Crónica del “show” que manchó a la CNDH

El jueves 7 todo se encaminaba en el Senado a una sencilla elección de Rosario Piedra Ibarra como presidenta de la CNDH, pero las aguas se le agitaron a Ricardo Monreal, el coordinador de Morena encargado de operar la designación. Había ofrecido reponer una votación cuestionada, pero sus compañeros se negaron a ello, indignados por la acusación de fraude que les imputaron los panistas por instrucciones del líder de su partido, Marko Cortés. Inflexibles de un lado y de otro, provocaron el encuentro de lucha libre que transmitió en vivo el Canal del Congreso.

Las palabras del senador Félix Salgado Macedonio sepultaron el acuerdo que creyó tener el grupo parlamentario del PAN para que se repusiera la cuestionada votación del jueves 7, en la que Rosario Piedra Ibarra fue elegida presidenta de la Comisión Nacional de los Derechos Humanos (CNDH).

“Vamos con la dignidad de este Senado y vamos con la dignidad de la presidenta electa de la Comisión Nacional de los Derechos Humanos, Rosario Piedra Ibarra. Por eso nadie, nadie va a votar a favor de una nueva terna o de que se reponga el procedimiento, nadie”, dijo Salgado el martes 12 en tribuna, pese a que el coordinador de su bancada, Ricardo Monreal, acababa de proponer minutos antes que se volviera a votar la terna integrada por Piedra Ibarra, José de Jesús Orozco Henríquez y Arturo de Jesús Peimbert Calvo para que no hubiera “dudas”, “suspicacias”; “raja política perversa” o “un filón de intentos de desprestigio contra Morena”.

La negativa del guerrerense cayó como balde de agua fría en el grupo panista. Xóchitl Gálvez había ordenado ya que quitaran la enorme lona que colgaba de uno de los palcos del pleno con la leyenda: “Aquí Morena roba votos, no al fraude en CNDH”. El senador morenista Armando Guadiana le había pedido que retirara la manta porque su grupo había aceptado reponer la votación para dar certeza al procedimiento. La senadora accedió y hasta se estrecharon las manos. 

“Yo de buena fe bajé esa lona porque aquí dijeron que íbamos a abrir un debate, que habían aceptado que se repusiera el procedimiento, y Guadiana me dio su palabra”, reclamó Gálvez después desde su escaño y ordenó volver a colocar la manta. 

Salgado Macedonio se hizo eco del sentir de un grupo legisladores y legisladoras de Morena que se rebelaron contra la propuesta, pues no entendían por qué Monreal estaba cediendo si Rosario Piedra era la elegida del presidente Andrés Manuel López Obrador. De hecho, la senadora morenista Antares Vázquez le reclamó que diera “tantas concesiones” al bloque opositor poniendo en riesgo el nombramiento, dijeron a Proceso fuentes de Morena bajo condición de anonimato. 

El plan A de Monreal

Los coordinadores de todos los partidos se reunieron un día antes, el lunes 11, en casa de Dante Delgado, líder de la bancada de Movimiento Ciudadano, para cenar e intentar llegar a un acuerdo con el fin de que no quedara tan lastimado el prestigio de la Cámara alta luego de las acusaciones de fraude que hicieron los panistas sobre la votación para renovar la CNDH, y señalamientos y dudas de grupos de la sociedad civil sobre la transparencia del proceso. 

Bajo el lema #CNDH Autónoma, estas organizaciones lamentaron que, pese a que la convocatoria para la renovación de la comisión introdujo importantes estándares para garantizar una evaluación objetiva, la terna terminó por responder a acuerdos cupulares.

Las acusaciones del PAN de que no se contaron dos votos tenían sustento en videos en los que se veía cómo el senador Primo Dothé separó una de las cédulas de votación del resto sin ninguna explicación. Según los senadores Germán Martínez y Ricardo Moreno Bastida, esa cédula no fue contada porque estaba en blanco. En otro video, la senadora de Morena Martha Guerrero cuenta nueve votos para el candidato Orozco Henríquez, pero anuncia sólo ocho.

En medio de esta crisis se llevó a cabo la cena, a la que llegaron los coordinadores de Morena, PAN, PRI, PVEM, PRD, PT y PES, además de la priista Claudia Ruiz Massieu y la panista y presidenta de la Comisión de Derechos Humanos del Senado, Kenia López, quien deslizó la idea de que regresara la terna a la comisión y, si no se lograba el consenso a favor de alguno de los candidatos, el primer visitador, Ismael Eslava Pérez, podía asumir las funciones de la presidencia de la CNDH.

Sin embargo, la preocupación generalizada era sacar de la crisis de credibilidad al Senado y los coordinadores pidieron al líder de la mayoría reponer la votación. Nadie creyó que Monreal aceptara, pero finalmente lo hizo y se comprometió a que lo plantearía al grupo parlamentario de Morena.

