Con menos de una semana exiliado en México, Evo Morales –primer presidente indígena de Bolivia y quien fue presionado “de sorpresa” para renunciar a su mandato por las fuerzas armadas– habla con Proceso. En su conversación, el exmandatario apunta que está en espera de que la Asamblea (boliviana) rechace o apruebe su renuncia, y si la rechaza, dice estar “preparado para volver en cualquier momento”; insiste en su disgusto hacia las fuerzas armadas, a las que su gobierno dio un tratamiento favorable; y se expresa con desprecio de Luis Almagro, secretario general de la OEA, de quien dice que está “en campaña para ser ratificado, y haciendo el juego a la derecha acusándome a mí de autogolpe”.
El jueves 14, menos de dos días después de que un militar terció la banda presidencial de Bolivia en su pecho, Jeanine Áñez, presidenta interina de facto del país sudamericano, advirtió que el expresidente Evo Morales quedaría excluido del futuro proceso electoral.
En su exilio en México, a 5 mil kilómetros del Palacio de Gobierno de La Paz –donde Áñez afirmó que Morales “no está habilitado para un cuarto mandato”–, el líder indígena reta a su sucesora “ilegalmente autoproclamada”:
“Los golpistas no van a pasar en Bolivia, aunque momentáneamente estén. ¿Quién es ella para decir que no puedo presentarme? Si tuviera sentencia ejecutoria, claro, no podría presentarme; pero cualquiera está habilitado para presentarse. ¿Por qué tanto miedo a Evo?”, lanza.
–Y sí, ¿por qué tanto miedo a Evo? –se le pregunta de rebote.
–Porque ni en la República ni en tiempos de la Colonia estuvimos tan unidos los movimientos campesinos indígenas originarios; y además de esto, porque hemos demostrado cómo se gobierna. Eso no lo aguantan. Sigo convencido de que si nos fuéramos a nuevas elecciones, ganaríamos otra vez. Y no lo aceptan. Entonces dicen ‘¡Sin Evo, sin Evo!’ ¿Por qué sin Evo?” –revira.
El pasado lunes 11, después de un largo y tortuoso viaje, Morales tocó suelo mexicano en calidad de asilado político. Tras realizar una serie de actos protocolarios con integrantes del gobierno de Andrés Manuel López Obrador y agradecer en repetidas ocasiones al mandatario mexicano por “salvarle la vida”, el boliviano se instaló en su nueva realidad del exilio.
A la par de una intensa actividad desde su cuenta de Twitter, indica que su estrategia consiste ahora en “denunciar el golpe de Estado en los medios y estar en contacto con la gente, con nuestras autoridades”, con el objetivo de “volver, para incorporarnos a esta lucha del pueblo boliviano”.
En entrevista con Proceso el viernes 15, Morales rememora con amargura los acontecimientos que lo llevaron a anunciar su renuncia el pasado domingo 10, después de tres semanas de protestas contra el cuestionado proceso electoral del 20 de octubre, al que se sumaron la policía y las fuerzas armadas. “Mientras tengamos vida, sigue la política y sigue la lucha. Duele, estoy triste pero fuerte”, dice sobre su estado de ánimo.
Durante la plática identifica a los grupos oligárquicos “racistas” y “fascistas” que concretaron la “conspiración” para derrocarlo, deplora la “traición” de la cúpula militar –-que, en una alocución televisiva, le “sugirió” que presentara su renuncia– y el actuar de Luis Almagro, secretario general de la Organización de los Estados Americanos (OEA). “Los tiempos juzgarán a este tipo de golpistas”, sentencia.
Antes de recibir a este semanario, el líder boliviano permanece encerrado media hora con su equipo cercano en un salón privado del hotel Brick, en la colonia Roma. Aprovecha el tiempo entre dos entrevistas para informarse sobre los acontecimientos en Bolivia y enviar instrucciones a los legisladores del Movimiento Al Socialismo (MAS), que desde el jueves 14 iniciaron un diálogo con el nuevo gobierno de facto.
Explica: “Felizmente la bancada (del MAS) está muy unida, tenemos dos tercios de la Asamblea. Si ellos no acuerdan con nosotros, la bancada no va a realizar ninguna salida democrática. Por tanto, tienen que ir al diálogo. Si ellos quieren nuevas elecciones, la asamblea tiene que elegir nuevos tribunales electorales. Y si no, se empantana; está en caos Bolivia”.
