“Sonora”

Se habla mucho del maltrato y la discriminación contra mexicanos en E. U., pero poco o casi nada se dice del racismo y la xenofobia, aquí mismo, en México, herencia de la sociedad de castas de la época de la Colonia; un caso muy reciente, la bola de comentarios abominables contra Yalitza Aparicio, protagonista de Roma.

En Sonora (México, 2019), Alejandro Springall (Santitos, 1999) confronta un vergonzoso episodio de segregacionismo contra inmigrantes y trabajadores chinos ocurrido en 1931; por un lado, el presidente Hoover, con el pretexto de la Gran Depresión, había deportado a miles de mexicanos y cerrado la frontera con nuestro país (Trump no es tan original, después de todo); por otro, en el territorio nacional se organizaban comités anti chinos, a quienes se maltrataba y expulsaba, acusados de causar enfermedades y desgracias. La inmigración china venía de la época del porfiriato, a raíz de la construcción del ferrocarril.

Se trata de la adaptación del libro de Guillermo Munro, La ruta de los caídos, producto de una larga investigación, que desentierra los anales para contar el Vía Crucis de Alma (Giovanna Zacarías), quien acepta llevar a un grupo de mexicanos y chinos hacia la frontera americana en automóvil, y debe cruzar el Gran Desierto de Sonora, doce personas apretujadas en un Chrysler 1929, soportando calor e intensos fríos con la esperanza de alcanzar el desierto de Altar, atravesarlo y refugiarse en Baja California.

El guion, colaboración entre Springall, Munro y John Sayles (Estrella Solitaria), parte de estereotipos tales como el revolucionario amargado o el indígena alcohólico, pero los desarrolla y logra que el espectador capte la dimensión de sombra de cada uno de ellos. Sánchez (Juan Manuel Bernal) aparece en el papel de un jefe de policía, influido por el nazismo, furibundo y gratuito enemigo de los chinos; Joaquín Cosío se muestra estupendo en esa especie de chamán que conoce el desierto, un guía perdido en el alcoholismo que debe encontrar su camino.

Viaja también una familia mixta, en contra de la ley que prohibía el matrimonio de chinos con mexicanos; fue un acierto incluir al actor británico hongkonés Jason Tobin, que sabe de conflictos y choques étnicos, en el papel de Lee Wong; Dolores Heredia es una abuela en busca de sus nietos. Springall deriva un road picture naturalmente de la historia, sin estirarla para que quepa dentro de género. La puerta cerrada (“huis-clos”), el infierno con los otros, se vive tanto al interior del automóvil como en la inmensidad aplastante del paisaje. Habrá que esperar el documental del rodaje pues se adivina el agobio del equipo y de los actores.

El escritor Munro habla de un genocidio de chinos en México, qué vergüenza cuando en Hong Kong se vea la película. Habrá que consolarse con el gran protagonista de Sonora: el desierto y sus dunas, saguaros, cactus gigantescos, cardones, la fascinante flora.