Fundador en los setenta del cuarteto Un Viejo Amor, el trovador veracruzano Roberto González es autor de la pieza “El huerto”, rola emblemática del Movimiento Rupestre ochentero –junto a “Metro Balderas” de Rockdrigo–, trascendiendo hasta las generaciones actuales. El sábado 11 su hija Julia cantará en el Multiforo Alicia para juntar fondos por el cáncer del artista, participando sus colegas rupestres Nina Galindo, Carlos Arellano, Eblen Macari, Rafael Catana, Fausto Arrellín y Beto Ponce.
Cuando en las tocadas rupestres se junta la banda a cantar “El huerto”, de Roberto González, se siente un ambiente especial que apela a los sentimientos y la reflexión.
Los críticos han dicho que es el himno del Movimiento Rupestre, cuyos orígenes se remontan a 1981, y que está inspirado en profundas cavilaciones de filósofos como Heidegger; podría decirse entonces que quizá también en el materialismo dialéctico de Marx.
¿Y con qué fin toda esta dialéctica en historia?
Hay quienes le encuentran acercamientos a la religión y la existencia de Dios. De todo se puede leer en internet respecto de esta canción que el cantautor veracruzano nacido el 24 de septiembre de 1952, en Alvarado, compuso en los inicios de los años setenta del siglo pasado. Pero él, sin mayores pretensiones cuenta que no acudió a grandes filósofos o pensadores:
“La hice muy joven y diría que inconscientemente. Muchas veces, uno hace las canciones no sé si en un estado de trance, conectado con el espíritu o con la esencia del universo, que es la esencia de uno mismo, y salen las cosas así, de una manera muy natural, muy espontánea. Así la hice. No traté de decir algo en específico, sino lo que sentía.”
–¿Pasaba por algún momento especial de su vida?
–Sí, no sé si la adolescencia o una adolescencia prolongada que posiblemente aún continúe. Madurar no ha sido fácil, ha sido muy difícil llegar a ser adulto. Hay muchas cosas de las cuales sigo renegando y no puedo aceptar la realidad circundante, entonces de alguna manera sigo siendo adolescente y niño también.
Desde hace más de nueve años, Roberto González combate con radioterapia un tumor en el labio, que lo ha obligado a alejarse de la música y las presentaciones en vivo.
Para apoyarlo, integrantes del Movimiento Rupestre ofrecerán el concierto ¿Y con qué fin toda esta dialéctica en la historia?, este sábado 11 de enero a las 20:30 en el Multiforo Alicia, ubicado en avenida Cuauhtémoc 91-A, “en la colonia Rockma” (Roma). La entrada tendrá un costo de 120 pesos y lo recaudado será para que González continúe su tratamiento.
Participarán Nina Galindo, Carlos Arellano, Eblen Macari, Rafael Catana, Fausto Arrellín y Roberto Ponce, además de Julia González Larson, hija del compositor, con quien tiene años presentándose a dueto. Con Ponce intervendrán asimismo Iris Bringas y Jehová Villa.
Himno a la reflexión
En marzo de 1989, al reseñar en Proceso el disco Aquí, lanzado en 1988 por González, bajo el sello Pentagrama, Roberto Ponce recogió el sentir del compositor respecto de “El Huerto”, la cual –contó– había sido escrita detrás de la caja de una farmacia en la cual trabajaba con su padre:
“…es una canción afortunada y hermosa que yo quiero. Nunca he podido hacer otra como esa y sigo haciendo canciones por esa canción. Es una necesidad”.
En el libro Rupestre, coordinado por Jorge Pantoja, fundador del Tianguis de El Chopo, y editado en 2013 por el desaparecido Conaculta, la Cámara de Diputados y Ediciones Imposible (159 páginas), cuenta Roberto González en entrevista con la antropóloga e historiadora hidalguense Liliana García Sánchez (Judith Reyes. Una mujer de canto revolucionario, 1924-1988) que él llegó de su natal Alvarado a la Ciudad de México, en la colonia Country Club donde aún se planeaba fuera lugar para residencia de actores, por su cercanía con los Estudios Churubusco.
