En una conferencia pronunciada en la Sorbona en marzo de 1882 y publicada cinco años después bajo el título “¿Qué es una nación?”, Ernest Renan dio una respuesta a esta interrogante que pervive con intensidad hasta nuestros días.
Renan sostuvo que una nación es una conciencia animada por fundamentos espirituales, entre los que destacan dos elementos; el primero se ubica en el pretérito heroico y está dominado por la herencia cultural y el culto a los ancestros. Es este elemento el que legitima a la nación.
La nación, al igual que los individuos, es producto de los éxitos y los fracasos, de los sacrificios y denuedos, de sus gestas y sus derrotas, que componen su historia; lo trascendente es la forma en que las sociedades perciben este compendio de vicisitudes. En suma, las naciones se distinguen por la manera en la que recuerdan colectivamente su pasado.
El segundo elemento se conjuga en tiempo presente y está constituido por la congregación en torno a los valores fundacionales y por heroicidades comunes que forjan una identidad en el presente. En estos dos elementos se subsumen los aspectos relevantes de la obra de Miguel León-Portilla.
Perteneciente a una generación de mexicanos ilustres, como Eduardo Matos Moctezuma y Luis Villoro, entre otros, supo rescatar la grandeza de la sociedad náhuatl en muy diversas vertientes, como lo fueron sus proezas, sus conquistas, su literatura y su filosofía, y con ello la de nuestros ancestros.
Más que honrar la narrativa histórica de líderes e instituciones provenientes de las estructuras del poder, la obra de León-Portilla se concentra en la composición social; desentraña la manera en que el sistema social náhuatl funcionaba en sus múltiples vertientes, como la religiosa y la cultural. En ellas se observa cómo la representación del entorno constituye la realidad social. La obra de León-Portilla responde por lo tanto a la noción de una historia cultural.
Imbuido de una vastedad de conocimientos de la tradición occidental, León Portilla pudo sustraerse de ella y dimensionar los componentes y méritos del México náhuatl. Para ello el aprendizaje de la lengua resultaba indispensable, ya que era consciente de que ésta refleja el canon cultural de una civilización; así evitó el error metodológico de explicar con categorías occidentales una realidad sustancialmente distinta de la occidental. Sin duda, un gran mérito científico de Miguel León-Portilla.
Con la obra de León-Portilla y de su generación, el patrimonio cultural cobra una significación de amplio espectro. La función de su trabajo no es determinar la verdad patrimonial, sino explicar el sentido del patrimonio para la sociedad; dilucida entre la historia y la memoria colectiva; no intenta verificar la validez histórica, sino analizar las representaciones colectivas del pasado.
Producto de un proceso social, político y sobre todo cultural, a través de la apropiación y redefinición de los elementos que se extraen del pasado, el patrimonio adquiere en el presente un significado distinto, prohíja así una fisonomía proteiforme: por una parte, la que es propia de la colección y de la investigación científica que identifica, clasifica y salvaguarda el patrimonio para asegurar la transmisión del conocimiento. Por otra parte, la que revela cómo el patrimonio se adjudica la memoria colectiva, las tradiciones y las representaciones sociales. En este sentido el patrimonio resulta ser una reapropiación de aquellas mediante la cual la sociedad mexicana las interpreta y vincula con su pasado, lo que termina constituyéndose en un puntal de identidad.
La obra de León-Portilla oscila entre el mito y la memoria, entre la tradición y la historia; son estos vínculos los que permean recurrentemente su creación. Si bien en algunas ocasiones sacrifica la especificidad cronológica, lo hace en beneficio de una mejor comprensión.
Su obra enfrenta ahora, como toda creación humana con sus claroscuros, el veredicto del tiempo. Los augurios sin duda le son favorables, en el entendido de que la valorización que hace de la cultura náhuatl comporta el enorme merecimiento de que la sociedad mexicana pueda contemplarse en un espejo glorioso y revestirse de dignidad. l
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* Doctor en derecho por la Universidad Panthéon-Assas.