El panista Mauricio Kuri comunicó a su grupo el compromiso de Monreal y la idea de Xóchitl Gálvez de clausurar el Pleno de sesiones con candados, al día siguiente, para impedir que Piedra rindiera protesta, quedó cancelada. Hasta cerdos iban a soltar por el salón de plenos.

El día del zafarrancho en el Senado, Monreal citó a su grupo por la mañana para cabildear la propuesta, pero el grupo se dividió entre los que apoyaban a su coordinador y los que no iban a arriesgarse a defraudar al presidente si Piedra Ibarra, “militante con licencia” de Morena, no obtenía en una nueva votación la mayoría calificada necesaria, es decir, las dos terceras partes de los votos de los senadores presentes. 

Pese al acuerdo de la noche previa en la casa de Delgado, Gálvez y Gustavo Madero colocaron una manta afuera del Senado y calcomanías de “clausurado” y “fraude” en la entrada del salón de sesiones, siguiendo las instrucciones que días antes les dio Marko Cortés, de “armar un desmadre”, en una conversación de Whatsapp entre panistas que filtró Monreal.

Los blanquiazules no cejaban en la exigencia de reponer todo el procedimiento, con el argumento de que en la votación del jueves 7, 116 senadores depositaron su voto en la urna, pero sólo fueron contabilizadas 114 cédulas por los secretarios de la Mesa Directiva, con lo que Morena se había “robado” dos votos y Piedra Ibarra no había logrado el quórum mínimo de votación que exige la Constitución, al obtener 76 de 116.

Luego de la reunión plenaria de Morena, un bloque de 25 senadores y senadoras de Morena –entre ellos Eduardo Ramírez, Ana Lilia Rivera, Alejandro Armenta, Héctor Vasconcelos, Guadiana, Nestora Salgado, Lucía Trasviña y hasta Citlalli Hernández, quien había apoyado decididamente a Piedra Ibarra– salió a respaldar la propuesta de Monreal en conferencia de prensa, creando la ilusión de que la votación sería repuesta.

“Creemos en la democracia y creemos en que los procesos se tienen que realizar de la manera correcta, por eso es que se va a repetir este procedimiento. No porque estemos cediendo, no porque estemos reconociendo que hubo fraude. No podemos permitir que los orquestadores del fraude electoral en 2006 ahora vengan a decirnos a nosotros que hicimos fraude”, dijo Hernández.

El plan B

En las horas previas a la sesión, Monreal se veía confiado de que se repetiría la votación, mientras intentaba conseguir los votos para legitimar a Rosario Piedra. En la Junta de Coordinación Política, sus operadores del Partido Verde, Manuel Velasco y Raúl Bolaños Cacho Cué, entraban y salían con noticias sobre las negociaciones para construir la mayoría calificada.

Conforme avanzó la sesión el semblante de Monreal fue cambiando. El nerviosismo era notorio. Velasco y Bolaños Cacho Cué seguían susurrándole cosas al oído. 

Aquí surgieron varios problemas que hicieron a Monreal cambiar de estrategia. Primero, el PAN pidió a sus legisladores que transparentaran su voto cuando depositaran la cédula en la urna. Fuentes de todos los partidos en el Senado confirmaron a Proceso que con esa estrategia buscaban evitar que panistas votaran por Rosario. “Se sintieron presionados porque en la votación anterior, cuando Rosario obtuvo 76 votos, cuatro senadores del PAN del grupo del fallecido Moreno Valle le dieron su voto”, dijo una fuente. 

Luego, algunos senadores de Movimiento Ciudadano, que según fuentes consultadas habían accedido a apoyarla, tampoco podían votar ya por Rosario porque afectarían a Samuel García, quien tiene aspiraciones a la gubernatura de Nuevo León en 2021, donde en 1973 la Liga Comunista 23 de Septiembre asesinó al empresario Eugenio Garza Sada, cabeza del Grupo Monterrey. Y Jesús Piedra, hermano de Rosario, desaparecido hace 45 años en la Guerra Sucia, fue miembro de esa organización guerrillera. 

El senador panista de Nuevo León Víctor Fuentes retó a Samuel García a transparentar su voto, acusando la complicidad de la bancada del MC a favor de Piedra Ibarra.

Desde su escaño García, quien había anunciado su voto por Peimbert, reclamó a Fuentes: “Fuimos precisamente nosotros quienes, en las tres rondas, de manera íntegra, votamos por otra opción”. 

Monreal le pidió ayuda al priista Miguel Ángel Osorio Chong para conseguir la mayoría, pero éste le dijo que su bancada no podía votar por Rosario Piedra. El morenista había contado con dos votos del PRI en la ronda anterior, que fue señalada como fraudulenta. Pero esta vez el PRI le ofreció que se ausentaran dos senadores a fin de bajar el rango necesario para conseguir las dos terceras partes en la votación.

