En Hollywood”

Un par de tomas sintetizan el manifiesto poético de Quentin Tarantino en Había una vez en Hollywood (Once Upon A time…in Hollywood; E.U., 2019), cuando Cliff Booth (Brad Pitt), el doble en las escenas de acción de Rick Dalton (Leonardo DiCaprio), regresa de noche a su casa: Portadas de historietas (Sargent Fury, Kid Colt), pósters de películas, novelas de vaqueros, marcas inventadas de cigarros y cervezas, todo un tianguis de cultura popular donde se mezclan realidad y ficción. Además de una carta de amor al cine, cada película de Tarantino es mera “pulp fiction”, y ahí se vale todo.

Termina la década de los sesenta en Los Ángeles, Hollywood se haya aún en su apogeo, a lo largo de las tres historias principales se acumulan cameos de actores y personalidades claves de la época, marquesinas de estrenos, películas del momento, en la fiesta de Playboy el grupo de Mamas and the Papas canta; son ojeadas de segundos sazonadas con música pop de entonces, la costosa producción, la mayor en el presupuesto normal del director de Kill Bill se gasta en instantes efímeros para producir la sensación que habría tenido cualquiera que caminara por ahí.

El corazón de ese Hollywood tarantinesco marca la cuenta regresiva de los asesinatos de Sharon Tate que se cometerán en agosto de 1969, pero Tarantino cuenta el suceso de manera tangencial, perfiere centrarse en el drama de Rick Dalton, actor famoso de westerns de televisión, ahora en plena decadencia, que sobrevive haciendo papeles de villano como invitado de otras estrellas en programas de tele; lo acompaña Cliff, su mejor amigo y doble en las escenas de acción, ambos personajes ficticios que condensan a varios de la vida real extraídos de la enciclopedia mental del director. La nostalgia y el imaginario del director se alimentan con datos históricos o inventados, y todo lo convierte en fetiche.

Sharon Tate (la australiana Margot Robbie) y Roman Polanski (Rafael Zawierucha) son la pareja candente del momento, derrochan vida y glamour, y con mucha envidia, Steve McQueen (Damian Lewis) cuenta el chisme de la pareja, y de un posible trio; viven en Cielo Drive. Una mañana Charles Manson se acerca a preguntar quién vive ahí, el diablo espía el cielo. Son vecinos de Rick Dalton, quien desde su mansión los ve pasar en su coche deportivo.

El lenguaje meta-cinematográfico de Quentin Tarantino se construye a base de condensaciones, personajes o situaciones que, como en los sueños o como en las películas de David Lynch, reales o invitados de otras ficciones, proponen nuevas realidades; la estructura la rige la contigüidad, vecindades como la de insertar a DiCaprior en la secuencia de una película de Steve McQueen, que sirvan para algo los efectos especiales modernos.

Tal lingüística le permite a Tarantino imaginar escenas como la de la matinée de Sharon en un cine, en pleno regocijo de verse a sí misma en su última película (The Recking Crew, con Dean Martin y Elke Sommer); o a Bruce Lee (Mike Moh, la mejor imitación de la leyenda del kung fu), en la locación del Avispón Verde, dándose un entre con Brad Pitt; escena desquiciada, y sin embargo Bruce sí le dio clases de kung fu a Sharon Stone y a Polanski en la vida real.