Al músico le costaba trabajo socializar, por lo cual componer era una forma de “intimidad solitaria con su guitarra” y, a la vez, de relacionarse:
“Siempre he sido poco sociable. Fue más fácil hacer canciones que buscar a los demás. Tengo la impresión de que acercarse a alguien es un poco como extralimitarse, por ejemplo, verbalmente: preguntar ciertas cosas o acceder a la vida personal, que finalmente es como acceder al amigo o a la amiga, conociendo su vida; a mí eso me cuesta mucho trabajo. Yo llego a la canción por esa necesidad de comunicarme con los demás.”
Esa timidez ha hecho, quizá, que no asimile o presuma del impacto que ha tenido “El huerto”. El canal bloguero de difusión del rock mexicano https://100mejoresrockmexicano.blogspot.com, la considera su canción cumbre, “un himno”, a la manera de “All you need is love” de The Beatles, “My generation” de The Who, “Flowers in Your Hair” de Scott McKenzie o “Blowin’ in the Wind” de Bob Dylan.
Se le pregunta al compositor alvaradeño vía telefónica si coincide en que es un himno generacional y una de las canciones más conocidas del rock rupestre, tal vez la más representativa:
“Creo que sí, como decía antes, la canción ha tenido su recorrido. Ha ido mucho más lejos de donde yo mismo he llegado y de alguna manera es mucho más conocida que yo.”
–El mismo Rockdrigo González, quien es como el cantautor emblema del Movimiento de Rock Rupestre, no tiene una canción tan representativa.
–No lo sé, pienso que “Metro Balderas”, por ejemplo; pero es una canción distinta. Es mucho más conocida que “El huerto”.
Esa rola, cuya letra está en una placa en la estación del Metro Balderas y cuenta con diferentes versiones, entre ellas una de Alejandro Lora del Tri, habla del desamor. En cambio, se le dice, la suya invita más a reflexionar.
“Probablemente sí, no es una aseveración, es una interrogante.”
Tiempos difíciles
González recuerda que su abuelo fue músico en Veracruz, baterista de un grupo llamado Los Tigres del Jazz, y que su bisabuelo tocaba el clarinete y el contrabajo. Por ello hay en su creación influencia de ese género, del danzón y del son jarocho. Desde los nueve años aprendió a tocar la jarana.
Sus inicios, ya en la Ciudad de México, fueron haciendo dueto con el también cantante y compositor Jaime López. Luego, con Emilia Almazán y Jorge Cox Gaitán y el propio López, formó parte del cuarteto Un Viejo Amor. Fue fundador de Real de Catorce con Fernando Ábrego (batería) y José Cruz (guitarra y voz), y él tocaba bajo y cantaba.
Asimismo integró La Peña Móvil, “un grupo que hacía folclor latinoamericano y canto nuevo”. Ya como solista, indica, comenzó cantando en 1973 en La Peña del Nagual.
–Al Movimiento Rupestre le toco un momento difícil para el rock, ¿cómo fueron abriendo espacios?
–Pues uno toca donde se puede, donde te dejan, donde hay posibilidades. La verdad, para mí era importante decir lo que yo quería, hacer las canciones como quería y tocarlas donde hubiera oportunidad. Generalmente era en estaciones de radio alternativas; fue muy importante por ejemplo Radio Educación –para muchos de nosotros sigue siendo un medio alternativo, para muchos artistas en general–, algunos espacios televisivos y culturales que siguen funcionando hasta la fecha, y aun así a veces era complicado acercarse a ellos porque se les imponían ciertas líneas.
–¿Alguna vez tuvo que censurarse para ganarse espacios?
–No, nunca me autocensuré; creo que algunas veces sí fui censurado, pero no lo acepté, eso fue impuesto. Algunas de mis canciones no fueron aceptadas por lo que decían.
Recuerda que incluso estaciones del Instituto Mexicano de la Radio (IMER) le negaron espacio. Particularmente a su canción “Sangre”, que habla de la menstruación. Él la considera romántica. Confiesa que le gustaría cantar con sus amigos rupestres el próximo sábado 11 de enero, aunque le cueste trabajo incluso hablar:
“No sé si lo note”, pregunta. Y claro, se escucha con un silbido, pero estará presente “con mis amigos y mis hermanos, que tienen para mí un significado especial, tanto en mi vida, en mi trabajo, mi corazón, mi victoria, son verdaderos compañeros de ruta.”
Así, espera regresar pronto a la roleada, pues tiene un disco a medio grabar. Su deseo es terminarlo pronto.








