El combate contra el cambio climático pareciera perdido ante las catástrofes ocasionadas por los eventos naturales extremos. Sin embargo, para Luis Alfonso de Alba, quien organiza la próxima Cumbre sobre la Acción Climática 2019 de la ONU, el problema es superable porque los países ya actúan en consecuencia y las empresas se están dando cuenta de que puede haber rentabilidad sin los combustibles fósiles. Incluso, dice, en Estados Unidos los gobiernos locales y las compañías asumen las acciones a las que se opone el presidente Donal Trump.
Nueva York.- Como enviado especial de la ONU para la Cumbre sobre la Acción Climática, el diplomático mexicano Luis Alfonso de Alba tiene la responsabilidad de coordinar los planes de los gobiernos del mundo para confrontar la mayor amenaza que la humanidad jamás haya experimentado para su supervivencia.
Sus esfuerzos, que además involucran a la sociedad, empresarios y representantes de los pueblos indígenas, suceden en un momento paradójico: nunca como ahora había existido mayor conciencia mundial sobre la amenaza del cambio climático, ni tampoco una realidad científica tan urgente había enfrentado tal resistencia.
Mientras varias especies de animales se extinguen y millones de personas son desplazadas por trastornos del clima, el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, se empeña en negar la existencia del cambio climático. No está solo: el de Brasil, Jair Bolsonaro, ha desmantelado numerosas políticas de protección ambiental de su país.
Ambos líderes reniegan del Acuerdo de París, concebido como una serie de compromisos voluntarios para evitar que la temperatura aumente más de 1.5 grados centígrados en este siglo, y que han mostrado ser insuficientes para lograr esta meta. La temperatura ya se ha elevado en 1.1 grados respecto de los niveles preindustriales.
Por ello, la ONU organiza para el lunes 23, durante la sesión plenaria de la Asamblea General, la Cumbre sobre la Acción Climática. El objetivo es que los líderes internacionales presenten planes más ambiciosos de los que ofrecieran en 2015 en París.
Proceso entrevista en su despacho en la sede de la ONU en Nueva York a De Alba, quien antes de ser enviado especial de las Naciones Unidas representó a México ante éste y otros organismos multilaterales.
–El Acuerdo de París es insuficiente para limitar el aumento de la temperatura global a 1.5 grados para finales de siglo e, incluso, muchas de las metas ni siquiera se han cumplido. Desde esa perspectiva, ¿el acuerdo fue un fracaso?
–El Acuerdo de París por supuesto que no es un fracaso. Es un marco que tiene una serie de plazos y procedimientos para irse trasladando, en realidad. Desde su concepción plantea que los Estados tienen que llegar con un nivel de compromiso y acciones que periódicamente se tienen que fortalecer.
“El Acuerdo de París no tiene una meta última, sino más bien es el inicio de un proceso que formalmente arranca el año entrante, en 2020, cuando se les pide a los Estados que las propuestas que presentaron en 2015 sean revisadas, evidentemente revisadas al alza. En ese sentido está funcionando. La inmensa mayoría de los países está en el proceso de realizar sus Contribuciones Nacionalmente Determinadas (CND).”
De Alba explica que actualmente el reto es doble porque se debe asegurar de que los países tengan la capacidad real para presentar las CND mejoradas, lo cual involucra áreas de gobierno, autoridades locales y a la sociedad.
“El segundo reto es que ya sabemos que lo que preveíamos que se tenía que hacer en 2015 es mucho menos de lo que se requiere hoy, según el informe del IPCC (Panel Intergubernamental sobre el Cambio Climático). Pero para evitar que el incremento de la temperatura rebase los 1.5 grados los países tienen que hacer ahora mucho más. Por eso llamamos la atención sobre la necesidad de ser más ambiciosos”, dice.
El enviado especial de la ONU considera que para que avancen esos planes “vamos a comprometer la ayuda de Naciones Unidas”. Para ese fortalecimiento, expone, el Programa de la ONU para el Desarrollo tiene más de 100 solicitudes de países que están pidiendo apoyo para mejorar sus CND, lo que significa distintas labores por países.
“Esas tareas requieren no sólo de un capital humano, sino financiero que se está organizando. Eso será uno de esos resultados de la cumbre: ofrecer un paquete de apoyo para que esos países puedan aumentar su nivel de ambición.”
Responsabilidad compartida
Cuando a De Alba se le pregunta si ha disminuido el nivel de ambición respecto de 2015, acepta que eso ha ocurrido en algunos países, “aunque afortunadamente en muy pocos, pero aún esos países, donde la voluntad política no es tan evidente o tan clara como lo era en el Acuerdo de París, se siguen movilizando. Los propios gobiernos centrales están haciendo algunas cosas, así como los gobiernos locales”.
Habla del caso de Estados Unidos y destaca que “es muy evidente” el trabajo que se está haciendo a nivel de gobernadores, a nivel de alcaldes, así como el sector privado y la sociedad civil en su conjunto. “Entonces, no podemos decir que esos países en donde hay alguna disminución en términos de esa voluntad política se estén quedando totalmente atrás”.
–Estados Unidos ha anunciado su intención de retirarse del Acuerdo de París. ¿Cómo ha afectado las posiciones de otras naciones?
–Es un hecho que Estados Unidos mantiene su intención de retirarse del Acuerdo de París, y eso es una mala noticia para nosotros, pero hay muchísimas cosas positivas que están pasando. La mayoría de los países no está esperando para actuar, sino que ve la gravedad del problema con mucha mayor claridad, así como la urgencia de la acción.
“Quizá lo más novedoso son las oportunidades. Hace unos años parecía muy costoso el esfuerzo para hacer frente al cambio climático y hoy cada día es más evidente que puede no ser tan costoso, que en muchos casos puede ser una oportunidad muy buena para hacer negocios, que hay nuevas tecnologías que se están desarrollando.
