por el del histórico pícher mexicano que en un mismo año lanzó juegos sin hit ni carrera en la Liga Mexicana de Beisbol (LMB) y en la Liga Mexicana del Pacífico (LMP).

El Cocuite es una pequeña congregación de Tlalixcoyan que no tiene más de 700 habitantes, gente humilde que vive de la siembra de maíz y caña de azúcar. También ahí residen algunos aventurados que van y vienen todos los días a trabajar al corredor turístico Veracruz–Boca del Río.

Al entierro de Narciso Elvira y de su hijo asistieron poco más de mil personas, habitantes de Cocuite y de otras comunidades, como de Paso de la Boca, Piedras Negras y La Víbora.

Con lágrimas escurriéndole por las mejillas, un hombre de camisa negra se sube a una silla. Las coronas de flores, cruces, nubes y girasoles en cubetas tapan ambas lápidas. “¡Vamos a despedir a nuestro pelotero estrella con unos aplausos, como cuando ponchaba en Estados Unidos, en Japón y en Corea! ¡Narciso Elvira puso en alto el nombre de El Cocuite, el de Tlalixcoyan, el de Veracruz y el de México!”, gritó a los asistentes.

Aplausos de unos… Lágrimas de muchos. Los hombres se cubren los ojos llorosos con sus gorras beisboleras y sombreros vaqueros.

El padrino del pueblo

Una treintena de niños de entre ocho y 15 años, integrantes de la academia Los Diablitos del Cocuite, habían encabezado el cortejo fúnebre. En Narciso Elvira tenían a un entrenador, pero también a un maestro y a su patrocinador. Tres de esos niños –uno de ellos con su guante de piel bien enfundada– portaban el apellido Elvira en la franela de juego. Tímidos y cabizbajos caminaron entre la multitud.

“Chicho Elvira era un padrino del pueblo. Si alguien tenía problemas con su siembra, era cosa de ir a verlo y prestaba el tractor; también pedía apoyo a sus trabajadores y asesoraba a la gente. Si alguien en el pueblo moría y la familia era de bajos recursos, sólo tenían que tocar la casa de Narciso para que él telefoneará a la funeraria y ésta les diera el ataúd. El beisbolista después pasaba a pagar”, cuentan quienes lo conocieron.

En 2009, con 41 años, Narciso Elvira anunció su retiro del beisbol profesional; una lesión en la rodilla y el próspero negocio de la caña de azúcar lo hicieron dejar el diamante. Le dio prioridad al agro veracruzano. Su último equipo fue el ya extinto Petroleros de Minatitlán.

“Mi hermano compró está finca por ahí del año 1996 y siguió jugando… Pero conforme pasaron los años la fue pensando, vio por su futuro y se olvidó del beisbol profesional. Por eso puso la academia de Diablitos… tenía un sueño: que entre algún niño o joven de la región estuviera el próximo Narciso Elvira. Hay que buscarles una oportunidad, decía.”

El secuestro

En junio de 2015 la familia Elvira Arce reveló que Narciso había sido secuestrado por la delincuencia organizada. En aquel entonces esa región del sotavento veracruzano padecía una ola de violencia causada por integrantes del cártel de Los Zetas y una agrupación conocida como Gente Nueva, célula de avanzada del Cártel Jalisco Nueva Generación.

Durante 22 días Chicho Elvira estuvo privado de su libertad. Aunque la entonces Procuraduría General de Justicia de Veracruz habló de un secuestro, se desconoce si se hizo algún pago para rescatarlo.

Después de la pesadilla, de julio de 2015 a mediados de 2017 el exligamayorista era protegido por escoltas de la Unidad Especializada en el Combate a Secuestros. No obstante, dejaron de cuidarlo a petición del propio pelotero. “Ya me siento tranquilo”, dijo en esa ocasión. Igualmente rechazó el ofrecimiento del gobierno federal de apoyarlo para que pidiera asilo para él y su familia en Estados Unidos.

Decidió quedarse en el campo veracruzano para encargarse de la zafra, pero también de la formación de los talentos para el beisbol.

Durante el sepelio corrió la versión de que la actual Fiscalía General de Veracruz, a cargo de Verónica Hernández, fue la dependencia que le había retirado la seguridad a la leyenda nacional. Sin embargo, la familia atajó: “Narciso estaba tranquilo, tenía un ritmo de trabajo en el cual checaba el campo por la mañana, desayunaba en su casa, a las cinco de la tarde iba a la finca, saludaba a sus trabajadores, comía con ellos, se echaba un daikiri (trago de caña) y se retiraba a descansar. Los fines de semana sólo vivía para el beisbol”.

Ola violenta

El municipio donde fueron acribillados Elvira y su hijo lleva un lustro sacudido por la violencia. El 9 de noviembre del año pasado fue asesinado Juan Carlos Molina Palacios, diputado local del PRI y dirigente cañero, en la comunidad de Rancho del Padre. El legislador fue sorprendido por un sicario en la entrada de su rancho Rosa del Alba. No hay detenidos.

El 2 de enero de 2015 fue secuestrado y asesinado Moisés Sánchez cerezo, periodista del diario La Unión. La fiscalía liberó una orden de aprehensión contra el entonces alcalde Omar Cruz Reyes; hasta el momento el edil panista está prófugo.

