“Tras candilejas”, ópera para niños

En el fastuoso Teatro San Benito Abad, allende la zona norte de la Ciudad de México, se presentó Tras candilejas, una adaptación para niños de la ópera El barbero de Sevilla (1816) de Rossini (1792–1868).

La producción corrió a cargo de Ragnar Conde, que ya es sinónimo de calidad y profesa desde hace tiempo un apego incondicional a la ópera. La adaptación de esta ópera comienza con la traducción al español del complicado libreto original de Cesare Sterbini, basado en la obra de Pierre-Augustin de Beaumarchais. Además, los personajes son interpretados por títeres en un nada pequeño teatrino, y la música de acompañamiento corre a cargo del pianista Rogelio Bonillla.

Oscuro total, la obra va a comenzar: “¡Hola! ¿Hay alguien ahí? ¡Hola…! Creo que estoy solo…”, exclama un ajolote llamado Tras Candilejas, quien busca a su madre tratando de no alejarse mucho de su pecera. Comienza un diálogo al principio no muy amistoso con Don Aguilardo Severino del Ala Ancha, un águila real, guardián del teatro. Todos los títeres que veremos durante corresponden a animales en peligro de extinción. El ajolote, Tras candilejas y Don Aguilardo no son parte de El barbero de Sevilla; son, digamos, presentadores.

Comienza la ópera y Fígaro, el barbero, es una abeja; el barítono que canta (Vladimir Rueda), debe además manejar el títere de la abejita, lo cual le añade una dificultad adicional a la de por sí dificilísima obra. Siempre hemos opinado que las obras de Rossini deben ejecutarse a 432 Hertz, la frecuencia en que las concibió el autor y no en la cada vez más alta afinación actual de 440 o más; eso las haría mucho más cantables, más accesibles.

Rápidamente se une a la escena el Conde Almaviva, que en esta producción es un jaguar, quien para no ser reconocido por Rosina como un noble, se disfraza de gato doméstico (este tenoril personaje fue interpretado por Ricardo Castrejón). El jaguar está enamorado de Rosina, una quetzal que vive en una jaula dentro de la mansión del viejo Bártolo (Rosina fue interpretada por la mezzosoprano Julieta Beas y sin duda, quien mejor cantó de todo el elenco). Don Bártolo, el tutor, es un tapir manejado por la actriz Ilsee Morfín y la voz cantada es la de Marco Antonio Talavera, que también prestó su voz canora a Don Basilio, el profesor de música (un buitre) y su voz hablada a don Aguilardo. El maestro Talavera resolvió valientemente sus partes cantadas, pese a estar un poco agripado, ronco; sin embargo, la técnica vocal le permitió salir airoso del compromiso.

Los papeles secundarios de Berta, Fiorelo, guardias y el coro fueron suprimidos en pro de la brevedad de la representación que duró escasamente una hora. El resultado final, de lo más gozoso. Huelga decir que este proyecto es un eficiente esfuerzo de llevar a cabo un primer acercamiento de los niños a la ópera y el teatro cantado. Seguirán otros capítulos de esta singular historia a cargo del ajolote Tras Candilejas y su amigo Don Aguilardo; el capítulo dos, El teléfono y la voz humana, luego: Amour a París, Bitches Witches & Boys y otros muchos títulos.

El Teatro San Benito Abad se localiza al norte de la zona metropolitana, en Lago de Guadalupe, Cuautitlán Izcalli, Estado de México, y ofrece una amplia variedad de espectáculos artísticos ahí donde no hay muchas instalaciones culturales.