Mientras se le caían los votos a Monreal para la mayoría calificada ocurrió una revuelta interna, afirman fuentes de Morena. De acuerdo con esta versión, el coordinador se enteró de que siete senadores de su partido estaban organizando un rechazo a la repetición de la votación e incluso planeaban votar por un candidato que no fuera Piedra para sabotearlo y que quedara mal con el presidente. 

Otra fuente consultada asegura que no hubo tal rebelión y que el mismo Monreal dio la orden y la contraorden porque no conseguía los votos, y aunque Rosario no era su candidata recibía presiones desde la Presidencia de la República. De hecho, esa fuente cuestionó que Rosario Piedra no haya tomado protesta desde el jueves 7, cuando resultó electa tras la tercera votación de la terna.

Varias fuentes coincidieron en que Monreal hizo suya la candidatura demasiado tarde y por ello en las primeras dos rondas de votación, del 30 de octubre, Piedra obtuvo apenas 59 y 67 votos, respectivamente, aun cuando Morena y sus aliados del PES y PT suman 70 votos. 

De cualquier forma, la votación no se llevó a cabo pese a las sospechas de irregularidades. El propio Bolaños Cacho Cué, que toda la sesión había estado cerca de Monreal, subió a la tribuna para hablar contra la propuesta de éste. 

Pese a que PAN, PRD, Movimiento Ciudadano, el senador sin grupo parlamentario Emilio Álvarez Icaza, así como el propio Monreal y algunos de sus más cercanos votaron a favor de reponer la votación o se abstuvieron, la mayoría de Morena, el PRI y el PVEM votaron en contra.

Para que la propuesta prosperara sólo se requería de mayoría simple, pero la moción de Monreal fue rechazada con 66 votos en contra, 46 a favor y nueve abstenciones.

“En mi fracción hay voto libre, hay voto libre, no hay fustigadores, no hay aquello de ‘enséñame tu voto’”, dijo Monreal antes de la votación. “A mis compañeras y compañeros les reitero: son libres, son libres”, añadió.

Como en 2006

Con Rosario Piedra en el salón contiguo, en el pleno del Senado, Álvarez Icaza advirtió lo que se venía: “Hay ocho senadores de Morena en la Presidencia del Senado preparándose para una batalla, pareciera; bloqueando accesos de un lado, bloqueando accesos de otro. Pareciera, presidenta, que aquí va a haber una batalla, y la verdad de las cosas es que esta decisión es lo que queríamos evitar, nos conducimos hacia la vergüenza como lugar de residencia, el Senado de la República”.

La advertencia no era en vano. Desde que Rosario Piedra entró al salón de plenos se desató una pelea con empujones y golpes por la tribuna. 

Ese martes 12 los mexicanos vieron en el Canal del Congreso cómo el panista Gustavo Madero subió a la Mesa Directiva para impedir la toma de protesta de la activista, pero fue bloqueado por el morenista Salomón Jara. Luego se fueron uniendo más senadores y senadoras para detener a Madero. 

“Por favor, por favor, pido orden”, gritaba Mónica Fernández, presidenta de la Mesa Directiva.

Madero llegó hasta Fernández y le jaló el brazo derecho. Él a su vez fue jalado por la espalda por las morenistas Citlalli Hernández y Martha Guerrero. El panista terminó en el piso. Más tarde, Guerrero salió del salón de plenos en silla de ruedas con un esguince en el pie. 

El senador Eduardo Ramírez acomodó a Piedra Ibarra, tomó su brazo derecho, mientras alguien gritó: “¡Presidenta, toma la protesta!”. Ramírez le levantó la mano a Rosario entre gritos de los panistas de “¡fraude, fraude, fraude!”. Fernández le preguntó si juraba cumplir su función leal y patrióticamente, a lo que Piedra respondió: “Protesto”. Pero el senador Ramírez la corrigió: “Sí, protesto”. De inmediato ella lo repitió. 

Ricardo Monreal, Cristóbal Arias y Germán Martínez miraban el espectáculo mientras aplaudían y sonreían.

Desde las gradas de prensa, activistas y familiares de víctimas de desaparición gritaron: “¡Vivos se los llevaron, vivos los queremos!”, una consigna que claman los familiares de desaparecidos.

La designación de Rosario Piedra Ibarra al frente de la CNDH hizo feliz al presidente Andrés Manuel López Obrador, pero, más allá del show en tribuna, el proceso lesionó la credibilidad del Senado, evidenció las fracturas en Morena, debilitó a Monreal al interior y al exterior de la Cámara alta y puso contra las cuerdas cualquier posibilidad de acuerdos para construir mayorías calificadas y las aprobaciones de reformas por consensos, como tanto le gustaba presumir al zacatecano.