Con el argumento de que no quiere “polarizar” a la población, el presidente Andrés Manuel López Obrador volvió a manifestar, el pasado 2 de diciembre, lo que ha sido una constante a lo largo de su carrera política: su indefinición en torno al aborto.
“Preferimos mejor que lo vayan resolviendo mediante diálogo en la misma sociedad, que el gobierno espere a que haya acuerdos. No queremos polarizar con este tema, no se descarta nada, nada más no promoverlo. Esperar a que la misma sociedad sea la que decida sobre este tema”, dijo López Obrador en su conferencia mañanera de ese día.
Fue su esquiva respuesta ante las actuales presiones de grupos feministas que exigen la aprobación del aborto legal y la no criminalización de las mujeres que, en varios estados, están siendo encarceladas por interrumpir sus embarazos.
Y justamente esta postura del presidente de “no promoverlo” para “no polarizar”, ha permeado a su partido político, Morena, cuyos legisladores en algunos congresos estatales se niegan a apoyar reformas para despenalizar el aborto.
Por citar dos casos recientes, esta renuencia de los diputados morenistas se dio en octubre pasado en el Congreso de Puebla y dos meses después en el de Hidalgo.
El pasado 8 de octubre, la mayoría morenista en el Congreso poblano optó por rechazar una iniciativa encaminada a despenalizar la interrupción del embarazo en las primeras 12 semanas de gestación; también rechazó el matrimonio entre personas del mismo sexo.
Y si bien se opusieron a despenalizar el aborto, los legisladores poblanos aprobaron, sin embargo, una reducción de la pena para las mujeres que interrumpen sus embarazos: de cinco años la bajaron a un año de prisión. Fue este el único logro que obtuvieron los grupos feministas de Puebla.
Y al igual que López Obrador, el gobernador de Puebla, el morenista Miguel Barbosa, se dijo satisfecho por esta decisión del Congreso estatal ya que el del aborto –consideró– es un tema polémico que requiere de mayor análisis y debe abordarse en su momento.
“Eso se tratará en su momento, no en este paquete de iniciativas, que tenía como propósito salir del tema de violencia de género”, declaró Barbosa a los medios locales, un día después de que el Congreso rechazó despenalizar el aborto.
Barbosa también reconoció que, siendo senador, luchó por despenalizar el aborto y por legalizar los matrimonios entre personas del mismo sexo, pero ahora como gobernador, dijo, ya no puede seguir enarbolando esas banderas.
Las rémoras
Mientras que en el Congreso de Hidalgo, donde Morena también es mayoría, se desecharon el pasado 12 de diciembre diversas reformas al Código Penal y a la Ley de Salud del estado en materia de interrupción legal del embarazo.
Pese a que estas reformas fueron presentadas por algunos legisladores de Morena, al momento de la votación varios diputados de ese partido las rechazaron. Finalmente no pasó esa iniciativa: tuvo 15 votos en contra, 10 a favor y cinco abstenciones.
Mientras se daba la discusión del dictamen, en ese recinto legislativo hubo diversas protestas de los grupos católicos antiaborto, quienes incluso llegaron a simular exorcismos para evitar que el demonio influyera en los legisladores.
Muy al contrario, en el Congreso de Oaxaca los legisladores de Morena sí lograron aprobar, a finales de septiembre pasado, reformas al Código Penal estatal mediante las cuales despenalizan el aborto. Fue una iniciativa que surgió de su bancada… Pero dejaron intocada la Constitución de la entidad, que protege la vida desde el momento de la concepción, prohibiendo así el aborto. Y la Constitución es un ordenamiento superior al Código Penal estatal que lo despenaliza.
El tema del aborto está provocando fuertes pugnas y contradicciones dentro de Morena, las cuales volvieron a reflejarse el 16 de diciembre pasado, cuando la Comisión de Honestidad y Justicia del partido, a cargo de Héctor Díaz Polanco, resolvió separar a su legisladora Lilly Téllez de la bancada de Morena en el Senado.
En su resolución, Díaz Polanco argumentó que la senadora, quien abiertamente ha venido oponiéndose a la despenalización del aborto, “no comparte, respeta ni representa lo establecido en los documentos básicos”, razones por las cuales “no puede ni debe pertenecer a la bancada”.
Y expuso que Morena respeta las libertades, la igualdad en la diversidad, los derechos de las mujeres y busca la eliminación de toda forma de discriminación. De ahí que Lilly Téllez –claramente del lado de los grupos provida– “no es protagonista del cambio verdadero”.
Sin embargo, a López Obrador desde hace varios años se le ha venido acusando de lo mismo que a Lilly Téllez. Y más ahora que se ha aliado a grupos religiosos, concretamente a la Confraternidad Nacional de Iglesias Cristianas Evangélicas, que está repartiendo en sus templos la Cartilla moral y es encabezada por el pastor Arturo Farela.
En el libro AMLO y la religión, el Estado laico bajo amenaza, los investigadores Roberto Blancarte y Bernardo Barranco describen así esta postura conservadora del político tabasqueño:
“Aunque López Obrador gusta de presentarse como un hombre de izquierda, en realidad, personalmente, es un hombre conservador que se opone al aborto, al matrimonio igualitario e incluso al divorcio, como uno de los ‘frutos prohibidos del periodo neoliberal’. Sus concepciones políticas están impregnadas de elementos religiosos, por lo que se puede afirmar que es un político ‘integralista’, que no separa su visión religiosa de su quehacer político y social.”
Siendo jefe de Gobierno del Distrito Federal, López Obrador tuvo la oportunidad pero no quiso despenalizar el aborto ni legalizar el matrimonio igualitario. Ya después, en distintos momentos, se ha negado a asumir una postura sobre ese tema.
Y ahora vuelve a esquivarlo, justo cuando en algunos congresos estatales se discuten reformas al respecto, en medio de fuertes forcejeos entre los grupos feministas y los grupos conservadores aliados a las iglesias, unos y otros intentando cambios legislativos situados en extremos radicalmente opuestos.
Actualmente, en los Códigos Penales estatales se permiten las siguientes causales de aborto: en las 32 entidades federativas está permitido el aborto cuando el embarazo es producto de una violación; en 24, cuando la madre corre peligro de muerte; en 16, cuando hay alteraciones genéticas o congénitas graves en el producto; en dos, por causales económicas; y en otros dos, por simple voluntad de la mujer, siempre y cuando no rebase las 12 semanas de embarazo.
Por otro lado, se protege la vida desde el momento de la concepción en las constituciones de 18 estados: Baja California, Colima, Chiapas, Chihuahua, Durango, Guanajuato, Jalisco, Morelos, Nayarit, Oaxaca, Puebla, Querétaro, Quintana Roo, San Luis Potosí, Sonora, Tamaulipas, Veracruz y Yucatán.








