Número 648
3 de abril de 1989
Foto: Martín Quiroz, Caracas, 1988
En este tiempo habíamos terminado ya con las horribles portadas que yo diseñaba, con pésimo sentido estético: llenas de cuadritos de colores y de recuadros, con muy pocas fotos y muchísimas cabezas para atrapar el interés periodístico del lector. Lo importante eran los asuntos. Una vez dije ¡Basta!, después una severa autocrítica, y regresé a la foto única, con pocas cabezas y de asuntos importantes. Esta foto del Gabo me sigue pareciendo magnífica. Creo que el propio Gabo se la proporcionó a Julio [Scherer, director fundador de Proceso]. Es de un venezolano llamado Martín Quiroz. La tomó en 1988.
Número 743
28 de enero de 1991
Foto: Agencia GAMMA
Durante mucho tiempo ésta fue una de mis portadas preferidas. Por estética tal vez.
Lo original, y eso lo discutimos un buen rato, fue incluir entre los ofrecimientos noticiosos la cabeza de Boogie en Proceso. Valió la pena.
No fue Fontanarrosa quien decidió dedicar su cartón (esta vez de dos páginas) a la guerra del Golfo. Nosotros se lo solicitamos a Buenos Aires. Es decir: se lo solicitó Julio. Fontanarrosa no tenía tiempo, dijo, andaba muy ocupado, pero Julio le hizo una de sus habituales “manitas de puerco”. Y el argentino cumplió rápido.
Número 783
4 de noviembre de 1991
Foto: Adriana Abarca/Imagenlatina
No sé cómo Adriana Abarca, de Imagen Latina, consiguió ponerse detrás del presidente, en el balcón de Palacio, y plasmó esta imagen que se antoja histórica, por inconfundible, por chistosa, por agresiva finalmente.
Agresiva la consideró Salinas y nos lo dijo a Julio y a mí en algún encuentro. No se vale, dijo Salinas. Fue Vicente, me señaló Julio sonriendo. La verdad es que nunca más pudo fotógrafo alguno, según nos contó Juan Miranda, ponerse detrás del presidente esquivando a su guardia presidencial.
Número 784
11 de noviembre de 1991
Foto: Agustín Víctor Casasola
En nuestra reunión de los jueves, en que diseñábamos la portada, la frase y su balazo, brotaron con sonido contundente. Una portada agresiva, como debía ser, como eran en los mejores momentos de Proceso.
Gracias a Salinas, a sus desplantes políticos, a su empeño neoliberal (que entonces se denominaba absurda e hipócritamente “liberalismo social”), conseguíamos fácilmente portadas como ésta, mientras la mayoría de los medios doblaban su espalda servil a los trancazos del señor presidente. Marco Antonio Sánchez disolvió muy bien la parte superior de la célebre foto de Zapata. Creo que la frase de la cabeza acentúa la impresión de que el caudillo está a punto de las lágrimas.
Número 882
27 de septiembre de 1993
Foto: Archivo Novedades
Del archivo de Novedades, Juan Miranda rescató está buena foto del Villano del 68. Aunque el material de este número era abundante, muy rico, nos conformamos con citar sólo el hallazgo. Esa ha sido siempre la obsesión de Proceso: los hallazgos.
Número 926
1 de agosto de 1994
Foto: Juan Miranda
Apuro enmarcar y enmarcar en la Macintosh una foto de la cabeza entera de Marcos, tomada por Juan Miranda, Marco Antonio Sánchez y yo llegamos a este encuadre que primero nos pareció una ocurrencia y luego consideramos, pretenciosamente, un “agudo subrayado del significado del fenómeno Marcos”.
Recordé aquel verso de Machado: “El ojo que te ve no es ojo / porque tú lo ves./ Es ojo porque te ve”. Julio andaba ese fin de semana de vacaciones, y por fax le envié la propuesta de portada. Me regresó un telefonazo: Maravillosa, Vicente, maravillosa. Pienso que conseguimos lo que Efrén Maldonado me sugería cada rato: A ver cuando sacan una portada que no necesite cabeza.
Número 942
21 de noviembre de 1994
Foto: Francisco Daniel
Durante mucho tiempo se estuvo preparando el amplio reportaje sobre Raúl, y tardaba, tardaba en salir. Julio lo urgía porque estaba convencido de que si queríamos ser fieles a la oportunidad periodística, a la validez de la denuncia, al valor del oficio, este desvelamiento documentado debería publicarse antes de que el presidente Salinas concluyera su sexenio.
A toro pasado, como suele hacerlo la prensa servil, las acusaciones resultaron antiperiodísticamente fáciles. La frase es la más genial de Julio durante todo el sexenio salinista: lo dice todo, lo sintetiza todo. Lo anticipó todo. El hermano incómodo es, desde entonces, el apelativo definitorio y definitivo de Raúl.
Número 960
27 de marzo de 1995
Foto: Joaquín Cato
Tres meses después de los errores de diciembre, el secretario sufría. No fue difícil señalar ‘¡Ésta!’ a una de las fotos de la tira de contactos que nos había mostrado, a Marco Antonio Sánchez y a mí, el fotógrafo Joaquín Cato.
La metimos en la Macintosh y llamamos a Julio, a Rafael, a Marín, a Carlos Puig. Todos dijeron: Claro, es la portada. Y no podían dejar de sonreír. Es obvio: a la foto del ojo de Marcos, le sobran las letras.
Número 1024
17 de junio de 1996
Número 910
9 de abril de 1994
Foto: Héctor García
Esta foto es un remedo de otra anterior en la que también en blanco y negro, aunque ligeramente virada en un dúo tono azul, aparece un Salinas allá contrito, vencido. La cabeza dice: El declive [número 910, 9 de abril de 1994]. Corresponde a una foto tomada durante el sepelio de Colosio.
Es una portada mucho mejor que ésta y francamente terrible. A Salinas le dolió muchísimo. Se sintió ofendido otra vez, como en la foto de espaldas. Nos lo dijo personalmente una noche, la única noche que visitó las oficinas de Proceso, antes de una cena que teníamos Julio y yo con él, en casa de Julio. Salinas entró en el departamento de diseño y echó un vistazo al muro tapizado con las portadas de los últimos dos años. Rápidamente localizó El declive. Giró para mirarnos. “Esa portadas me dolió mucho, fue muy cruel, yo me sentía verdaderamente desolado”, dijo. “Eso es lo que muestra la portada”, dijo Julio.
Número 1113
1 de marzo de 1998
La foto, muy bien resuelta a mi juicio en la confección de la portada, es por sí misma la esencia del reportaje. Una foto que no necesita subrayados para proclamar la denuncia.
Número 1121
26 de abril de 1998
Foto: Juan Miranda
A lo largo de la historia de Proceso, unas tres o cuatro portadas dedicamos a Octavio Paz.
Ésta, en ocasión de su muerte, es quizá la mejor, gracias a la magnífica foto de Juan Miranda muy bien trabajada en la Macintosh por Marco Antonio. La negrura dice más que la cabeza; una cabeza que en lo particular no me gusta, periodísticamente hablando. Pero ahora, de las portadas de Proceso, ya no tengo vela en ese entierro.