“Para dar un ejemplo concreto, la energía renovable, solar y eólica puede hoy ser una opción más barata que la de los combustibles fósiles en muchos países. Si aumentamos su uso y si invertimos en esas tecnologías, esa energía se va a abaratar todavía más y podrá ser más accesible en el mundo.”
–¿Cuál ha sido el mayor cambio respecto de las negociaciones del Acuerdo de París?
–Lo más alentador es que antes del Acuerdo de París había la impresión o el entendimiento de que un grupo de países tenía que hacer el mayor esfuerzo en términos de obligaciones, y que el resto del mundo podía contribuir a la solución de manera absolutamente voluntaria, sin ninguna obligación. Esa división era entre países desarrollados y el resto, los países en desarrollo.
“Hoy en día hay mucha más claridad de que todos, sin excepción, tienen algo que contribuir, y que deben contribuir a la solución, no nada más para la mitigación sino para la adaptación. Hoy en día está muy claro el papel que deben jugar países como China o India, por citar a dos de los grandes emisores. Estos países no han eludido su responsabilidad y eso es muy positivo.”
–El presidente de Brasil también cuestiona la lucha contra el cambio climático…
–Tengo la impresión de que van a seguir cooperando. Brasil no está entre los países que han anunciado compromisos concretos para esta cumbre, aunque el embajador apenas ayer me informó que podría yo recibir algo en los próximos días.
“El tema de los incendios en el Amazonas ha captado la atención de ese gobierno, y de otros países, por lo que se está buscando fortalecer la cooperación entre las naciones del Amazonas. Eso también explica un poco que esta comunicación del gobierno de Brasil pueda llegar en los próximos días y que no haya llegado antes.”
“Terrible” panorama
Poco más de 50 grandes empresas han anunciado que han alineado sus políticas y programas con las metas de la ONU para limitar sus emisiones contaminantes.
–¿Y el resto de las empresas en el mundo?
–El proceso va a continuar. No es una acción parcial; al contrario, creo que es una acción que está teniendo grandes efectos. Hay sectores completos que están revisando sus metas: cambios profundos que se pueden anunciar en la propia cumbre sobre lo que está haciendo la industria del transporte marítimo, por ejemplo, con algunas iniciativas de empresas que pueden ser muy significativas. Creo que el movimiento de las empresas no tiene todavía la escala que debería, pero el inicio del movimiento se ve muy claro.
–El capitalismo, con su meta de maximizar el retorno de la inversión de los accionistas, ¿es compatible con el combate al cambio climático, con la protección del medio ambiente?
–Toda empresa por definición busca el interés de sus inversionistas, su beneficio económico. La responsabilidad social de la empresa no es lo único que las va a mover a hacer lo correcto. Estas empresas se están moviendo no sólo porque quieren hacer lo correcto, sino porque están viendo los riesgos de no hacer lo correcto. Y están viendo también las oportunidades.
–Ha habido críticas contra algunos esquemas de la economía verde, como el de los bonos de carbono, que ponen un precio al medio ambiente. ¿Crear esos incentivos económicos es la única alternativa que tenemos para salvar la naturaleza?
–El tema de los offsets, de que un país pueda seguir emitiendo gases de efecto invernadero y compensarlos con otros mecanismos en otros países, es algo que se hace desde hace muchos años, porque es el principio con el cual se negoció el Protocolo de Kioto, pero yo creo que cada vez se utiliza menos porque se acaba esa división entre países en desarrollo y desarrollados. Ambos tienen que hacer contribuciones.
“En ese sentido, mecanismos para ponerle un impuesto al carbono pudieran ser mucho más justos. Hay varios países y varias ciudades que están avanzando para poner un impuesto al carbono y ojalá ese costo sea muy alto para que ese dinero que se recaba a través de las emisiones de carbono se use para fomentar tecnologías nuevas.”
–De seguir las tendencias actuales de contaminación, ¿cómo será la vida adulta de los ahora niños de clase media de México o Nueva York, por ejemplo?
–Sería terrible, no hay otra expresión para los efectos que estamos viendo hoy. Los huracanes y los fenómenos naturales mucho más frecuentes e intensos, como la desertificación o la degradación de la tierra, son el resultado de un incremento de apenas 1.1 grados en la temperatura.
“La tendencia actual nos puede llevar a un aumento de la temperatura de tres grados, por lo que no sólo las catástrofes naturales van a ser más severas, también habrá un aumento notable en el nivel del mar, lo que puede provocar que se pierdan espacios enormes de tierra. Pueden desaparecer países y ciudades enteras. Hay también fenómenos que se pueden agravar, como la migración.”
–Un estudio de la organización civil Public Citizen concluyó que 7% de los segmentos de los noticieros en televisión en Estados Unidos sobre el huracán Dorian, en Bahamas, vincularon este desastre con el cambio climático. ¿Qué ha faltado en los medios de comunicación, y cuánto poder aún tienen sus anunciantes, entre ellos la industria de los combustibles fósiles, para desviar el debate sobre el tema?
–Hay campañas que, sin duda, han ido contra el sentido de urgencia respecto del cambio climático, sobre todo para evitar la responsabilidad humana en estos fenómenos. Afortunadamente quienes niegan esta relación son cada día menos, y los que financian esas campañas son también cada día menos.
–¿Cuántos países espera que presenten programas de acción durante la Cumbre?
–Hemos hecho una selección de los países que tienen los mejores planes, los más ambiciosos. Esta no es una cumbre en la que van a poder participar o hablar todos los países. Tendremos cerca de 90 participaciones. l