Sus aliados en Bolivia “están resistiendo, piden que vuelva”, dice, y añade: “Yo estoy esperando si la Asamblea rechaza o aprueba mi renuncia. Si rechaza mi renuncia, estoy preparado para volver en cualquier momento”.
Afirma que el deseo del MAS “es pacificar Bolivia, que no haya más muertos ni heridos; que respeten nuestros derechos. Pedí la intermediación de la Iglesia –aunque siempre se puede dudar de algunos jerarcas de la Iglesia católica–; hemos pedido la intervención de Naciones Unidas, estamos en esta tarea de cómo pacificar, pero respetando los derechos y la Constitución, y acabando con la dictadura”.
Como lo hizo de manera reiterada desde que arribó a México, Morales insiste en que “hasta el día domingo (de su renuncia), no había ni un muerto a bala. Aguantamos todo por la vida. Y desde el momento que renuncié, al día siguiente hubo muertos de bala. Hasta ahora hay 10”.
Horas después, en la tarde del mismo viernes 15, la policía y las fuerzas armadas dispararon contra campesinos en Sacaba, Cochabamba, que exigían la renuncia de Áñez y garantías para la vida de sus líderes. La Comisión Interamericana de Derechos Humanos reportó cinco personas fallecidas por impacto de bala; unrecuento no oficial hablaba de al menos siete muertos.
“No es Evo, es el pueblo”
Con cerca de 14 años ininterrumpidos al frente de Bolivia, Morales es el presidente de mayor duración en ese país. Pese que hace tres años 51.34% de los bolivianos se opuso a su reelección en un referéndum, el líder indígena contendió el pasado 20 de octubre por un nuevo mandato de cinco años.
Niega que esté aferrado al poder: “Me ratificaron nuevamente, pero no solamente por Evo, sino por el pueblo. El poder no es Evo; el poder es de las fuerzas sociales”, dice.
–¿Uno no se desgasta después de tanto tiempo en el poder? ¿No era tiempo ya de dejarlo? –se le pregunta.
–Eso no depende de mí. Yo siempre he dicho: al cargo no se le busca, el cargo nos busca. Es mi experiencia sindical, mi experiencia política, electoral. Los compañeros dirigentes nacionales dijeron: ‘Evo tiene que ir, si no, vamos a perder’. Tal vez momentáneamente sea importante, porque finalmente no soy papa de la Iglesia católica. Aunque en el campo griten: ‘Evo de por vida’, ‘Evo 2030, Evo 2050’, les digo: ‘No digan esto, porque me van a hacer refutar con la derecha, como siempre’”.
Preguntado sobre la “caída” del sistema de conteo de votos la noche de las elecciones y sobre las irregularidades que documentó la OEA en el escrutinio, Morales responde que “yo no soy técnico”, y asegura que el Tribunal Superior Electoral –cuya independencia ha sido cuestionada por la oposición– y la Auditoría Interna “demostraron que hemos ganado desde la primera vuelta”.
–La auditoría de la OEA determinó que usted ganó la primera vuelta de las elecciones, pero dijo que probablemente no con la ventaja de 10%, que le permitía evitar una segunda vuelta. ¿Usted y el MAS no querían ir a segunda vuelta?
–Hemos ganado, y no ‘probablemente’, en la primera vuelta. Pero la decisión de la OEA ha sido más política que técnica. Y si hemos ganado con menos de 10%, como lo dice la OEA, entonces debió haber segunda vuelta, no nuevas elecciones –machaca.
–¿Cree que sólo Evo Morales puede llevar a cabo este proyecto del MAS?
–No, no es Evo: es el pueblo. Repito, cuesta unir. Quizás tenga un poco más de experiencia y paciencia, calcular; cada sector tiene sus reivindicaciones, cómo entender, interpretar y reunir. Creo que ésa es la ventaja que tengo después de tantos años de lucha sindical y lucha social –asume.
“Nunca nos han tolerado”
En 2005 Morales se convirtió en el primer presidente indígena en la historia de Bolivia, el país con mayor población autóctona de América Latina. En 2009 promulgó una nueva Constitución que instauró el Estado Plurinacional de Bolivia y agregó como bandera la Wiphala, símbolo de la filosofía y cultura andinas.
