Centenario de Amado Nervo

El año que terminó estuvo signado por múltiples centenarios que los medios recordaron, entre otros los luctuosos de Leonardo Da Vinci, Emiliano Zapata y Amado Nervo. Este último tuvo en Canal 22 un programa especial que repitió el 23 de diciembre. El documento está basado en entrevistas con Juan Villoro, Pavel Granados y Gustavo Jiménez Aguirre, tres especialistas en su obra y en su vida. A veces coinciden, aunque más bien cada uno aborda una parte de su obra y hace comentario sobre la trascendencia de la misma.

Amado Nervo, poeta que nació en México en 1870 y murió en Montevideo en 1919, famoso en su tiempo, con el funeral más concurrido de la historia del país recibidos sus restos con 21 cañonazos en Veracruz y enterrado en la Rotonda de los Hombres Ilustres, fue sin embargo motejado de cursi por sus sucesores y olvidado durante muchos años.

Sin embargo, la sonoridad de sus versos, su profundo romanticismo y nostalgia hicieron de algunos poemas huella inolvidable de estudiantes de secundaria en los tiempos en que la historia y la literatura tenían notable importancia en la enseñanza. Quién no recuerda el poema Cobardía: 

Pasó con su madre. ¡Qué 

(rara belleza! 

¡Qué rubios cabellos de 

(trigo garzul! 

¡Qué ritmo en el paso! ¡Qué 

(innata realeza 

de porte! ¡Qué formas bajo 

(el fino tul… 

Pasó con su madre. Volvió 

(la cabeza: 

¡me clavó muy hondo su 

(mirada azul! 

Quedé como en éxtasis… 

(Con febril premura, 

“¡Síguela!”, gritaron cuerpo 

(y alma al par. 

…Pero tuve miedo de amar 

(con locura, 

de abrir mis heridas, que 

(suelen sangrar, 

¡y no obstante toda mi sed 

(de ternura, 

cerrando los ojos, la dejé 

(pasar!

En el programa se reivindica a quien, pasado el tiempo, reaparece como un escritor versátil que incursionó en la poesía, el cuento, el periodismo, la diplomacia. Como representante de México en el extranjero su labor fue muy apreciada. Al tiempo que se escudriña su obra, van apareciendo también los momentos de su vida que se relacionan con ésta. Si bien su obsesión por la extinción de la vida está ya presente en sus cuentos, por ejemplo “El miedo a la muerte”, también está ahí su fervor religioso, pero sobre todo la necesidad de buscar a través de los símbolos una moraleja, especialmente en sus primeros relatos.

El fallecimiento de su esposa, del que nunca se repuso, lo lleva a escribir uno de sus mejores libros de poesía: La amada inmóvil.

El bien editado documental nos provee de imágenes del tiempo: La Ciudad de México, Montevideo, Veracruz. Aparecen las fotografías de algunos de sus contemporáneos, entre ellos Rubén Darío, su colega y amigo con el cual compartió un trecho del camino.  Publicó sus textos en la afamada y modernista Revista Azul y más tarde fundó con otros escritores La Revista Moderna.