VALPARAÍSO, CHILE.- No hay dos opiniones: la ministra de Medio Ambiente de Chile, Carolina Schmidt, hizo una pésima labor como presidenta de la XXV Conferencia de las Partes de la Convención Marco de Cambio Climático de Naciones Unidas (COP25), tildada como “decepcionante” por el secretario general de la ONU, el portugués António Guterres.
Y aun cuando ese fracaso, ocurrido en Madrid, no es del todo adjudicable a la delegación chilena –pues las potencias contaminantes torpedearon los intentos de avanzar a la velocidad que la crisis planetaria lo exige–, su mal manejo fue evidente, lo que se observó en los resultados.
La noche del sábado 14 “Carolina Schmidt reconoció entre lágrimas varias veces su incapacidad y traspasó a su homóloga española, Teresa Ribera, la negociación que había contribuido a envenenar. A esas alturas, varias delegaciones se negaban ya a hablar con ella”, informó Manuel Vilaseró, de diario español El Periódico.
En Chile el fracaso de la COP25 y la responsabilidad que en ello ha tenido el gobierno de Piñera no pasó desapercibido. Al margen de las innumerables presiones a Schmidt para que renunciara a su cargo, el lunes 16 el presidente de la Comisión de Medio Ambiente de la Cámara de Diputados, Félix González, definió como “vergüenza mundial” lo ocurrido en la COP25.
El diputado González, quien preside el Partido Ecologista Verde, mencionó los desatinos de la ministra Schmidt y, junto con otros legisladores chilenos de oposición, anunció que recolectarían firmas para interpelarla en el Congreso, en un paso previo al juicio político.
La propia derecha chilena admitió las pifias de la delegación encabezada por Schmidt. El conservador vespertino La Segunda publicó un editorial el jueves 19 en el cual habló de los magros resultados de la COP25. que son “una mala noticia para el planeta” y “para la política exterior de Chile” puesto que “a nivel internacional se asentó la imagen de que la gestión de nuestro país no estuvo a la altura”.
Cooptación empresarial
La delegación chilena a la COP25 estaba plagada de cabilderos de grandes empresas contaminantes, con poco o nada de experiencia en medio ambiente y con vínculos con el círculo íntimo de Piñera.
Antes de convertirse en ministra de Medio Ambiente, Carolina Schmidt no tenía mayor experiencia en esa materia. Ella es ingeniera comercial de la Universidad Católica de Chile, con un diplomado en marketing por la Universidad de Nueva York.
Durante la primera administración Piñera (2010-2014) Schmidt encabezó los ministerios de la Mujer y de Educación. En los cuatro años siguientes, fue directora del Teatro del Lago (Frutillar, Región de Los Lagos); ocupó un puesto en el directorio de la multinacional energética Enersis; tomó un año “sabático” junto con su familia en Barcelona, y ocupó un cargo ejecutivo en el holding chileno de prensa COPESA. Eso hizo hasta que, en agosto de 2018, asumió su actual cargo en la segunda administración Piñera.
Andrés Landerretche es un cabildero de la minera trasnacional BHP Billiton, una de las empresas más grandes y contaminantes que operan en Chile.
El gerente de la COP25 fue el ingeniero civil Cristián Varela, quien al momento de ser designado –directamente por Schmidt– como coordinador de magno evento ambiental dirigía la oficina de inversiones de su familia (Vesco). Aunque no tenía experiencia en materia ambiental, tenía buenos lazos familiares. Su madre y dos de sus tías habían trabajado con Schmidt en la revista Capital. Además, un primo hermano suyo, Juan Jobet, había sido ministro del Trabajo de Piñera.
En entrevista con Proceso, el director ejecutivo de la ONG de protección marina Ecoceanos, Juan Carlos Cárdenas, sostiene que “la presencia dominante” de las grandes empresas mineras, forestales, agro-exportadoras, acuícolas, sanitarias y de infraestructura que compusieron la delegación de la Presidencia chilena durante las negociaciones de la COP25 se reflejó en los eventos paralelos (side events) organizados por el gobierno chileno durante la Cumbre en España.
Considerado uno de los luchadores más perseverantes del medioambientalismo chileno, Cárdenas estima que en la COP25 “los mayores emisores de dióxido de carbono y productores de combustibles fósiles a nivel global obtuvieron lo que querían: Un texto final debilitado que pospuso para la COP26 el avance en los compromisos para contener la crisis climática, evidenciando la aguda crisis del multilateralismo en las relaciones internacionales”.
También en entrevista con Proceso, el director de Greenpeace Chile, Matías Asún, expresa: “No parecieran haber dos espíritus en el Gobierno: hay un cierto conformismo con hablar bonito, y, en la práctica, estar del lado de aquellas empresas que sistemáticamente destruyen el medio ambiente y lucran depredando los recursos naturales del país”.