Desde que llegó a México reiteró que su condición de indígena fue “su único delito” y la razón por la cual fue sacado del poder.
–¿Para quién es un delito ser indígena en Bolivia? –se le pregunta.
–Para estos grupos oligárquicos, para la clase alta, este grupo que ostenta el poder económico; aunque no todos. ¿Cuál es el tema de fondo? Todavía hay algunas personas que dicen: “Nosotros hemos estudiado profesiones para dominar a los indios (…) ¿Cómo estos indios van a cambiar Bolivia?”.
Momentos después explica que estos grupos tienen su anclaje en la historia militar y golpista boliviana: “Antes eran falangistas, banzeristas”, y recuerda a Hugo Banzer Suárez, quien fue siete años presidente después de un golpe de Estado, “y esta familia vuelve con racismo, con odio”.
Precisa: “Son algunos empresarios industriales, importadores y exportadores, sobre todo (…) no quieren que como Estado industrialicemos nuestros recursos naturales. No sólo el litio: estamos con los hidrocarburos, estamos con el hierro, en la minería con metálicos y no metálicos”.
–Esta oligarquía se benefició con sus políticas: hubo una tasa de crecimiento alta y no abandonaron el modelo de extracción. ¿Por qué estarían en su contra? –cuestiona el reportero.
–Por primera vez en la historia de Bolivia, de los 13 años de nuestro proceso de cambio, seis años tuvimos el primer lugar en crecimiento económico de Sudamérica. Antes Bolivia sólo era primera en pobreza; ahora lo es en crecimiento y en muchos rubros más –sostiene.
Y abunda: “No aceptan que los movimientos sociales, que el movimiento indígena pueda cambiar Bolivia; sectores de clase de media, grupos fascistas, racistas, ahora golpistas, no aceptan que los indios puedan hacer historia, y buena historia, para Bolivia. Sigo convencido de que hemos sido gobierno y presidente de la mejor Bolivia de nuestra historia”.
“No solamente son racistas, también son fascistas. ¿Por qué fascistas? Quemaron sedes sindicales del movimiento campesino e indígena; quemaron casas de las autoridades. Hay hermanos diputados, gobernadores, dirigentes sindicales que llorando me dicen: ‘Hermano presidente, voy a hablar contra vos para salvar a mi esposa’ o ‘voy a renunciar –y renunciaron– para salvar mi casa’”, asevera.
Toma el ejemplo del opositor Luis Fernando Camacho, oriundo de la élite de Santa Cruz, quien según Morales afirma en sus actos públicos que “al estilo Pablo Escobar, hay que hacer listas. Sicario y sicario”, deplora.
“Es el golpe de Estado. No sé qué tiempo durará: los mensajes que estamos recibiendo, que van a perseguir a periodistas por sedición, que van a incumplir con la Constitución… nosotros nunca incumplimos con la Constitución. Nosotros hemos sido muy tolerantes; respetamos. Sin embargo, ahora nos damos cuenta: ellos nunca nos han tolerado.”
“Historia negra”
“La primera semana se prepararon, las dos semanas siguientes decían cada día: ‘¡Último día de Evo, último día de Evo!’. Hemos resistido, pero cuando la policía y las fuerzas armadas se sumaron, consumaron el golpe”, narra el expresidente.
–Usted dio posesión al general Williams Kaliman apenas en diciembre pasado. El propio Kaliman lo llamaba a usted “hermano presidente”. Él mismo sugirió en una alocución pública que presente su renuncia. ¿Cómo se lo explica?
–Yo no sé si plata del imperio o si es una cuestión de clases. El 7 de agosto el general cuestionó los programas de la derecha, se declaró antiimperialista. Y de la noche a la mañana cambia. Yo tuve varias reuniones con él y me dijo: “Si quiere que las fuerzas armadas salgan a las calles, con decreto”. Le dije: “No voy a hacer eso”. Y ahora, para la derecha sin decreto matan.
Explica que “semejante plata ha circulado desde Santa Cruz para este paro de los cívicos; esto no es plata boliviana, es plata extranjera. No sé si es por esa plata, o si dice ‘bueno, estos indios, este movimiento social, mucho tiempo han estado gobernando, hay que darles golpe de Estado’”.
