La redefinición del MUAC

¿Cómo se puede cambiar dando continuidad, en qué consiste una transición “natural” en una institución pública, y qué tan responsable es que un funcionario universitario afirme que se “busca mejorar lo que se pueda” sin asumir el compromiso de mejorar lo que es necesario?

Con un discurso contradictorio, evasivo y ambiguo, el Coordinador de Difusión Cultural de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), Jorge Volpi, anunció el pasado viernes 17 de enero algunos cambios en las direcciones a su cargo. Entre ellos, la sustitución de Graciela de la Torre, titular de la Dirección general de Artes Visuales (DGAV) y directora del Museo Universitario Arte Contemporáneo (MUAC), por la curadora Amanda de la Garza.

Y si bien la decisión podría ser una gran oportunidad para reestructurar la gestión museística neoliberal que ha caracterizado a Graciela de la Torre, el cambio es simulado ya que, con base en lo que informó Volpi, es sólo generacional y dará “continuidad” al trabajo de la exdirectora. 

 Admirada en el ámbito museístico por su habilidad para gestionar financiación privada, la funcionaria, después de dirigir durante 26 años dos importantes museos del Instituto Nacional de Bellas Artes (INBA) –el de San Carlos de 1978 a 1989, y de 1989 a 2003 el de Arte (Munal)–, se incorporó en 2004 a la DGAV con la responsabilidad de dirigir las dos sedes del Museo de Ciencias y Arte de la UNAM (MUCA-campus y MUCA Roma), y gestionar la creación de otro más que albergaría y daría servicio a la colección universitaria de arte contemporáneo. En ese mismo año, la UNAM adquirió el edificio donde se encontraba el Museo de El Eco y, en 2005, el recinto empezó su operación también bajo su responsabilidad.

Acostumbrada a trabajar en el INBA con alumnos y exalumnos de la universidad privada Iberoamericana (UIA), De la Torre se trasladó a la UNAM con gran parte del equipo que tenía en el Munal instituyendo una gestión elitista –o clasista–, que devaluaba indirecta y abiertamente a los egresados de la UNAM.

Encargada del proyecto del museo de arte contemporáneo, en 2008 inauguró el MUAC con un vergonzoso diseño arquitectónico que, realizado por Teodoro González de León y con un presupuesto inicial de aproximadamente 280 millones de pesos (Proceso, 1674), recuerda en su concepto, resolución de espacios y uso materiales, casi como una copia, al Museo de Arte Contemporáneo del Siglo 21 de Kanazawa, Japón.

Convencida en esos años de que el arte contemporáneo tenía que ser global y no local, De la Torre exaltó la presencia de artistas ajenos al ámbito mexicano (La Jornada, 24 noviembre, 2008). Y aun cuando ha incluido cada vez más a creadores nacionales, los beneficios para la comunidad universitaria en general y para la que estudia la licenciatura en Artes Visuales en particular, merecen evaluarse. Sin un solo día de acceso gratuito para los universitarios, y con una programación en la que predominan prácticas neo-conceptuales y artistas vinculados con el mercado, el museo creado por la también exalumna de la UIA no ofrece ningún modelo diferente, original y alternativo. ¿Por qué nunca ha realizado una muestra de pintura contemporánea de prestigio global, que permita a los estudiantes de la Facultad de Arte y Diseño desmenuzar visualmente la obra de artistas tan interesantes como Richter, Neo Rauch, Katharina Grosse o Tomma Abts?

La salida de Graciela de la Torre genera una coyuntura óptima para redefinir la misión, vocación, razón de ser y pertinencia financiera del MUAC, como museo de una universidad pública que, además, es la principal del país.