Detrás de todo, la mano del “Mayo” Zambada

Liberar a Ovidio Guzman López es una claudicación ante el Cártel de Sinaloa, es como decirles a esos criminales: “Ustedes son los que mandan”, comenta a Proceso Jack Riley, uno de los exfuncionarios de la DEA que mejor conoce la estructura y modus operandi de esa organización delictiva. Habla del operativo fallido del Ejército y la Guardia Nacional,  quienes se doblegaron después de la violenta jornada del jueves 17 en Culiacán.  En esa refriega, puntualiza el entrevistado, “se palpó” la intervención del Mayo Zambada.

 

WASHINGTON.– En esta ciudad funcionarios y exfuncionarios estadunidenses no tienen empacho en considerar la captura y liberación de Ovidio Guzmán López –hijo de Joaquín El Chapo Guzmán– como una claudicación del gobierno de Andrés Manuel López Obrador ante el Cártel de Sinaloa.

“El presidente de México acaba de hacer un pacto con el Diablo, él esencialmente le dice al Cártel de Sinaloa: ‘Ustedes son los que mandan’”, comenta a Proceso Jack Riley, exjefe de operaciones de inteligencia de la DEA, que dedicó gran parte de su carrera a perseguir al capo sinaloense.

Como Riley, dos funcionarios del Departamento de Justicia de Estados Unidos encargados de la cooperación con México en la lucha contra el narcotráfico se cuestionan por qué fue liberado Ovidio Guzmán, uno de los cuatro hijos varones sobrevivientes del capo nacido en Badiraguato.

“No lo podíamos creer cuando recibimos el reporte de nuestros agentes en México. Ovidio Guzmán es uno de los objetivos importantes de los esfuerzos bilaterales para desmantelar lo que queda de la célula del Chapo Guzmán”, comenta en entrevista uno de los funcionarios.

En el operativo de Culiacán, donde se detuvo temporalmente a Guzmán López, no estuvo implicada la Administración Federal Antidrogas (DEA), como señalaron algunos medios mexicanos, aclaran los funcionarios.

“Nos enteramos cuando comenzó la refriega de los sicarios del Cártel de Sinaloa contra las autoridades mexicanas que acudieron a la casa donde se encontraba el delincuente. La cooperación que tenemos con el nuevo gobierno no es igual a la que había en el pasado”, expone el otro funcionario del Departamento de Justicia, quien pidió el anonimato, como su compañero.

Y agrega: “Hay una confusión. La prensa mexicana comenzó a decir que se intentó capturar a Ovidio por exigencia nuestra. Falso. De haber ocurrido eso, hubiéramos pedido la intervención de la Marina mexicana, que está mejor preparada para operativos de alto riesgo”.

 

Nueva alianza criminal

 

El jueves 17 en el sector de Tres Ríos, en Culiacán, efectivos de la Guardia Nacional y de la Secretaría de la Defensa Nacional tuvieron en sus manos a Ovidio Guzmán, pero lo dejaron ir debido a la desmesurada reacción de la organización criminal que controla el hijo del Chapo.

A Riley, uno de los exfuncionarios de la DEA que mejor conoce la estructura y modus operandi del Cártel de Sinaloa, le asombran las palabras de Andrés Manuel López Obrador para justiciar el fracaso del operativo: “El presidente mexicano dio un drástico giro en la dirección equivocada. Liberar a Ovidio es una claudicación ante el Cártel de Sinaloa. Es como decirles a esos criminales: ‘Ustedes son los dueños y los que mandan en Sinaloa’”.

Riley, quien el 22 de febrero de 2014 dirigió en Mazatlán, Sinaloa, el operativo de la DEA en el que los agentes estadunidenses disfrazados de marinos mexicanos detuvieron al Chapo Guzmán, Riley habla de lo que realmente pasa en Culiacán: “Aunque ya estoy jubilado, gentes (en funciones) me tienen informado de lo que pasa en México con el Cártel de Sinaloa; la fuerza con la que respondieron los narcotraficantes a la noticia de la captura de Ovidio desnuda una nueva alianza criminal”.

–¿Entre quiénes es esa alianza? –se le cuestiona.

–Entre Ismael El Mayo Zambada García y los hijos del Chapo. Sin la orden del Mayo simplemente no se hubiera desplegado tanto pistolero para intimidar y doblegar a las fuerzas federales mexicanas. Lo más grave fue que ganaron los delincuentes.

Según el exjefe de las operaciones de inteligencia de la DEA, el diseño de un operativo para capturar a los cabecillas de la fracción que lideraba Guzmán Loera –quien purga en una prisión de súper máxima seguridad de Estados Unidos una cadena perpetua por delitos de narcotráfico, más 30 años por violencia con armas y otros 20 por lavado de activos– se lleva por lo menos ocho meses.

