Señor director:
El artículo “El Maestro y la escritora”, publicado el 22 de diciembre de 2019 (Proceso 2251), contiene falsedades y distorsiones que no deberían caber en una revista seria como Proceso. La académica Marta Lamas es poco objetiva y profesional en su “análisis”, pero es magnánima en asociaciones superfluas, tendenciosas y sensacionalistas. Por favor publique las siguientes aclaraciones:
1) Elena Poniatowska no denunció a Juan José Arreola: “Esto se reveló por casualidad y nunca por voluntad mía” (El País 13/12/19). Todo fue una tergiversación tendenciosa y mediática de ciertos pasajes de su último libro, El amante polaco. Un reportero le preguntó si el personaje de “El Maestro” era el escritor Juan José Arreola, a lo que ella cándidamente respondió que sí, que “ya se sabía, muchos lo saben. Pero no hay que decirlo, para qué, además, ya pasaron tantos años” (Excelsior 23/11/19).
2) Fueron las declaraciones de Elena Poniatowska y el sesgo que se les dio en las notas de prensa lo que motivó la respuesta de la familia Arreola y no las recreaciones y reelaboraciones literarias que Elena hace en su libro, como erróneamente afirma la maestra Marta Lamas.
3) La familia Arreola difundió una carta aclaratoria y anexó como pruebas un grupo de cartas sin edición alguna (11 páginas en total). Proceso, Reforma, El País y otros medios recibieron copias de estos archivos que pueden consultarse en: cartafamiliaarreola.blogspot.mx. La carta de Elena Poniatowska a Juan José Arreola fechada en febrero de 1955 consta de cinco páginas y se difundió completa y no tan sólo extractos de ella, como erróneamente afirma la maestra Lamas.
4) Después de transcribir un párrafo del libro de Poniatowska, Marta Lamas escribe: “Leo esas líneas e imagino un Maestro […]; un Maestro troquelado por el machismo […], para quien lo ‘normal’ era convertir a sus alumnas en amantes”. Y la respetable académica se catafixia a sí misma en propagandista ideológica troquelada por el feminismo, para quien lo “normal” es condenar sin un juicio justo y sin el debido proceso. El verbo imaginar no es sinónimo de atestiguar y un texto literario no es ni una denuncia judicial ni una averiguación previa.
5) El pasaje aludido del libro de Poniatowska hace referencia a las escaleras del departamento de Rio Ganges en la colonia Cuauhtémoc. En su carta a Juan José Arreola, Elena Poniatowska hace dos alusiones a esas mismas escaleras. En la página 3 dice: “Por ti, siento un gran cariño, un gran respeto, y bien creo que, a veces, te quiero como antes ¡…con todo este amor que te dí, en Ganges!” (sic). Y en la página 4 insiste: “Tú, en la escalerita de Ganges, cuando estaba yo desolada, y que te quería como una loca, me decías con suficiencia: ‘Yo creo que estas son las últimas veces que nos vemos’… ¡Y en efecto, eran las últimas veces que nos veíamos! Como hombre y mujer…” (sic).
6) Pese a la animadversión con que Marta Lamas habla de la familia Arreola, ellos no fueron “insensatos” ni mintieron ni distorsionaron los hechos para sostener sus argumentos. Noblesse oblige. Simplemente expresaron su preocupación porque “la verdad de los hechos de aquellos años se ha transformado hoy en una injusta narrativa de falsedades que no podemos soslayar”. Y cierran la carta diciendo: “Por ello protegemos su memoria con esta Fe de Erratas, con la cual esperamos abandonar toda discusión ulterior”.
Atentamente,
Gilberto Moreno
Respuesta de la articulista
Señor director:
Agradezco las puntualizaciones que hace el señor Gilberto Moreno en relación a la forma en que se dio la respuesta de la familia Arreola.
Por mi parte, quiero precisar que no le tengo animadversión a la familia del escritor, sólo a él. Considero que entre “la verdad de los hechos” está el que Arreola jamás buscó a un hijo que sabía que había procreado. Entiendo que la familia quiera “proteger su memoria” pero, como suele ocurrir con hombres famosos, una cosa es su obra y otra su vida. Hechos son amores, y no buenas razones.
Atentamente,
Marta Lamas








