En su programa matutino este martes 3, la periodista Carmen Aristegui comentó que sor Juana sería sustituida en el billete de 200 pesos por Hidalgo y Morelos, y que su imagen pasaría ahora al de 100. Con este tema entrevistó a la actriz y hoy senadora Jesusa Rodríguez, quien ha escenificado en monólogo teatral el conocido Primero Sueño. Obra que el escritor e investigador Américo Larralde reveló como la descripción de un eclipse (El eclipse del sueño de sor Juana, FCE; 2012).
Jesusa recordó en aquel programa otro verso de sor Juana: Yo no estimo tesoros ni riquezas/ y así siempre me causa más contento/ poner riquezas en mi entendimiento/ que no mi entendimiento en las riquezas. De entrada, dijo además: “Yo no sé si a sor Juana le hubiera gustado estar en un billete”.
En una plaquette publicada por la delegación Tlalpan en 2004 ya se abordaba este tema, escrito a manera de corrido irregular, desparpajado y coloquial por Susana Cato, e ilustrado por la pintora Claudia Chapou. Es el siguiente.
Cuento Patrio
Estaban los héroes patrios
durmiendo su dulce sueño
en un fajo de billetes
que alguien robó a su dueño.
Cuando el ladrón cocinaba,
saltó harto chile piquín
de su muy rota cuchara
sobre el jugoso botín.
Y hete aquí qué sucedió…
Que sor Juana estornudó
separando su cachete
del muy gastado billete.
“¡Pero qué inmundo papel!
¿Qué hago yo pegada en él?”
–se preguntó la poetisa
despegándose con prisa–.
Cuauhtémoc revivió igual:
No entendió ser de a Cincuenta
cuando un hombre como él
vale más que cualquier venta.
“No es justo” –clamó Zapata–
“que unos carezcan de él
y otros, de cabeza a pata,
vistan siempre de oropel”.
Se enojaron con la Historia
Niños Héroes y Morelos,
pues no estaban en la Gloria
sino en burdos monederos.
Y el señor Nezahualcóyotl
puso cara de dilema,
pues no fue al dinerótl
al que le escribió un poema.
Dolió a la Corregidora
estar entre moneditas;
cuando a la raza, ahora,
la aquejaban tantas cuitas.
“¿Yo soy Cien y tú eres Mil?”,
se preguntaban a coro;
y ofendido su decoro
se enfrentaron a lo vil.
Como héroes se animaron,
la revolución armaron.
“Mejor no valgamos nada,
¡vámonos a La Tiznada!”
En billetes enrollados,
como momias de Turquía,
se escaparon muy callados.
¡Que no los vieran de día!
Y al llegar a La Tiznada
–aquella barranca oscura–
se aventaron en cascada
todos ellos, ¡hasta el cura!
Desde entonces, del dinero
nunca nadie supo nada;
porque no se supo (espero)
dónde queda La Tiznada.
Este cuento ha terminado,
a ver quién duerme primero…
En Cero hemos apostado.
¡Ya nadie tiene dinero! l