“Lo que ocurrió en Culiacán fue una improvisación, lo dijo el mismo gobierno de López Obrador… fuck, fuck, fuck”, explota Riley.

En conferencia de prensa en la capital sinaloense, Alfonso Durazo Montaño, titular de la Secretaría de Seguridad y Protección Ciudadana, y su par de la Defensa Nacional, general Luis Cresencio Sandoval, admitieron el fracaso del operativo en el que temporalmente cayó Ovidio
Guzmán.

“No hay pacto con criminales –declaró Durazo–, no hay un Estado fallido; lo que hubo fue un operativo fallido.”

 

“Los Chapitos”

 

Ovidio Guzmán López es integrante de la agrupación criminal conocida como Los Chapitos, en la que también están sus hermanos Jesús Alfredo, César, Joaquín e Iván Archivaldo, quien la dirige. En mayo de 2008, Édgar, otro hijo del Chapo Guzmán, fue ejecutado en Culiacán por sicarios de los hermanos Beltrán Leyva, quienes se escindieron del Cártel de Sinaloa.

El capo sinaloense tiene cuatro hijas: Alejandrina Giselle, Griselda Guadalupe y las mellizas María Joaquina y Emaly, procreadas con Emma Coronel Aispuro.

Luego de que el pasado 17 de julio Brian Cogan, el ministro de la Corte federal del Distrito Este de Brooklyn, Nueva York, que sentenció a Guzmán Loera, ­circuló el rumor de que los hijos del Chapo tenían los días contados. Según esa versión, las plazas a su cargo serían reclamadas por El Mayo Zambada o el Cártel de Jalisco Nueva Generación (CJNG), agrupación que en agosto de 2016 secuestró a dos de los hijos de Guzmán Loera que fueron liberados con vida gracias a la intervención del propio Zambada García.

Los dos funcionarios del Departamento de Justicia entrevistados admiten que hasta el jueves 17 las agencias de inteligencia de Estados Unidos tenían informes de que Los Chapitos ya no contaban con la protección y amistad del Mayo Zambada.

“Los hijos de Guzmán Loera están enemistados con el CJNG, esto explica mucha de la violencia que está ocurriendo en México, pero lo que pasó en Culiacán con Ovidio aclara otra cosa: un acuerdo entre Los Chapitos y El Mayo Zambada”, sostiene uno de los funcionarios.

Durante su juicio en Brooklyn que concluyó con la sentencia dictada por el juez Cogan, fue manifiesto el rompimiento entre la fracción del Mayo y la del Chapo en el Cártel de Sinaloa.

Jesús Vicente Zambada Niebla, El Vicentillo, y Jesús Zambada García, Rey Zambada –hijo y hermano del Mayo, respectivamente–, fueron dos de los testigos estelares del gobierno de Estados Unidos que, con sus testimonios, colaboraron en el hundimiento del Chapo.

La defensa legal de Guzmán Loera infructuosamente alegó que El Mayo Zambada, y no su cliente, era el auténtico “capo de capos” del Cártel de Sinaloa y del narcotráfico mexicano.

El Vicentillo, testigo protegido del gobierno de Estados Unidos, fue sentenciado a 15 años de cárcel el pasado 30 de mayo, pero por su buena conducta y colaboración para incriminar al Chapo podría quedar en libertad en unos tres años.

Rey Zambada está a la espera de que la benevolencia de la justicia estadunidense le recompense de igual manera como a su sobrino; por su cooperación para refundir en prisión al compadre de su hermano.

En el juicio en Brooklyn fue clara la relación entre el Departamento de Justicia con la fracción criminal del Mayo Zambada, quien a diferencia de su “compa Chapo”, jamás ha sido detenido por ninguna autoridad, por lo que sigue al frente del Cártel de Sinaloa. A esta relación que claramente es corrupción por narcotráfico, descaradamente la DEA la bautiza como “acuerdos de cooperación”.

La logística de los sicarios

 

Todos los hijos del Chapo –reconocidos legalmente por él– están encauzados judicialmente en Estados Unidos por delitos que incluyen el tráfico de cocaína, mariguana, metanfetamina, heroína y lavado de dinero. Son requeridos por autoridades de California, Nueva York, Illinois, Texas, Atlanta, la capital estadunidense y otras entidades.

