Agradece a Rosario Ibarra de Piedra haberlo rescatado de la Guerra Sucia

Señor director:

Solicito la publicación de la presente carta dirigida a doña Rosario Ibarra de Piedra:

Tengo la certeza de que me recuerda. Hace 39 años, el que esto escribe, tenía seis años; era conocido como “José” o “Pepe”. Fui uno de los cinco niños que usted y la lucha popular y universitaria en Guerrero rescató cuando nos encontrábamos en manos del gobierno. 

Gracias a sus gestiones y a su lucha fuimos entregados con nuestros familiares después de que el 18 de octubre de 1980 la Dirección Federal de Seguridad (DFS), el grupo paramilitar y parapoliciaco Brigada Blanca y la Policía del Distrito Federal, que encabezaba el falso general Arturo Durazo Moreno, asaltara el domicilio en el que nos encontrábamos en Yuriria, Guanajuato, a donde llegaron disparando y ametrallando indiscriminadamente en una operación conjunta en la que se utilizaron helicópteros y artillería pesada.

En ese domicilio había cinco niños –hijos de perseguidos políticos– y rebeldes sobrevivientes del Partido de los Pobres y de las Fuerzas Armadas para la Liberación; también estaban Abad Mayo, un dirigente campesino de la Costa Chica de Guerrero, y mi tío-padre, Domingo Estrada Ramírez, quienes en un acto de arrojo desarmaron a los que asaltaron el domicilio y con sus mismas armas comenzaron un desigual combate por varias horas. 

Fue un asalto que produjo una fuerte represión y la desaparición de mi familiar; la detención de mi padre, Juan García Costilla, y la persecución contra mi madre, Anita Estrada Ramírez. Ellos fueron dirigentes estudiantiles en la Universidad Autónoma de Guerrero.

Los asaltantes me desaparecieron al igual que a la otra persona que se encontraba con nosotros. A mi padre lo tuvieron escondido durante 15 días; mi madre, perseguida durante dos años más.

También vale recordar que siempre has luchado en favor de la presentación con vida de mi tía Teresa Estrada Ramírez, estudiante de Filosofía y Letras, quien en 1974 fue desaparecida cuando visitaba a los presos políticos detenidos en el Palacio Negro de Lecumberri. En dos ocasiones rescataste a mi tío Abel Estrada, igual desaparecido por cuestiones políticas.

Una historia de represión, de luchas campesinas, estudiantiles, urbano-populares se gestaban en Guerrero. Somos parte de una generación que nacimos en medio de la tempestad de la Guerra Sucia del Estado mexicano. 

Hoy, a 39 años de distancia, reconocemos tu valor, abnegación, coraje y tenacidad que lograron rescatar a 150 desaparecidos políticos de las catacumbas del Campo Militar No. 1, así como de tantas cárceles clandestinas que hubo en Acapulco, Guerrero, y en todo el país.  

Le diste visibilidad a la tragedia de los desaparecidos políticos, de los presos, de los perseguidos. Recogiste infinidad de testimonios, algunos de ellos se publicaron en medios informativos nacionales e internacionales; contactaste a las organizaciones internacionales de derechos humanos, diste una lucha fraterna, diste amor no consuelo, enseñaste a luchar y fuiste candidata presidencial en dos ocasiones.

Hoy, igual que cientos de víctimas del terror del Estado, podemos decirte que eres una madre para todos nosotros, pues nos arrancaste de un destino impreciso en años de fosas clandestinas, de vuelos de la muerte y de cámaras de tortura. 

Aquí sigues firme y valiente, fuerte como un roble en la búsqueda siempre amorosa de tu hijo, Jesús Piedra Ibarra, un hijo por quien has luchado siempre; en ese camino nos encontraste a tantos otros: hijos, nietos, tuyos ahora. 

Nos conmovió hasta las lágrimas el mensaje que se leyó en el Senado, también cuando se te entregó tan alta distinción y la devolviste en un golpe magistral al presidente Andrés Manuel López Obrador, para comprometerlo a investigar el problema de los desaparecidos políticos de la Guerra Sucia.

Todo mi amor para ti. Larga vida y un millón de primaveras.

Atentamente:

Raúl Sendic García Estrada