Como en su conferencia de prensa del miércoles 13, Morales expresa su disgusto hacia las fuerzas armadas, a las que su gobierno dio un tratamiento favorable. Recuerda: “Cuando llegamos al gobierno, las fuerzas armadas tenían apenas un solo helicóptero; ahora tenemos 25 y los usan contra el pueblo. Yo no he equipado a las fuerzas armadas para que estén en contra el pueblo, sino para servicio en los desastres naturales. Hay una profunda diferencia”.
–¿Usted sabía, previo a la alocución televisiva del general Kaliman, que algo iba a suceder o lo tomó de sorpresa?
–De sorpresa (…) No traicionaron a Evo, sino al pueblo, a este proceso de cambio; si el mando militar lo ha decidido, ese mando pasará a la historia negra.
–A lo largo de estos casi 14 años en la Presidencia, ¿considera que cometió errores?
–Todos cometimos errores, como seres humanos, todos nos equivocamos. Pero que sea un error intencional, para hacer daño a alguien, jamás. Eso no. Nos hemos equivocado en temas legales, administrativos, pero robar, robar, robar: jamás. Nuevamente, llego por la patria y no por la plata, sostiene.
Almagro, “tipo tonto”
Morales no esconde su enojo y desprecio hacia Luis Almagro, secretario general de la OEA, al que acusa de haberlo traicionado en el peor momento de la crisis y de haberse sumado a la “conspiración” de la “derecha racista, fascista”.
Reitera que la OEA tenía el compromiso de publicar su informe de auditoría sobre las elecciones el miércoles 13. Sin embargo, en la mañana del domingo 10 el organismo interamericano dio a conocer una versión preliminar del reporte, en el cual documentó una serie de irregularidades y concluyó con la recomendación de repetir el proceso electoral.
“Quiero que sepan: la primera información que nos hace llegar Almagro fue: ‘Que Evo esté tranquilo, está bien’. ¿Qué había insinuado? Que en la primera vuelta habíamos ganado”, afirma Morales.
“La segunda información, que llegó del día viernes al sábado, dijo: ‘Hay que hacer algunas nuevas elecciones en algunas mesas en Beni’ (…) inclusive llamé al gobernador y le dije: ‘Hermano, haz campaña, porque va a haber otra votación’. Eran pocas mesas, de 200 o 300 votos”, asegura.
“Y el domingo en la madrugada nos informan que estaba preparado el informe preliminar. Leemos, revisamos el informe: ¡Un horror! Eran interpretaciones. Dije al canciller: ‘¡Comuníquese con Almagro!”. No puede comunicarse, pero habla con su representante (Gonzalo Koncke).
“Yo insistí: ‘¡Comuníqueme con Luis Almagro!’. Y tampoco. Y yo hablé con él, le dije “¡Comuníqueme con Luis Almagro, con ese informe ustedes van a incendiar Bolivia y va a haber muertos!’. No quiso comunicarme. ‘Pero te estoy diciendo, para que conste, hay testigos, ¡Suspende! Cualquier hecho de sangre va a ser de tu responsabilidad’”, abunda.
“Y después (Koncke) llamó otra vez al canciller, le dijo: ‘No puedo comunicarlo con Luis Almagro’. Le insistí. Me dijo que otra vez iba a consultar. Luego dijo al canciller que iban a sacar el informe, y a las seis de la mañana estaba ya su informe preliminar en los medios de comunicación. Luis Almagro no nos escuchó, y decidió.”
En una sesión extraordinaria del Consejo Permanente de la OEA, el martes 12, Almagro sostuvo que Morales había realizado un “autogolpe” y con voz grave declaró: “Es muy triste, es el horror de los horrores. Es el despropósito de los despropósitos: que se arroje el legado político del primer presidente indígena de Bolivia por la borda de un autogolpe. Duele en el alma”.
Morales busca sus palabras y suelta: “Está tonto este tipo; está tonto: ¿Qué autogolpe? Si fuera autogolpe yo estaría en el gobierno en este momento. ¿O no? O sea me expulsan, me hacen acusar con sus aliados… ¡y ahora es autogolpe! Yo no entiendo”.
Opina: “Almagro está en campaña para ser ratificado, y haciendo el juego a la derecha acusándome a mí de autogolpe. El golpista es él. Golpista él, junto con la policía, las fuerzas armadas y grupos violentos de Bolivia”.