“Por el acuerdo de extradición que tenemos vigente con México, si las autoridades de ese país detienen a uno o a todos los hijos del Chapo, consideran de inmediato su captura con fines de extradición. Ese es el compromiso bilateral; pasa lo mismo con delincuentes buscados por el gobierno mexicano en caso de que los capturemos nosotros”, detalla uno de los funcionarios del Departamento de Justicia.

No obstante que Iván Archivaldo y Jesús Alfredo son de entre Los Chapitos a los que quisiera echarles el guante la DEA, el Departamento de Justicia sostiene que la captura de cualquiera de los integrantes varones de la familia Guzmán es un golpe duro a la banda criminal.

Lo ocurrido en Culiacán el jueves 17, según los dos funcionarios estadunidenses y Riley, exhibe la intervención del Mayo. Se palpó, dicen, en la manera en que los sicarios se desplegaron para intimidar y, finalmente, doblegar a las fuerzas de seguridad del gobierno de AMLO.

En la conferencia de prensa de ese día, el general Sandoval dio los detalles del despliegue de los sicarios, quienes rescataron a Ovidio Guzmán. La balacera abarcó la zona de Tres Ríos, el centro de Culiacán y las colonias Las Quintas y Santa Fe. Los pistoleros armados con rifles de alto poder, entre éstos los de calibre .50 y granadas de fragmentación, se desplegaron en puntos clave y atacaron a los militares y a la Guardia Nacional.

Incluso capturaron a ocho soldados, organizaron 19 bloqueos y liberaron a 39 reos federales y 10 del fuero común; y dispararon contra el cuartel del Ejército y la sede del C-4 en Culiacán.

“Culiacán es como un fuerte para el Cártel de Sinaloa y para El Mayo en especial. Lo ocurrido no fue otra cosa que la demostración de fuerza letal que tiene la organización criminal cuando uno de sus mandos está en riesgo dentro de su propia plaza. Ese fue el mensaje que mandó el jefe de la organización (Zambada García); sólo él puede desplegar una fuerza así”, dice uno de los funcionarios del Departamento de Justicia.

Los tres entrevistados consideran que los sicarios no iban por la población civil, sino por los militares y los elementos de la Guardia Nacional.

 

El aval de AMLO

 

El viernes 18, en su conferencia mañanera en Oaxaca, López Obrador admitió que avaló la decisión de liberar a Ovidio Guzmán, luego de valorar las consecuencias de la violencia desatada por los sicarios regados en Culiacán:

“Estuve de acuerdo con eso porque no se trata de masacres; ya se terminó. No puede valer más la captura de un delincuente que las vidas de las personas.

“No se puede apagar el fuego con el fuego, esta es la diferencia de esta estrategia con las que han hecho los anteriores gobiernos. Nosotros no queremos muertos, no queremos la guerra, esto les cuesta trabajo entender a muchos; pero la estrategia que se estaba aplicando convirtió al país en un cementerio… La decisión la tomó el gabinete de seguridad de manera conjunta, colegiada. Yo respaldé esta postura porque considero que lo más importante es la protección de las personas, que no haya muertos.”

Cuestionado al respecto, Riley, quien siguió por internet la conferencia, responde con vehemencia: “Entiendo a lo que se refiere el presidente mexicano sobre la protección de los civiles, pero hacerlo público es un error gravísimo. Su mensaje va a ser interpretado de manera distinta por los narcotraficantes. Pareciera que ordenó a los soldados que no se metieran con los del Cártel de Sinaloa ni con los narcos fuertemente armados. Que me disculpe el presidente de México, pero se equivocó al justificar lo injustificable”.

El arsenal de los sicarios que rescataron a Ovidio Guzmán desnudó otra de las realidades de la problemática del narcotráfico y el crimen organizado en México: que las armas estadunidenses siguen llegando al país.

Por encima de los compromisos del gobierno de Donald Trump con el de AMLO para contener ese flujo ilegal de armas, la refriega y triunfo de los sicarios sobre las fuerzas de seguridad del Estado mostró que las autoridades estadunidenses no mueven un dedo al respecto.

El pasado 10 de septiembre el canciller mexicano Marcelo Ebrard, durante una de sus visitas a Washington, anunció el inicio de los trabajos del “grupo binacional” creado en julio pasado para contener el tráfico ilegal de armas.

“Vamos por congelar el tráfico de armas ilícito que va de Estados Unidos a México. En julio, se armó un grupo de trabajo en México con presencia de las agencias norteamericanas y el embajador de Estados Unidos (Christopher Landau) en México, también habrá seguimiento en nuestra embajada en Washington para dar a conocer cuántas armas tenemos registradas de Estados Unidos que provienen de manera ilícita”, aseguró Ebrard en rueda de prensa. l