El hijo de Moisés, Jorge Sánchez, lleva cinco años reclamando que no haya impunidad. De acuerdo con testigos, al político se la ha visto pasear en restaurantes y plazas de lujo en Córdoba, en el Puerto de Veracruz y en la Ciudad de México.

En el municipio de Medellín también han sido secuestrados y asesinados varios taxistas. En la zona de El Tejar, incluso, los habitantes han formado guardias comunitarias para tratar de inhibir los delitos.

En ese contexto de violencia e inseguridad pública, el alcalde panista Hipólito Deschamps hizo un viaje a Europa, asistió al Tianguis Turístico de Madrid.

Pese a que el municipio de Medellín está lejos de tener una vocación turística, el gobernante local justificó la travesía al señalar que busca un “hermanamiento” con la provincia de Badajoz. El alcalde que ya regresó fue acompañado por su esposa, Lili Blanco, su hija, su suegra, así como funcionarios locales y dos twitteros: Luis Alberto Rosas, conocido como Tumbaburros, y Cristhian Camacho, Don Llévelo.

De acuerdo con personajes del panismo local, Deschamps también es conocido porque durante 2019 adquirió palcos para asistir a todos los juegos de los Delfines de Miami, equipo de la NFL.

A escala estatal, la realidad no es distinta en materia de violencia. De acuerdo con cifras del Secretariado Ejecutivo del Sistema Nacional de Seguridad Pública (SESNSP), Veracruz terminó el año 2019 con dos mil 113 homicidios, 157 feminicidios, 298 secuestros y casi 20 mil robos.

Ante esa realidad, el gobernador Cuitláhuac García ha justificado que la ola de violencia e impunidad fue alentada por la anterior fiscalía a cargo del panista Jorge Winckler, prófugo de la justicia.

García deposito su confianza en la nueva fiscal, Verónica Hernández. Sin embargo, hace un par de semanas su trayectoria fue puesta en entredicho luego de que admitió ser prima hermana de Guadalupe Hernández, La Jefa, señalada de ser la operadora política de Los Zetas en el sur del estado.

Slider venenoso

A Narciso Elvira lo mataron justo 30 años después de haber tirado un juegazo de apenas dos hits y 10 ponches en el estadio Manuel Ciclón Echeverría de Navojoa, a donde los Naranjeros de Hermosillo se metieron para vencer 8-0 a los Mayos y coronarse campeones de la temporada 1989-90.

El periodista de beisbol José Carlos Campos recuerda cómo brilló Elvira esa noche, cómo el manager Tim Johnson se regodeaba con el muchachito veracruzano, ese zurdo de tan sólo 21 años al que le augura llegar a las Grandes Ligas. Y la promesa de Elvira: “Estoy trabajando fuerte y sé que lo voy a lograr”, declaró a los reporteros.

Y esa misma campaña Elvira cumplió. Los Cerveceros de Milwaukee lo firmaron y debutó el 9 de septiembre. Picó piedra en las sucursales ligaminoristas del equipo y su efímero paso en los mejores diamantes fue de apenas cuatro juegos, cinco entradas lanzadas y seis ponches con un slider venenoso, mortal para los bateadores derechos, y una curva que rompía como pocas.

En la LMB, Elvira, jugador de los Piratas de Campeche, lanzó dos juegos sin hit ni carrera en la temporada 1999: el 20 de mayo frente a los Langosteros de Cancún (nueve entradas, pizarra 5-0) y el 10 de junio contra Laredo (siete entradas, pizarra 1-0).

Francisco Campos, amigo personal de Narciso Elvira con quien jugó en Campeche, lo recuerda siempre alegre y afectivo. No olvida el día que lo vio lanzar por primera vez en 1989, en un juego de inauguración cuando los Naranjeros enfrentaron a los ya desaparecidos Ostioneros de Guaymas, la gran rivalidad en la LMP.

En 1998 lo conoció en persona, ya ambos como peloteros profesionales, en el Cruz Azul Laguna Oaxaca de la Liga del Istmo, donde los peloteros que no se arreglaban con un club de la LMP jugaban en invierno a cambio de buen dinero.

En 2002 se consolidó la amistad cuando Narciso Elvira, después de haber jugado en Japón (Búfalos de Osaka) y Corea (Leones de Samsung), firmó con los Piratas de Campeche. Solían correr, entrenar y calentar el brazo juntos. Tanto se hermanaron que, ya retirado, Elvira aprovechó una visita de los Piratas a Veracruz para ir a buscarlo para llevarlo a comer a El Cocuite.

“Cuando lo liberaron en 2015 hablamos de inmediato. Me platicó que estaba vivo de milagro y que le daba muchas gracias a Dios de que lo hayan encontrado, tambien de milagro, cuando la policía fue a rescatar a otro señor al que tenían secuestrado con él. Se dieron cuenta de que Narciso estaba ahí porque estaban muy lejos las negociaciones para que lo liberaran los secuestradores.

“Me quedé congeladísmo cuando supe que lo mataron, como cuando no puedes creer las cosas y ya después me cayó la tristeza. Era muy saludador, carismático, ocurrente, pocas veces se le veía enojado, siempre recordando historias de beisbol, chusco. Un guerrero en la loma, jamás agresivo ni violento. Ese era Narciso Elvira”, recuerda Campos. l