Réquiem por la Divina Jessye Norman

Estoy viendo y oyendo su magistral interpretación de la liebestod de Tristan e Isolda, y Herbert von Karajan, quien presume de tener a los mejores cantantes del mundo a sus pies, la observa y escucha arrobado, incapaz de sustraerse al poder envolvente de esa voz maravillosa que es única en el mundo. La voz de la inmensa Jessye Norman no es de este mundo.

Su registro y extensión son extraordinarias, su timbre excepcional, aterciopelado, acariciante pero profundo con cavernosidad –de esas cavernas milenarias que apenas si ha descubierto el hombre–. Por eso no se entiende cómo es que la seguimos llamando soprano cuando sus notas son mucho más profundas que muchas de las que, decimos, son de mezzosopranos. Tal vez lo que sucede con ella es que para clasificarla tendríamos que crear una categoría especial en la que, por supuesto, sólo ella cabría.

¿Cómo explicar su voz? ¿Cómo describir ese sonido único que envuelve y sumerge en un mar de belleza incomparable?

Escucho ahora su Carmen; no hay voz más seductora. ¿Quién como ella podrá producir esos registros? Su voz no sólo es voz, es aroma exquisito de tierra en la que la lluvia acaba de caer, posee la suavidad acariciante de la mañana del despertar y, en la medida que avanza, se va endureciendo hasta alcanzar el temple del acero. Su voz es seda, por supuesto, pero también metal que atraviesa todas las corazas. Sucede así porque su voz va desde la A hasta la Z en una travesía que se consideraría imposible y que nadie más ha podido realizar.

Su voz no es de este mundo, porque de otra forma no se explica. La prodigiosa Jessye es un ángel que vino a iluminarnos, y escogió el color negro de su piel para irla entreverando y darnos un sonido pastoso sabor de chocolate que ningún humano sería capaz de producir. Su voz de voluptuosidad incomparable, mezcla de todos los colores, podía por momentos parecer surgir de ultratumba y, en otros, descender del sol directamente.

El New York Times dijo de ella que era “una inmensa mansión de sonido”, y no se equivocó porque la Divina Norman irradiaba calor y color con toda su presencia impresionante. Era enorme en todos sentidos. Sí, era una imponente bellísima estructura negra que avanzaba avasallante irradiando la luminosidad más esplendente.

Monumental, escucho ahora Las Troyanas. Jessye Normanera la encarnación viva de los versos de  Neruda:

Todo lo llenas tú, todo lo llenas.

Aquí, más allá del sol, forever and ever, Jessye Norman.